domingo, 29 de junio de 2008

A polis y ladrones - El mirón (VI)

Primera parte

El policía que me enseñó la web y me volvió a tomar declaración fue el agente Santiago, al que poco tiempo después habría de llamar Santi, y apodado por mí antes de conocer su nombre, el sonrisas. No sabía por qué, pero, desde el día que él y su compañero estuvieron en mi casa, cuando yo hice aquella declaración tan penosa y a él se le escapó media sonrisa, se me había quedado una espinita clavada y deseaba tener la oportunidad de volverlo a ver sólo para demostrarle que no estaba loca, o al menos, no tanto.

Mientras me enseñaba la página de internet se sentó a mi lado y su olor me recordó al sauvignon blanc, un vino muy controvertido que, o bien uno lo detesta porque le huele a pis de gato, o bien te encanta como a mí, que me huele intensamente a piel. Mi conversación con él fue de lo más normal y del todo profesional por su parte, pero, desde que Santiago me entró por la nariz, ya no lo pude sacar de mi cabeza.

Los días siguientes, excitada por el éxito de mi primera colaboración con la policía y por la perspectiva de volver a ver a Santiago, no dejaba de pensar que tenía que seguir haciendo averiguaciones sobre el caso del mirón aprovechando mi privilegiada situación de vecina. Pero no sabía por dónde empezar. Y un día, mientras fregaba los platos y miraba hacia la ventana desde donde la intimidad de los vecinos había sido robada, se me ocurrió que quizá si conseguía entrar en su habitación podría descubrir algo. Empecé a pensar que, para entrar, podría hacerme pasar por comercial de Timofónica, o revisora del gas, o instaladora de adsl, o fumigadora de cucarachas, aunque no acababa de ver yo clara ninguna de estas opciones.

Una noche, oigo música del Bisbal a todo trapo, e impelida hacia la ventana para ver de dónde viene, veo que en el piso del fallecido tienen las ventanas de par en par y se ve a multitud de jovenzuelos en una fiestaza del copón. Al parecer, el período de duelo por el homicidio de su compañero había pasado, o debían pensar aquello de que el muerto al hoyo y el vivo al bollo. En cualquier caso, me dije que a la ocasión la pintan calva y que no podía desperdiciar aquella oportunidad. En aquel momento me alegré de mi aspecto juvenil y de que siempre me echen diez años menos de los que tengo. Rebusqué en el armario y encontré un top que se había dejado mi sobrina en casa, que decía “Do you wanna be my lover?”, me puse una mini-minifalda tejana que sólo me atrevía a ponerme para ir a la playa, me hice dos coletas, y rematé con unos zapatos rojos de tacón, y cuando me miré al espejo, me pareció que tenía suficiente aspecto de lolita y recé por que en aquella fiesta no hubiera ningún alumno mío. Cogí unas cervezas, las metí en una bolsa y salí de casa. Afortunadamente, cuando llegué al portal, había un grupo de chicos que ya venían entonados y que indudablemente iban a la fiesta, y, entre risas y tonterías, subí con ellos y acabé colándome en el piso.

Lo que pasó en la fiesta, el miércoles...

jueves, 19 de junio de 2008

A polis y ladrones - El mirón (V)

Así que, me llevé el hallazgo prueba de mi cordura a casa, pensé en limpiarlo un poquito, porque tenía churretones malolientes de vete a saber tú qué se le había enganchado en el contenedor, pero en ese momento me asaltó una visión de Grissom y caí en la cuenta de que podría eliminar huellas, fibras, cabellos, sangre, restos biológicos o cualquier microscópica partícula animal, vegetal o mineral que pudiera o pudiese resultar clave para el caso. Conque, me enfundé los guantes rosa de fregar los platos y lo examiné cuidadosamente. Estaba roto, pero se veía que era un periscopio muy sofisticado con cámara y todo. En mi época la mayoría de estudiantes éramos más pobres que una rata, pero hoy en día, cualquier renacuajillo de ocho años tiene una PDA y va de su casa al cole guiándose del GPS. Me reí para mis adentros pensando en la cara que me iba a poner el policía risitas.

Al día siguiente, me llevé a Ana envuelta en una bolsa de basura al trabajo, y la dejé en un rinconcillo de la sala de profesores, sabiendo que una porquería más por allí en medio no iba a llamar la más mínima atención, y al acabar las clases me dirigí a la comisaría. Mientras me acercaba a la puerta, me espanté al ver la cola que se perdía en el infinito y más allá, dándole la vuelta a la manzana. Al llegar a la puerta vi que, de hecho, había tres colas: la interminable, que salía del lado izquierdo de la puerta; otra también larga, aunque no tanto, que salía del lado derecho; y una tercera, la más corta de las tres, enfrente de la puerta. Así que, ni corta ni perezosa, me acerqué al policía que hacía de portero y le pregunté:

- Yo es que vengo a traer la prueba de un crimen, ¿tengo que hacer cola?
-Por supuesto señorita. ¿Usted es extracomunitaria, comunitaria no nacional o nacional?
- ¿...nacional....?- no lo afirmé muy convencida, tuve que pensarme por un instante qué era yo...
- Tenga usted - y me tendió un número como el que te dan en la pescadería.

Afortunadamente, me tocó la cola más corta. Nunca en mi vida me había alegrado tanto de no ser extracomunitaria. Al poco rato entré y me pasaron con un agente que me tomó una breve declaración y me dijo que analizarían el objeto y ya me dirían algo. No vi al sonrisas y mi declaración pasó sin pena ni gloria.

Al cabo de unos días me llamaron de la policía para que acudiera a la comisaría. Y cuando fui, yo ya noté de entrada que se me trataba con un cierto respeto y credibilidad. Hasta me preguntaron si quería un café de la máquina mientras esperaba. Me enseñaron una página web en la que nuestro amigo de Cardona había colgado vídeos de casi todos los vecinos, probablemente grabados con el periscopio-anaconda, donde los visitantes votaban el que más le gustaba: en un video salía yo, fregando los platos mientras cantaba, aunque afortunadamente no se oía la voz; en el piso de nuestro presidente, un hombre desconocido, enmascarado con cuero y asiendo un látigo en la mano, bajaba la persiana del comedor; a Paco se le veía mirando un partido del Barça ataviado con el chándal oficial de la selección española, en la postura meditativa del loto y con un vaso de cola-cao al lado; a los Serrano se les veía en la ducha procreando, o simplemente fornicando, las imágenes no despejan esta duda; a Patricia se le ve en paños menores delante de un espejo de cuerpo entero decidiendo si combina una falda de Prafa con una camiseta Dolze Gapana o viceversa; el señor Mateu sale en el piso de sus inquilinos, subido a una silla, dejando la lámpara de ocho brazos del comedor con una sola bombilla, en gesto ostensiblemente ahorrativo, y seguidamente la cámara recoge a Doña Urraca abriendo la caja fuerte con apertura de cámara acorazada introduciendo un fajo de billetes; en el piso maldito se apreciaba una sombra con perfil humano subiendo la persiana; en casa de los Riba, se ve a la abuela haciendo sus necesidades y después a su hija limpiándole, este era el video más visto y también el más votado, seguido del de los Serrano. Y los menos votados, el de Paco y el mío, aunque, tengo que admitir que hasta Paco haciendo el loto delante de la tele y bebiendo cola-cao había recibido más votos que yo. Y eso me dolió. Es como cuando pasas por delante de una obra, si los obreros te dicen procacidades te parecen unos cerdos, pero si no te dicen ni mu, te baja la autoestima. A mí no me hace gracia que me saquen en internet sin mi consentimiento, pero haber despertado tan poca expectación en el ranking, me hiere el amor propio. Me sorprendió que no hubiera ningún vídeo de la violinista, y pensé que, una vez más, se confirmaba que era la más lista de todos y se resguardaba de miradas indiscretas.

Continuará, el lunes que viene...

domingo, 15 de junio de 2008

Realidad y ficción

Al hilo de la historia que ahora ocupa el blog, no me puedo resistir a ofreceros un impagable documento sociológico-vecinal sobre el caso del que os hablé hace unos días, el de una serpiente y sus crías que se han instalado cómodamente en un edificio de Motril del que no hay manera de echarlas. He colgado el video en el Youtube porque era muy grande para el blog.

Pinchad aquí para verlo.

El lunes del que hablan en el video es mañana, a ver si nos enteramos de cómo acaba la historia.

(Por cierto, yo desde el Mozilla lo veo perfectamente,
pero desde el Explorer se corta.)

El siguiente capítulo de “El mirón”, el miércoles.

domingo, 8 de junio de 2008

A polis y ladrones -El mirón (IV)

Mientras contemplaba a mis convecinos manifestar en público sus más superficiales pensamientos, opiniones más prejuiciosas y valoraciones menos razonables, me pregunté para mis adentros si sería posible que el homicida fuera uno de ellos, así como si un criminal puede ser más tonto que una alpargata o tiene que ser por fuerza un ser inteligentísimo como Aníbal Lecter. Y aún me asaltó un tercer dilema: ¿qué tipo de persona se supone que alberga el alma de un asesino...? Al no ser capaz mi intelecto de responder a ninguna de mis tres dudas existenciales, decidí voluntariamente desconectar mis neuronas para no cansarme mucho y continué contemplando el espectáculo como quien mira la tele para olvidar sus penas.

Al día siguiente, dos agentes de las fuerzas del orden público, debidamente uniformados, se personaron en mi domicilio habitual, inquiriéndome si podía aportar datos a la investigación. Aquel era mi momento de gloria, porque estaba segura de que el asunto de la anaconda tenía que ver con el asesinato del chico de Cardona. Yo ya me había imaginado a mí misma declarando hasta delante del juez, como el testimonio de excepción que había dado la información clave para dilucidar el caso, incluso había soñado que, en agradecimiento a mi inestimable colaboración, le habían puesto mi nombre a una plaza que habían construido encima de un párking, por cierto, la plaza un poco fea, sin un solo arbolillo ni triste parterre con florecillas o césped, nada, de cemento puro y duro, que si van los niños allí a jugar se desuellan vivos las rodillas, pero no me voy a poner quisquillosa, tampoco voy a exigir que le pongan mi nombre a algo así como el Parque Güell . Sin embargo, en vez de mi soñada actuación estelar, me estrellé con todo el equipo.

En cuanto empecé a explicarle a los agentes lo de la anaconda y apercibí su fruncimiento de cejo de incredulidad, me di cuenta de mi craso error, y de que en estos tiempos que corren, ser profesor no es garantía de cordura, sino de todo lo contrario, así que, quise arreglarlo y explicarlo de otra forma más verosímil y entonces dije que yo llamaba Ana a la anaconda y que creía que en realidad era un artefacto que me grababa mientras fregaba los platos para vete tú a saber si colgarlo en alguna página de esas guarrillas. A uno de los agentes se le escapó una sonrisilla. No me dejaron acabar, me dieron las gracias cortésmente e hicieron mutis por el foro. El hecho de que hubiera una botella de vino abierta en la mesa del salón tampoco ayudó mucho a mi credibilidad.

No sólo sentí vergüenza propia, sino también vergüenza ajena desde el superyó freudiano, ridícula al cuadrado. Mira que he leído yo novelas de Agatha Christie, y será que no he visto veces los capítulos de Colombo y Se ha escrito un crimen, en castellano y en catalán, y como producto nacional, El Comisario, para que cuando tengo una oportunidad de participar en un caso real, acabar haciendo una declaración tan sumamente patética. Con lo bien que me salen los discursos cuando los pienso, lo torpe que soy luego cuando los digo.

Los días siguientes, hice pagar mi frustración a mis alumnos poniéndoles ejercicios sobre los phrasal verbs hasta la repugnancia.

Unos días más tarde, fui a bajar la basura, y al apretar con el pie el pedal para que se abriera la tapa del contenedor, vi que, de entre las basuras, emergía algo que se parecía a Ana. Como no era lo que esperaba encontrar en ese momento ni lugar, me asusté y dejé ir el pedal, con lo que la tapa se volvió a cerrar. Y haciendo caso omiso de la sabiduría popular que sentencia que la curiosidad mató al gato, volví a apretar el pedal lentamente, y pude constatar que efectivamente era mi Ana y también que no me iba a morder. Tenía que sacarla de allí, aquello era la prueba de mi cordura. Aunque claro, la operación era bastante complicada dada mi poca estatura, alargando el brazo simplemente no llegaba, así que, coloqué la bolsa de basura sobre la barra que hacía de pedal para que aguantara la tapa abierta y de un brinco me subí apoyando el estómago en el borde del contenedor. Mientras me agarraba con la mano derecha al contenedor, el brazo izquierdo se alargaba para alcanzar a Ana, rogando que no se me cayera la tapa encima. Cuando la hube asido, salté de nuevo a tierra firme. Aunque estaba roto, cuando lo saqué vi perfectamente lo que era, un periscopio, y visto desde lejos podría parecer una serpiente. Ajá, me dije, se va tragar su sonrisilla el madero ese... Cuando volví a entrar en el portal, ufana de mi hallazgo, me di cuenta de que la luz del portal estaba encendida... Qué raro, pensé, si no había visto que entrara ni saliera nadie durante aquel rato...

Continuará, la semana que viene...

domingo, 1 de junio de 2008

A polis y ladrones - El mirón (III)


Yo ya me había dado cuenta, a medida que me acercaba, que había coches en triple fila y un gentío en la entrada del portal de al lado que no era nada normal. Menos mal que la Paqui me avistó a tiempo y me informó de lo que había acontecido. Al parecer, el chico de Cardona había bajado durante la noche, por motivos que se desconocen, al portal, se presume que sólo por un momento, pues lo encontraron en zapatillas y ropa de andar por casa, y allí lo degollaron de manera bastante torpe ya que el asesino, seguramente neófito, hizo una escabechina con su cuello porque no lo conseguía matar con un cuchillo grande pero poco afilado, según palabras oídas por la Paqui entre el forense y el juez cuando después del levantamiento del cadáver se fueron a tomar un carajillo a su bar y ella se puso a barrer distraídamente alrededor de ellos. Quien encontró al finado fue el señor Mateu, cuando a las cinco de la mañana pasó por delante del portal contiguo de camino al tren, que aunque no tiene que estar en el arzobispado hasta las 8, como coge la Renfe, se va 3 horas antes porque no se permitiría a sí mismo por nada del mundo llegar tarde a su trabajo pues, a quien madruga, Dios le ayuda.

Cuando me hubo revelado los pormenores del caso, decidimos acercarnos y hacer lo que hace la gente normal allí donde ha ocurrido una desgracia, que es ir a fisgonear. Entre la muchedumbre, vimos varias cámaras de televisión y periodistas que recogían el testimonio de los vecinos. Mientras Doña Urraca, con su atuendo habitual de los últimos veinte años que emanaba alcanfor en un kilómetro a la redonda, se lamentaba ante las cámaras de “Está ocurriendo que qué vergüenza, que aquello iba a dar mala fama al barrio, que qué iban a decir de ellos en toda España y parte del extranjero, y que Dios tenía que castigar a quien hubiera cometido aquel crimen, que tenía que ser por fuerza ateo o moro, “El látigos” afirmaba categóricamente a “España en vivo” que había que actuar con contundencia, que tendría que caer todo el peso de la ley sobre el culpable, y que en este país era necesario un endurecimiento de las penas, aunque interrogado por la periodista sobre la pena de muerte, él contestó que a tal extremo él no llegaba nunca. El niño de los Riba, que llegaba del cole y venía con la mochila a la espalda, se había puesto detrás de nuestro presidente haciendo muecas y gestos obscenos a la cámara y su hermana, tapándose los hierros de la boca con una mano para que no salieran por la tele, tiraba del brazo de su hermano con la otra. El reportero de TV3 fue a la zaga de la violinista cuando ésta se disponía a entrar en nuestro portal, pero se lo quitó de encima arguyendo que tenía prisa, que la estaba esperando un alumno, y encontró el testimonio de Patricia, que lloraba desconsoladamente asegurando que el dramático suceso le había quitado las ganas de irse a su nuevo piso, bajo la mirada despavorida de su madre. Paco, con pantalón y camisa de lino, totalmente de blanco, desprendiendo calma y espiritualidad, atendió al reportero de “El programa de Mari Pili”, y a la pregunta de si sabía si existía alguna relación sentimental entre la víctima y sus compañeras de piso, y si creía que podría tratarse de un crimen pasional, él respondió: “Como diría Confucio, saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe, he aquí el verdadero saber”. Y ajenos a todo, Nuria y Miquel, “los Serrano”, llegaban con su bebé en el carrito, volvían de ir a buscar los papeles para adoptar una niña china y venían hablando animadamente de ello, sin enterarse de nada de lo que pasaba, ni falta que les hacía, tan felices ellos.

Continuará la semana que viene, con el primer encuentro con la policía y Laura metiéndose de lleno en el ajo...

domingo, 25 de mayo de 2008

A polis y ladrones - El mirón (II)


Parte II

En el sexto tercera vive la violinista, que toca en la orquesta sinfónica de la ciudad y da clases particulares en casa, cuya voz melosa y música celestial con la que deleita al vecindario contrastan con su aspecto físico, pues es bajita, regordeta, contrahecha y de ojos saltones, pero llamadla tonta, que durante las clases particulares se oyen también otro tipo de sonidos jadeantes y entrecortados, y no sólo realiza duetos, también tercetos. Lo que no se sabe es si es una manera de sacarse un sobresueldo, que la vida está muy mala, o lo hace por amor al arte y para el simple disfrute de su cuerpo serrano, pues este comentario oído una calurosa tarde de verano de ventanas de par en par, deduzco que pronunciado a un par de novatos, no me saca de dudas: “yo a vuestra edad ya me había tirado a toda la orquesta”.

En el cuarto cuarta vive Paco, un excompañero del colegio, apuntado de pequeño por sus padres a taekwondo para que se desahogara dando patadas en otro sitios y a otras personas fuera de su propio hogar, caso perdido para sus progenitores y para la institución escolar, que tras alguna que otra breve visita a las dependencias policiales antes incuso de su mayoría de edad por meterse en líos de baja intensidad, acabó encontrando su camino en el taichí durante su estancia en un centro de desintoxicación de drogas, y hoy en día es una persona de provecho y profesor de taichí en un centro de terapias alternativas, al que yo misma asisto, y te habla del yin, del yang y de taoísmo con su deje de macarrilla. Allí mismo se imparte pilates y biopilates, danza del vientre, salsaterapia, yoga y yoga extremo, reiki , terapia Gestalt y disponen de consulta astrológica y venta de piedras con propiedades curativas. Vivía con su compañera sentimental, profesora de pilates del mismo centro, a la que se la tragó la tierra unas semanas antes del asesinato sin despedirse ni del trabajo. A decir de él, ella lo había dejado y se había ido a otra ciudad.

Los Riba son una familia de lo más típico y entrañable, formada por padre apocado, madre histérica, niño hiperactivo, niña retraída y con hierros en la boca, abuela con Alzheimer que grita por las noches y a la que atan a la silla de ruedas durante el día para que no se escape, abuelo con demencia senil postrado en la cama, perro, tortuga y dos periquitos, todos ellos en un piso de 70 metros cuadrados, y que por algún misterio en los entresijos inescrutables del estado del bienestar no tienen prioridad en la asignación de plaza en las residencias públicas de ancianos, ya que la diligente asistente social ha hecho constar en el informe que “si el abuelo quisiera se levantaría de la cama y si la abuela quisiera se estaría sentada y no gritaría”

A los del segundo tercera les llaman “los Serrano”, y son una nueva familia típica. Miquel y Nuria están divorciados de sus anteriores parejas y cada uno tiene dos hijos. Según las semanas, como tienen la custodia compartida, son más o menos en el piso, dependiendo de si a los niños les toca estar con ellos o con sus otros padres. Hace poco, han tenido una niña fruto de su mutuo amor. Ahora están pensando adoptar una niña china.

En el sexto cuarta vive una treintañera profesora de inglés de un instituto público de secundaria, que aunque habita bajo los pies de “el látigos” y pared con pared con la violinista casquivana, no deja perturbar su espíritu ni su firme decisión de llevar una vida contemplativa respecto a los hombres, harta de buscarse siempre los que no le convienen, aunque alberga la esperanza de encontrar al hombre de su vida algún día. Adicta a las terapias espirituales y a las bebidas espirituosas, asidua a exposiciones de arte y películas iranís en versión original así como a tiendas de ropa mona y zapaterías, fan de libros de autoayuda y de historias de misterio. Incomprensible para sí misma y que se siente incomprendida por el mundo... Coño, si esta soy yo.

La semana que viene empieza la acción con las pesquisas de Laura en el caso del asesinato del mirón...

domingo, 18 de mayo de 2008

A polis y ladrones - El mirón (II)
Parte I

Antes de proseguir con la historia, creo necesario poner en antecedentes a los lectores sobre los vecinos que habitan la finca. Como los implicados en el caso que nos ocupa son los que dan al patio interior, los de las puertas tercera y cuarta, sólo hablaré de ellos.

El sempiterno presidente de la comunidad, del séptimo cuarta, es un señor muy serio y respetable que vive solo, siempre impecablemente trajeado, justo y competente en sus opiniones y actuaciones como presidente, alias "El látigos", por sus gustos sexuales de los que yo misma soy testigo auditivo, que vivo debajo, de quejidos e improperios siempre de voces masculinas. Sin embargo, en las reuniones vecinales nadie osa en su presencia hacer el mínimo comentario, ni sonrisilla, ni miradita de complicidad entre vecinos cuando por ejemplo, refiriéndose a los obreros que estaban arreglando la fachada, decía “hay que ser inflexibles”, porque es un mandamás de Hacienda, y con el dinero no se hacen bromas.

El señor Mateu, del tercero tercera, está jubilado aunque va todos los días a Barcelona a trabajar al Arzobispado, donde se encarga de la maquetación de la hoja dominical, gracias a los conocimientos adquiridos en un cursillo de Quark express para jubilados que realizó en el centro cívico del barrio, y aunque tiene parálisis del brazo izquierdo de resultas de una embolia, con la mano derecha maneja a la vez el ratón y el teclado con una habilidad pasmosa. Esta tarea la realiza motu proprio y sin remuneración alguna por los servicios prestados, sólo por la fe en la salvación de su alma, porque al parecer, el primer día que fue le dijeron “Dios te lo pagará”, y eso, en el seno de la iglesia católica, va a misa. Su señora esposa es la mismísima Doña Urraca de los tebeos hecha carne y huesos.

Tuvieron un hijo que voló del nido familiar en cuanto tuvo uso de razón y la edad de emanciparse, y se fue a vivir a Gerona, al que no se le ha vuelto a ver el pelo nunca más, y eso que ellos le habían comprado un piso en la misma finca. Dicho piso, el primero tercera, lo tienen alquilado, y en aquella época allí vivían: una familia de rumanos, padre, madre e hija, que ocupaban una habitación; dos mujeres ecuatorianas empleadas del hogar que compartían habitación y cama, y a decir del vulgo, no eran pareja sino que sus exiguos ingresos no les permitían más; y en la tercera habitación, un catalán prejubilado con la pensión de invalidez y recién divorciado a los cincuenta. Cada uno de ellos con un candado en la puerta de su habitación. Los dueños de la casa, que no sólo desean la salvación de sus propias almas sino también la del prójimo, convencidos de que sólo una vida parca, sencilla y alejada de frivolidades abre las puertas al reino de los cielos, mantienen el piso de origen y sin ningún detalle que pueda suponer el menor atisbo de confort, de manera que los inquilinos han de superar diariamente pruebas de austeridad cristiana que fortalezcan su espíritu.

En el octavo tercera vive la familia Vilajosana, catalanes de pura cepa, y en el octavo cuarta los Sánchez, que también lo son. A sus hijos, Pere y Patricia, que viven con sus respectivas familias, se les conoce como “los amantes de Teruel”. Ambos enamorados, de tan sólo 38 añitos, protagonizan una bonita y acaramelada historia de amor que se fraguó en su más tierna infancia, y que ha durado hasta nuestros días, sin perjuicio de algunos breves períodos de paréntesis por infidelidades y disputas varias de jovenzuelos. Hace 8 años que se compraron un piso de protección oficial, que les tocó por sorpresa sin saber ni ellos mismos que optaban a uno porque quienes presentaron la solicitud en su nombre fueron los padres. Pero, esas cosas que pasan, que te pones a cambiar los pomos de las puertas y acabas cambiando el suelo tres veces y los armarios de la cocina dos porque, cuando lo han acabado de poner, ya no se lleva ese estilo y no tienes bemoles de irte a vivir si no está todo como mandan los cánones de la moda. Él es Project manager en HG y ella médico cirujano en la Péknon, y aprovechan los fines de semana para irse de compras a Nueva York, mientras sus mamás les preparan el bocadillo para el lunes. Hace poco, tomando café en mi casa, Patricia me confesó que últimamente estaba un tanto inquieta por la poca prisa que veía en Pere en trasladarse a su nidito de amor. ¿Crees que ya no me quiere, Laura?- me inquirió.

El décimo tercera es el piso maldito. Cuentan los que habitan el edificio desde los inmemorables 70 en los que reinaba la ropa de pana, que aquel piso quedó maldito tras un trágico y sangriento suceso sobre el que se corrió el más tupido de los velos y del que no osan ni hablar. Tras el infame hecho, el piso fue puesto a la venta y comprado por un anónimo que nunca se ha dado a conocer y el susodicho lleva veinte años cerrado. Sin embargo, los vecinos colindantes aseguran que de tanto en tanto se oyen ruidos y movimiento en su interior, y las persianas aparecen ora subidas, ora bajadas. A mí me explicó la Paqui lo acaecido allí, pero juré no contarlo... a no ser claro, que algún día ocurra algún hecho que haga necesario sacarlo a la luz...

Continuará el lunes, con el resto de los vecinos...

lunes, 12 de mayo de 2008

A polis y ladrones - El mirón (I)

El día que firmé la hipoteca de mi piso, además de la certeza de que me unía en la riqueza y en pobreza y en la salud y en la enfermedad al Euríbor, también tuve el presentimiento de que mi vida estaba a punto de cambiar.

Tras varios años trabajando en Francia, Inglaterra e Irlanda como traductora y profesora de español, después de romper con John, sentí que mi tiempo en Londres se había acabado y que necesitaba volver a casa, y eso no significaba sólo con mi familia, sino a mi barrio, mi ciudad, mi país.

Así que, me compré el piso en Sabadell, en mi barrio de toda la vida, que bonito no se puede decir que sea, pero si un día me marché de allí porque se me había hecho pequeño y necesitaba conocer mundo, ahora volvía porque echaba de menos su humanidad. Se construyó casi entero en los años 70, con prisas y a pedazos, y si antes acogió a andaluces, murcianos y extremeños, ahora acoge a rumanos, sudamericanos y árabes. Es significativo que el barrio se llame “La concordia”. Yo creo que los nombres van ligados al destino de las cosas, así que, habría que pensárselo mejor antes de ponerle el nombre a una calle, y lo digo con conocimiento de causa, que en Francia viví en una rue des fusillés, y a los dos meses tuve que salir de allí por patas.

Mi edificio, como el barrio, es muy heterogéneo, y como tiene 11 plantas, necesariamente tiene que haber todo tipo de especímenes humanos. Junto al portal está el ”Bar Los pajaritos”, al que hace poco han puesto el cartel bilingüe añadiéndole “Bar Els ocellets”, inefable bar de maromos, de carajillos por la mañana y fútbol el fin de semana, donde me tomo el café antes de ir a trabajar, y donde también la Paqui, la mujer del Ciscu, me pone al corriente de los cotilleos del barrio. A través de ella también me he enterado de los chismes que corren sobre mi persona. A saber, se rumorea que mi última ruptura sentimental me había dejado destrozada y me había vuelto lesbiana, única explicación posible a que no me hubieran vuelto a ver con ningún otro hombre desde hacía casi un año. Efectivamente, había estado liada con un profesor de gimnasia, casado y a la sazón director de un instituto de Rubí donde había trabajado, que me había roto el corazón, pero, quién le manda a una meterse en camisas de once varas... Y aunque a veces me pregunte a mí misma por qué, lo que me gustan son los hombres. En agradecimiento, yo también le contaba a la Paqui si alguien se quejaba del café o de las bravas. Una vez, a la vecina del tercero tercera, que se quejaba constantemente de que su café le hacía ir al váter, le añadió a la carga del café las cenizas de los cigarrillos de uno de los ceniceros. - A ver si le estriñe- me dijo la Paqui.

Las ventanas de mi piso dan al patio comunitario, cerrado por los cuatro bloques que forman la manzana. Mientras friego los platos, puedo ver a los vecinos de los edificios de los lados y un poco menos a los de enfrente, que están un poco más lejos.

Así que, aquel sábado, después de hacer la compra, ataqué la pila la platos que llevaban toda la semana amontonándose. Mientras le ponía lavavajillas al estropajo, miré por la ventana a ver si había algo con lo que entretenerme, y al no ver nada digno de ser observado, me sequé las manos y pensé que prefería cantar mientras fregaba. Decidí ponerme a Falete y tarareando “Paloma brava” me puse a acometer mi misión. De repente, miro hacia mi derecha y lo que veo en el edificio de al lado me interrumpe. En una de las ventanas abiertas del piso donde viven estudiantes de la UAB, veo una cosa dentro de la habitación, como un palo largo negro, recto, que se mueve levemente, como si fuera una serpiente de pie, hipnotizada por la flauta de un encantador, pero más ancha que un brazo, así que, si era una serpiente tenía que ser como mínimo una anaconda de la selva amazónica. Me quedo inmóvil y estupefacta con el estropajo en la mano y me digo a mí misma que no puede ser una anaconda, pero desde aquella distancia no alcanzaba a distinguir bien lo que era, y además, no podía ver lo que había por debajo de la ventana. Y yo sigo fregando los platos mirando fijamente aquello, convenciéndome a mí misma de que, aunque por supuesto que existen seres humanos que deciden fruto de su propio albedrío compartir su vida y dar su más profundo cariño y cuidados a animales que el común de los mortales ha considerado desde el albor de los tiempos peligrosos para la vida humana, y que salen ufanos en programas como El Diario de Patricia a desmentir tales extremos sobre su peligrosidad con su propio testimonio, porque hay gente para todo en este mundo, pero desde luego el bicharraco en cuestión no se estaría ahí tieso delante de la ventana abierta mirándome a mí... o sí, si acabase de engullir a su dueño y estuviese haciendo la digestión...

Aquello me tenía intrigadísima, y se me ocurrió coger la cámara de fotos con la idea de que a lo mejor con el zoom podría ver lo que era. Fui a por la cámara, abrí la ventana y al salir a hacer la foto, inmediatamente desapareció. Vaya, vaya, a la anaconda no le gusta que le hagan fotos. Me puse a hacer otras cosas en el piso lejos de la ventana y de vez en cuando miraba a ver si veía a Ana, la llamo así para acortar, pero ya no estaba allí. Al cabo de un rato, me puse de nuevo en el fregadero como si hiciera algo, y Ana volvió a aparecer. Cogí la cámara de nuevo, y al salir a la ventana, se volvió a esconder. Por lo visto, a Ana le gusta jugar.

Aquel piso lo compartían dos chicas y un chico, y aquella era la ventana de la habitación del chico. Sin embargo, después del primer avistamiento de la presunta anaconda, no volví a ver nunca más al chico. O Ana se lo comió a él, o él se convirtió en Ana, que aparecía cada vez que yo me ponía a fregar los platos. El tema me empezó a molestar un poco, porque, si él me veía cuando yo sacaba la cámara es que aquello debía tener una cámara camuflada o algo así, y con lo que está de moda ahora grabar a la gente y colgarlo en internet, no me hacía ni pizca de gracia pensar que había vídeos míos por ahí, aunque fuera haciendo algo tan casto y puro como fregar los platos, que hay gente a quien le gusta cosas muy raras..

Un día, volviendo a casa del trabajo, al pasar delante del bar, oigo a la Paqui que me llama:

-Ps, ps... Laura, ven, entra- me dijo en voz baja
-¿Qué pasa? – pregunté
-¿Oye, te has enterado?
-¿De qué?
-Que han matado a un chico en el portal del 56...
-¡Quéee!
-Sí, ese chico de Cardona que vivía con dos chicas... que eran los tres estudiantes de la universidad...

Continuará, la semana que viene...

domingo, 4 de mayo de 2008

Nuevas en el caso del robafelpudos


Ese individuo que ocupa su tiempo libre, que debe ser mucho, en pensar de qué manera atormentar a los vecinos de la comunidad de mis padres, alias el robafelpudos, ha vuelto a actuar, y felicito a todos los que votasteis que nos iba a sorprender con una fechoría inédita, porque así ha sido.

En las últimas semanas han acaecido dos hechos que la rumorología vecinal ha atribuido al malhechor de la escalera. Un par de semanas después de ponerle silicona a la cerradura de los del tercero tercera, que, como ya os comenté, provocó una indignación generalizada y reavivó las suspicacias entre los vecinos que durante los últimos meses se habían apaciguado, apareció la ventana del rellano del primero con el tirador arrancado de cuajo. Me hubiera gustado hacerle una foto para que lo vierais, porque hay que ser un animal para romper así el tirador de una ventana de aluminio, pero, la verdad, tal y como están los ánimos, no me atrevo a ponerme a hacerle fotitos a nada.

El segundo suceso tiene tintes más infames. El vecino del segundo cuarta falleció la semana pasada, era un señor mayor que llevaba toda la vida viviendo allí, hacía años que estaba enfermo y siempre había sido apreciado por todo el mundo. Algunos vecinos decidieron colgar en el portal un cartel a modo de dedicatoria póstuma por parte de la comunidad, de lo que se encargó mi padre, y a su viuda le hizo mucha ilusión. El cartel duró unas horas porque durante la noche alguien lo arrancó, lo despedazó y lo tiró a la papelera que hay bajo los buzones.

Está claro que la estrategia de los vecinos de no hacer nada para ver si se le pasa la tontería al vecino que los atormenta, produce precisamente el efecto contrario. Como me aconsejó sabiamente no hace mucho una participante de este blog sobre otro tema que no viene al caso, las cosas a veces no se arreglan por si solas, hay que darles un empujón...


domingo, 27 de abril de 2008

SOS pan integral

Hasta el miércoles no voy a poder escribir las novedades sobre el robafelpudos, así que, mientras tanto, os pongo al corriente de mis logros y fiascos con la máquina del pan.

Hay un tipo de pan que ya tengo muy perfeccionado, el que se llama “pan para el desayuno” que habéis probado ya algunos de vosotros y que es ligeramente dulce, parecido al pan bimbo, y al que ahora le echo cereales varios y está delicioso.

Este es el que he hecho hoy.

Pero tengo una espina clavada con el pan integral. Lo he intentado tres veces, y las tres me ha salido un mazacote que al día siguiente ya está duro como un pedrusco y que resulta ideal en una estantería para aguantar los libros.

Os pongo aquí la receta de pan integral que he utilizado que es la que da el libro de instrucciones de la máquina, a ver si alguien me puede aconsejar.

Pan integral

460 gr de harina de trigo integral
1 sobre de levadura de panadería
60 gr de azúcar moreno
1 cucharilla y media de sal
3 cucharadas de leche descremada en polvo
40 gr de mantequilla
1 cucharilla de zumo de limón
260 ml de agua

Cualquier sugerencia, idea, contribución o consejo será bien recibido :)

domingo, 20 de abril de 2008

Del dicho al hecho

Iba poner otra cosa esta semana, pero como estamos todas tan entusiasmadas con el reto lingüístico, he pensado que mejor aprovechar este ímpetu.

Así que, como ya anuncié hace unos días, lo que ahora vamos a tener desempolvar de nuestro baúl de los recuerdos son frases hechas.

Y son las siguientes:

Lunes: Ir en el coche de san Fernando, un ratito a pie y otro andando.

Significado: Ir andando a un sitio.

Martes: Salga el sol por Antequera

Significado: Equivale a decir que te da igual las consecuencias o el resultado de una acción tuya.

Ya puestos, os cuento lo que he encontrado por ahí sobre el origen de la expresión. Parece ser que tiene su origen durante la reconquista de Granada por los Reyes Católicos.
Se cuenta que una noche a Fernando de Aragón se le apareció una joven resplandeciente rodeada de leones y le dijo que no dudase y que «Salga el Sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera». Como Antequera está al oeste de Granada, el sol nunca puede salir por Antequera. De ahí el sentido irónico de la frase.

Miércoles: Esto parece el corral de la Pacheca

Significado: Se utiliza para describir un lugar donde reina el barullo y la confusión.

Jueves: Marisarmiento, que fue a cagar y se la llevó el viento

Significado: Se utiliza para referirse a una mujer muy flaca.

Viernes: Estar a la cuarta pregunta

Significado: No tener dinero.


Por cierto, la recompensa se acumula con el reto de esta semana, así que, será doble... (sí, estoy de un generoso...)

domingo, 13 de abril de 2008

Palabras olvidadas


Para esta semana he pensado que nos entretengamos con un jueguecillo lingüístico en el que
recuperemos palabras que conocemos pero que no utilizamos. Así que, cada día os propondré una palabra que tenemos que intentar infiltrar en alguna conversación del día y así la haremos revivir también para nuestros conocidos. Estoy pensando que incluso haya recompensa para quien participe en esta misión...


Las palabras que tenemos que resucitar son las siguientes:


Lunes
: MEQUETREFE

Definición:
Hombre entremetido, bullicioso y de poco provecho (RAE)

Martes:INICUO/INICUA
Definición: Malvado, injusto (RAE)

Miércoles: LISONJA (n. f)
Definición:
Alabanza exagerada y generalmente interesada que se hace a una persona para conseguir un favor o ganar su voluntad: "con sus lisonjas consiguió un ascenso" .

Jueves: ZOZOBRA (n.f)
Definición: Inquietud, aflicción y congoja del ánimo, que no deja sosegar, o por el riesgo que amenaza, o por el mal que ya se padece. (RAE)

Viernes: JOLGORIO (n. m)
Definición:
Regocijo, fiesta, diversión bulliciosa. (RAE)

miércoles, 9 de abril de 2008

Pannacotta

Os animo a que os hagáis este postre, que es tan rico y tan simple que es un delito no probarlo.

Ingredientes para ocho raciones como la de la foto

800 ml de nata líquida

200 ml de leche entera

100 gr de azúcar

un sobre de gelatina neutra

Elaboración

Por un lado, se llena un bol con agua fría y se echan las láminas de gelatina, que se dejan unos minutos, hasta que se ablanden bien.

Por otro lado, se pone en una olla a calentar la nata con la leche y el azúcar. Si se desea, se le puede echar vainilla, sino, estará buena igualmente. Cuando empieza a hervir, se retira la olla del fuego, hay que esperar un par de minutos antes de añadir las láminas de gelatina, que se han sacado del agua. Se remueve un poco y se vierte en los moldes. Cuando se ha enfriado, se mete en la nevera, y al cabo de unas horas ya ha adquirido consistencia.

El flan en sí sabe a nata, la gracia está en el acompañamiento, yo hasta ahora le he puesto fresa o kiwi, y está buenísimo, si alguien lo prueba con otra cosa, chocolate por ejemplo, que nos diga qué tal :)

domingo, 6 de abril de 2008

Ha vuelto


Como ya os anticipé hace unos días en un escueto comentario a modo de primicia, el malvado malhechor (valga la redundancia) que sembraba la desconfianza y ponía a prueba la paciencia y los nervios de los vecinos de la comunidad de mis padres, con actividades que iban desde la fechoría de robar los felpudos de los vecinos hasta la barbaridad de propiciar un incendio en el ascensor, y que llevaba meses sin actuar, dándole así una tregua a los vecinos, ha reanudado sus hostilidades.
Para poner en antecedentes a quien se haya incorporado recientemente y para refrescaros la memoria a los que ya seguíais esta historia, expongo un breve resumen.
Hace aproximadamente dos años, en la comunidad donde viven mis padres empezaron a ocurrir hechos paranormales coincidiendo con la puesta en marcha del nuevo ascensor, cuya instalación había sido objeto de eternas y lamentables discusiones vecinales que rompieron el clima de paz que había reinado hasta entonces en el vecindario. Yo ya no vivo allí, así que, no conozco el caso de primera mano sino que me informa de todo lo que acontece mi familia.
De repente, empezaron a desaparecer por arte de magia los felpudos de los vecinos, que en un principio no dejaba de ser anecdótico y hasta gracioso, pero rápidamente el robafelpudos amplió su repertorio de actividades traviesas y empezó a estrellar huevos en las puertas o en el ascensor, poner silicona en las cerraduras, rayar las puertas y en un caso escribir “puta”, esparcir trozos de tocino de jamón por toda la escalera, robar la mesita con el jarrón y las flores a la vecina del tercero cuarta, poner típex a los botones del interfono, y un largo etcétera de ingeniosas jugarretas. Ningún vecino ha salido indemne. Al principio la estrategia vecinal consistió en no darle mucha importancia y esperar a que el graciosillo se cansara y dejara de atormentarlos, pero la mente enferma que se escondía detrás de lo que al principio parecían sólo trastadas, decidió subir el nivel de peligrosidad. En una ocasión que el ascensor se había estropeado, los técnicos que vinieron informaron al presidente de que el techo estaba completamente cubierto de papeles y de colillas, que sólo podían llegar allí si alguien los metía a propósito por una rendija en la puerta del rellano, y que era peligrosísimo porque podía provocar un incendio. Esa fue la gota que colmó el vaso para que el presidente, camionero jubilado, interpusiera una denuncia en la policía, que pareció que tuvo su efecto disuasorio en el malhechor porque ha estado seis meses sin actuar. Pero aquí sabíamos que la tregua no podía durar mucho y que el robafelpudos no podría contener largo tiempo su instinto perverso, como así ha sido.
Como ya os conté, en su regreso ha vuelto a dejar su tarjeta de visita inconfundible robando los felpudos de los confiados vecinos que ya habían vuelto a colocarlos, y además, ha hecho desaparecer el cartoncillo de limpiar la escalera y ha cambiado de rellano el macetero con un ficus que han puesto delante de su puerta “los peruanos” del piso patera. Pero, lo que ha exasperado los nervios de algunos, ha sido que haya tapado con silicona la cerradura de los del tercero tercera, un matrimonio mayor que no está para que les den sustos, y cuya su hija perdió los estribos con el sufrido presidente de la comunidad exigiéndole una solución.
Después de este paréntesis de calma que los vecinos creían que ya era definitiva, el retorno de las hostilidades ha provocado un torbellino de reacciones. Y los vecinos vuelven a mirarse de reojo...

lunes, 31 de marzo de 2008

Body and Soul - En las cartas V


Aunque eran las siete de la mañana, ya hacía un calor para morirse. Y el día prometía, porque en la peluquería me esperaba el aire acondicionado estropeado, y podía poner la mano en el fuego a que los técnicos, que llevaban tres días dándome largas, no vendrían a arreglarlo. Pero yo me desperté contenta. Elegí un top de tirantes naranja fresquito para ponerme bajo la bata, sabiendo que iba a sudar la gota gorda. Hacía semanas que estaba de buen humor, por nada en especial, y por todo el general. La peluquería nos iba muy bien, no hacía nada espectacular con mi vida, pero me sentía bien conmigo misma. Hacía mucho que no había visto a Miguel, que había dejado de venir a la peluquería a cortarse, aunque sí que me iba enterando de algunas cosas de él a través de Laura, a quien al final se lo conté todo. De vez en cuando me acordaba de él, ya no lo odiaba, pero recordaba perfectamente lo mal que se había portado conmigo. En cualquier caso, prefería no volverlo a ver más, que la carne es débil y la mente, aún más. Al parecer, Sonia no se llegó a enterar, pero yo seguía sin poder atenderla y lo hacía Susana.

Después de desayunar, volví a llamar al técnico, a sabiendas de que me iba a tomar por el pito del sereno, como así fue, pero había que insistir. Fui a los chinos y compré cuatro ventiladores y unos cuantos abanicos y tuvimos la puerta de par en par todo el día, pero la calor allí no se podía aguantar. Aunque nosotras le echamos valor y alegría al asunto, y a las cuatro de la tarde en plena calorina, hasta hicimos imitación de los Locomía acompañadas de dos clientas septuagenarias.

Por la noche, antes de cerrar, salí a tirar las basuras.

Mientras estaba echando los plásticos en su contenedor, de repente, algo me hizo girarme, y vi que estaba esperando detrás de mí un chico con chancletas de la playa, pantaloncete del Barça y camiseta de los Mojinos Escocíos que sujetaba en la mano una bolsa del Mercadona llena de plásticos. Al girarme, me sonrió y yo le sonreí. Le brillaban los ojos, estaba despeinado, como un niño travieso, aunque él tenía cara de niño bueno. Me pareció guapísimo.

- Perdona..., ¿tú sabes dónde puedo encontrar una ferretería por aquí cerca? – me dijo cuando yo ya me iba.
- Pues mira, hay una en la calle Jabonería, giras allí en la esquina a la derecha y es la segunda, es paralela a esta.
- Vale, gracias... es que, cuando se llega nuevo a un sitio, hasta que no pasa un tiempo, va uno más perdido que un pulpo en un garaje.
-Sí, je je. ¿Te has comprado un piso aquí?
- No, no... es de alquiler, pero voy a hacer unos arreglos y voy a pintar...
- Claro... – sin saber cómo continuar
- Bueno... pues.... ya nos...
- ...Por cierto, que una de las cosas más importante es saber donde hay una buena peluquería, así que te informo que la mejor es aquella de allí...
-¿Dónde? Aquello que dice, bodi... algo en inglés, ¿no?
- Sí, Body and soul. Muy internacionales somos... viene la crem de la crem a peinarse...
-Pues sabes qué te digo, que si tenéis aire acondicionado voy mañana a cortarme y de paso echo un rato al fresco, que en mi piso no se puede estar...
-Claro que tenemos aire acondicionado, tú qué te crees, que mi peluquería es de categoría...
-Vale, pues entonces, mañana me voy a pasar después de comer que es cuando hace más calor...
- Realmente tendrías que ser muy gafe para que el día que vinieras estuviera estropeado...
- Entonces, ¿tú eres peluquera...?
- Sí...
- Pues si tú estás ahí, debe haber cola de tíos sólo para verte a ti...
- Ja ja, no tanto...
- Bueno, pues mañana voy a poner mi cabeza en tus manos... Sobre todo, no te olvides de poner el aire acondicionado...
-No te preocupes, será lo primero que haga en cuanto llegue...

Cuando volví a entrar en la peluquería, la vista se me fue hacia una caja de guantes, del tipo de los que utilicé para ponerle el tinte a la señora Pepa cuando vi a Miguel por primera vez, que no recordaba haber dejado sobre uno de los peinadores, y leí: “guantes de látex”.

domingo, 30 de marzo de 2008

Body and Soul - En las cartas IV


Necesitaba hablar con Mariluz, la mujer que me había echado las cartas dos años antes. La llamé al móvil varias veces pero siempre estaba apagado. Le dejé dos mensajes desesperados en el buzón de voz pero no me devolvió la llamada. Necesitaba verla como fuera, así que, decidí presentarme en el piso en el que me había echado las cartas. Llamé al interfono y nadie me contestó, aunque bajo su timbre seguía estando el papelillo pegado con celo al portero automático con su nombre escrito a mano. Aprovechando que un vecino salió, subí al piso, pero tampoco me abrieron. Bajé a preguntar por ella a la mercería de al lado y por fin supe algo. Se había ido al pueblo hacía unos meses a cuidar de su madre enferma, y sabían por una vecina del barrio que estaba en contacto con ella que su estancia allí iba para largo.

Volví a casa y me metí en la cama exhausta y aturdida, dándole vueltas a qué debía hacer con Miguel, y en seguida me venció el sueño. Y él me reveló la respuesta. Soñé que estaba en la peluquería lavándole la cabeza a la señora Pepa, me giré un momento para coger el champú, y al darme la vuelta, ya no era la señora Pepa quien estaba sentada en el lavacabezas sino Mariluz, aquella mujer menuda de mediana edad, de ojos profundos y sonrisa tranquila.

-Te he estado buscando como una loca, Mariluz...
-Ya te dije que te alejaras de quien no se quisiera a sí mismo.

Y al acabar de pronunciarlo, me desperté con un sobresalto sentándome en la cama. Esa frase me la había dicho cuando me leyó las cartas, pero en aquel momento no entendí lo que quería decir, y se perdió en un rincón de mi memoria. Era verdad, Miguel no se quería a sí mismo, y cuando uno no se quiere a sí mismo, no puede querer a nadie.

Al día siguiente, al llegar a la peluquería le dije a Susana que estaba decidida a no volver a ver nunca más a Miguel. Acordamos cerrar a mediodía, porque no venía mucha gente y ya tampoco nos hacía falta, y de paso me impedía a mí misma la posibilidad de encontrarme a solas con él. Entonces, empecé a odiar a Miguel con toda mi alma. Ni siquiera le di una explicación. Al principio quise escribirle un mail envenenado de rencor, pero al ponerme, me aturullaba con mil ideas y no sabía por dónde empezar. Él me enviaba mails preguntándome qué estaba pasando y volviéndome a declarar su amor como al principio. Al leerlos, pasaba del odio a la esperanza de que quizá pudiéramos estar juntos, pero en seguida se me escapaban las lágrimas, amargas de saber que en realidad no me quería, ni me iba a querer. Una noche, mientras bajábamos la persiana de la peluquería, lo vimos apostado en su coche esperando, y nos escapamos en sentido contrario. También vino una última vez a la peluquería a cortarse. No habló en todo el rato. Tenía los ojos inyectados en sangre. Lo atendió Susana. Al marcharse dejó una hoja de papel doblada. Era una carta, me decía lo mismo que en los mails, y además, me daba su móvil para que lo llamase. Pero yo ya no quería nada de él, y no por la frase soñada de Mariluz, sino porque ahora era yo quien tenía claro que Miguel no era el tipo de persona que yo quería.


El desenlace, mañana.
(No sé qué pasa últimamente, que el final feliz siempre llega en el capítulo V, ¿será una señal...?)

lunes, 24 de marzo de 2008

Body and soul- En las cartas III

Así empezó lo que yo siempre aseguré que jamás haría, liarme con un hombre casado. Desengáñate, no la va a dejar” y “si se lo hace a ella, te lo puede hacer a ti”, eran dos de mis sentencias preferidas susurradas al oído de clientas que, aprovechando el ruido ensordecedor de los secadores, me habían confesado tantas veces sus historias, calcadas a la que yo estaba viviendo, como si todas hubieran estado escritas bajo el mismo papel carbón. Pero yo me repetía que lo nuestro era diferente, y la frase “te encontrará con plástico en las manos” me acompañaba día y noche, como si la llevara tatuada en el pensamiento.

Venía los miércoles a la hora de comer, se lo tuve que contar a Susana porque cerraba la peluquería. Desde el principio me dijo que me estaba equivocando, que Miguel le daba mala espina, que le sacaba de quicio su extremada educación, que no le hacía ni pizca de gracia su humor tan correcto, que ese tipo de persona que nunca tiene una salida de tono en público y que siempre dice lo adecuado en el momento preciso, sólo puede esconder algo malo. Pero cada miércoles me encubría.

Al principio, Miguel siempre aparecía por la puerta sofocado, venía corriendo, me abrazaba y me aseguraba que estaba viviendo un infierno, que se sentía fatal mintiéndole a su mujer, pero que ya no la quería, que quería estar conmigo todos los días de su vida... Pero.... que si la niña estaba enferma... que si Sonia lo estaba pasando mal... que si no las podía dejar solas en un momento tan difícil... Sin embargo, las últimas veces, nuestros encuentros se resumían en un "cuánto te he echado de menos”, lo hacíamos, y él volvía a con prisas a la oficina. Yo no tenía su móvil, durante la semana nos comunicábamos por mail, aunque él sólo escribía desde el trabajo.

Cuando venía su mujer a la peluquería, no tenía estómago para atenderla yo, así que, lo hacía Susana. Yo me esforzaba por que me cayera mal, me imaginaba que era una mandona y una pérfida, una tipa insoportable y que ella misma le ponía los cuernos a él, y vete tú a saber si la niña era realmente de Miguel, así que, se merecía lo que le pasaba... Pero si en algún momento me atrevía a mirarla de reojo en el espejo, me daba cuenta de que Sonia tenía los ojos cansados porque la niña no le dejaba dormir, pero las ojeras le desaparecían cuando le preguntaban por su hija y los ojos le brillaban al hablar de ella a pesar de las noches en vela. Yo me esforzaba en odiarla, pero me lo ponía difícil....

Y un día, pasó lo que tenía que acabar pasando. Era un domingo por la tarde, salí con Laura a pasear por el centro y cuando vi a la familia feliz con el carrito, se me cayó el alma al suelo, y fue casi literal, porque por un momento creí que de verdad me iba a desvanecer, y me agarré al brazo de Laura, disimulando con un gesto cariñoso y la empujé a mirar los tenderetes de los hippies. Pero no pude evitar que los viera y nos acercamos. Al vernos, Miguel se quedó un momento parado, pero en seguida reaccionó, disimuló tan bien, que hasta me dio miedo por un instante. Después de los saludos y los besos reglamentarios, se inició una conversación en la que yo no podía participar porque no me salía la voz, y entonces Miguel se agachó y le dijo a la niña:

-Mira, Alba, esta es Marina. Ma-ri-na. Es la peluquera de la familia, le corta el pelo a mami y a papi. Y también te lo cortará a ti.

Cómo podía actuar tan normal, cómo pudo hacer aquel comentario, cómo podía estar tan seguro de que yo no montaría un numerito allí y destaparía el pastel, cómo podía ser tan cínico...

La siguiente vez que nos vimos, después de hacerlo sin apetecerme, aunque tampoco se lo dije, le insistí en que lo estaba pasando muy mal, que necesitaba que habláramos, y él me contestó que no se podía quedar más rato, que tenía que volver rápido a la oficina, que se lo contara por mail y que me contestaría al día siguiente, que aquel día tenía mucho trabajo. Y me dio un veloz beso de despedida. Me sentí una auténtica fulana.

Cuando llegó Susana, me encontró sentada en el suelo del cuartillo llorando a lágrima viva, ahogándome en sollozos... No era la primera vez, los últimos miércoles yo me había quedado siempre llorando al salir él por la puerta, sólo que esta vez sentí que había tocado fondo, que no podía más, que la historia con Miguel me estaba destrozando.

-Marina, esto no puede seguir así. Pero no ves que esto no va a ninguna parte y te está haciendo daño. ¡No la va a dejar, a ver si te enteras ya! Y mira, te digo una cosa, o cortas tú con él, o el miércoles que viene te juro por mis muertos que me quedo aquí esperando y le digo en su cara que es un cerdo y que se ocupe de su mujer y de su hija, que es lo que tiene que hacer en vez de ir por ahí de flor en flor...
-No digas tonterías...
-¿Tonterías...? Tonterías las tuyas que te has vuelto loca con las memeces que te dijo una tarada, o mejor dicho, una estafadora que te tiró las cartas y tú te la has creído con los ojos cerrados.
-No es una estafadora, ni una tarada...
-No, tienes razón, la tarada no es ella sino tú que te la crees...

No se lo dije a Susana, pero decidí que tenía que volver a ver a Mariluz, la mujer que me había echado las cartas.

Continuará... si no puedo para el viernes, el lunes que viene....

domingo, 16 de marzo de 2008

Body and Soul – En las cartas II


Que ya tenga pareja, esté casado e incluso con niños son posibilidades que una tiene que plantearse siempre que conoce a un hombre. En la jungla de la soltería, entre los alérgicos al compromiso, los emparejados que van por la vida en plan busco y comparo, los que no tienen claro en qué acera recalar y los simplemente más raros que un perro verde, una tiene que andarse con mil ojos. Pero de él, ni por un momento me quise plantear como posibilidad que tuviera pareja. Me obsesionaba la frase “te encontrará con plástico en las manos” pensaba que sólo podía referirse a él.

No sabía qué creer, me daba rabia que me hubiera mentido, por momentos lo odiaba y lo maldecía, pensaba que no quería volverlo a ver nunca jamás y que si aparecía por la peluquería le pensaba tirar el secador por la cabeza... Pero seguidamente me decía que tenía que haber una explicación, que a lo mejor no era feliz con su mujer, que yo también me había equivocado con mis anteriores parejas, que todo el mundo tiene derecho a buscar con quien ser feliz... que él estaba predestinado a mí...

Pocos días después, mientras estaba peinando a Laura, me di cuenta de que sabía quien era su mujer. Estábamos hablando de Sonia, una compañera suya del trabajo que no era del barrio pero que venía a la peluquería por recomendación de ella, cuando me acordé de la conversación que había tenido con Sonia hacía unos días.

- Mi marido vino el otro día. Le cortaste tú, ¿no?
- Pues no... no lo recuerdo... a lo mejor lo atendió Susana...
- Desde luego, vaya cambio, menos mal que lo convencí para que dejara de ir al barbero ese horroroso al que iba que lo dejaba como a un monje benedictino...

Y mientras lo recordaba con espanto, Laura me preguntó.
- Oye, y el tío aquel del flechazo... ¿lo has vuelto a ver?
- Pues.... sí.... pero es que resulta que me he enterado de que está casado...
-¡Uy, va de retro Satanás! Mejor no meterse en líos...
- No, no... mejor no meterse en líos...
- Por cierto, ¿cómo se llamaba?
- ... Mmmm... Manuel...

Me dolió muy adentro, le acababa de mentir obscenamente a una de mis mejores amigas, e intuía que ese era sólo el principio...

Sonia me caía muy bien, era una chica majísima, había tenido una niña hacía un año, me había enseñado fotos de ella, me había explicado lo mal que lo habían pasado ella y su marido los primeros meses porque la niña comía poco y no dormía bien, no recordaba que nunca se hubiera quejado ni hubiera hablado mal de él, costumbre bastante habitual de las clientas de la peluquería.

Dos semanas después de verlo, Susana me dijo un día:
-Por cierto, te quería contar que ayer a mediodía, cuando te fuiste a comer, vi a ése que ha venido un par de veces, el que tiene a su padre en la misma residencia del marido de la señora Pepa, parecía como si quisiera entrar, pero no, sólo miró y pasó de largo, me pareció un poco raro...

Sabía que tarde o temprano iba a venir, y ahora ya podía estar casi segura de que cuando estuviera sola. Imaginé mil posibles conversaciones con él, mi interrogatorio, sus explicaciones, mi enfado, secadores que volaban, insultos, disculpas, perdón, besos... El día que vino, no fui capaz de decir nada de lo que había previsto.

-Necesito hablar contigo, Marina.
-Vamos dentro, al cuartillo.

Me dijo que desde hacía semanas no podía dejar de pensar en mí, que no sabía lo que le pasaba, que hacía tiempo que no estaba bien con su mujer, que con la niña todo había empeorado, que no sabía lo que hacer, que estaba hecho un lío, que se estaba volviendo loco...

Y a mí se me nubló el sentido. No dije nada. Nos miramos un instante en silencio y nos besamos.

Nos arrancamos la ropa y lo hicimos sobre la camilla de la depilación como si se nos fuera la vida.

La continuación, a la vuelta de Semana Santa...

jueves, 13 de marzo de 2008

Qué semanita he tenido de excursiones para conocer el apasionante mundo de los peces...
Para mañana no voy a poder tener el segundo capítulo, estoy exhausta...
Pero del lunes no pasa.
(je, porque yo ya empiezo las vacaciones mañana a mediodía :)

domingo, 9 de marzo de 2008

Body and Soul – En las cartas I


No olvidaré nunca cuando vi por primera vez a Miguel. En ese justo instante estaba poniéndole el tinte con los guantes a una señora que, con las dos piernas estiradas, me señalaba con una mano los juanetes que deformaban sus pies descalzos. Al oír que se abría la puerta, giré la cabeza y cuando lo vi bajo el dintel, tuve la impresión de que lo conocía, pero no sabía de qué. Y en aquel momento me acordé de aquella frase:“No hace falta que lo busques, él vendrá a ti. Te encontrará con plástico en las manos”.

Me la había dicho dos años antes una mujer que me había echado las cartas, y no había vuelto a recordar aquellas palabras hasta entonces. Cuando decidí poner la peluquería con mi socia, tuve unos días de pánico al ser consciente de la responsabilidad y la cantidad de deudas que estaba a punto de contraer, y entonces Laura me propuso ir a ver a una mujer que le había echado las cartas a ella hacía un tiempo. Yo siempre había sido muy reacia a esas cosas paranormales, sentía entre escepticismo y miedo, pero lo que Laura me había contado que le había dicho aquella mujer me había impresionado mucho, así que, agarrándome a un clavo ardiendo, me atreví a ir. Yo no sé si se puede ver la vida de una persona en unas cartas, o si aquella mujer es muy lista y me caló entera sólo con verme, pero tengo que reconocer que aquella señora que habló sola durante una hora sin hacerme ni una sola pregunta y únicamente me pidió que barajara la cartas, hiciera tres montoncitos y luego los reuniera y se lo diera con la mano izquierada, me dijo cosas de mi vida pasada que era imposible que supiera, predijo hechos que me han sucedido después y me dio algunos consejos que me han ayudado mucho.

Me dijo que el amor no me iba a llegar aún porque primero tenía que dedicarme al trabajo, y que aparecería cuando fuera feliz con mi vida. Entonces pronunció aquella frase que había olvidado y recordé al ver a Miguel por primera vez y añadió: “Será un hombre bueno, y él sí te querrá de verdad”. Y, después de hacer una breve pausa mirando fijamente las cartas, continuó: “No volverás a dejar que ningún hombre te levante la mano”. Y al oírlo, me eché a llorar.

Desde que le empecé a lavar la cabeza hasta que se fue, estuvimos charlando todo el rato, era como si nos conociéramos de siempre, sus gestos y su manera de hablar me recordaban a alguien que no atinaba a saber quién. Hablaba de él en singular, y en un momento en el que dijo un “fuimos”, se corrigió a sí mismo y utilizó el singular.

Los días siguientes estuve fantaseando con él, incluso le conté entusiasmada a mis amigas lo que había sucedido. Al cabo de unos días se me pasó un poco la emoción, aunque cuando caminaba por la calle encontraba a muchos hombres que me recordaban a él y la frase "te encontrará con plástico en las manos" acompañando la imagen del momento que lo conocí, me rondaba a menudo la cabeza.

La segunda vez, llevaba toda la mañana inquieta, y sin saber por qué, miraba continuamente hacia la puerta al menor ruido. Pensé que me había tomado demasiado café. Cuando lo vi aparecer, me quedé sin habla, no hacía aún un mes que había venido a cortarse. Aquel día saltaban chispas entre los dos con sólo mirarnos. Yo me esmeré en hacerle mi mejor masaje de cabeza después de lavársela, lo dejé extasiado. Mientras le cortaba, buscábamos el roce todo el rato. Me preguntó si a todas horas teníamos tanta gente, y le dije que a mediodía casi no venía nadie, pero no cerrábamos y nos turnábamos mi socia y yo para ir a comer a casa.

Justo cuando lo estaba despidiendo en la puerta, entró la señora Pepa. Ella lo saludó muy efusivamente y él se quedó impávido. La señora Pepa le preguntó por su padre, que al parecer estaba en la misma residencia que su marido.

-Y tu niña, hay que ver lo guapa que es. ¿Tú has visto a su hija, Marina?
-No, no la conozco...
-Pues es más salá... y es igual de guapa que su madre...


Continuará el viernes...