
Esta noche he tenido una pesadilla de la que me he despertado empapada en sudor y desencajada.
Era un día normal de clase, aunque yo no era del todo normal, yo era mi Mii de
Me los quedo mirando y pienso por un instante si pedirles que se coloquen por el color de la camiseta, por orden cromático, por el efecto óptico tan agradable que conferiría a la clase, pero abandono la idea. Así que, abro el maletín con mi mano-bolita, cojo los libros y les pido que saquen los suyos. Y ellos me responden al unísono flotando sobre la silla: “Profe, no podemos”. Entonces yo caigo en la cuenta de que no tienen manos, y les contesto: “Ah, es verdad... Bueno, pues hoy haremos oral. Primero escucharemos un diálogo y luego vosotros prepararéis otro parecido”. Así que, pongo el cd para escuchar un diálogo en el que una señora va a comprar un pollo a una carnicería, busco la pista correspondiente y le doy al play. Pero sólo se oye una melodía, “tiriti tiriti, tiritití, tiriti tiriti, tiritití”, la que te sale cuando te estás creando tu Mii, que, por muy simpática que sea, no es precisamente lo que quiero en aquel momento. Miro en la carátula del cd a ver si me he equivocado de pista, pero no, pruebo con las otras pistas, y resulta que en todas me sale la misma musiquilla. Casualmente dispongo de otro ejemplar del mismo cd, busco la pista, y vuelve a salir la misma melodía. Y yo, sin enfadarme ni nada, aceptando la vida tal y como viene, les digo que tenemos un problema técnico y que ya leeré yo el diálogo. Y ellos, que llevan todo el rato sonrientes, asienten flotando sobre sus sillas. Conque lo leo yo. Al acabar, les hago varias preguntas y ellos me lo responden todo impecablemente al unísono. Qué perfección, qué felicidad para un profesor, qué realizada me siento... Luego, les pido que con su compañero se imaginen un diálogo entre un vendedor y un cliente en una tienda de alimentación, semejante al que hemos escuchado. Y ellos van y ejecutan rápidamente mis deseos. Al cabo de un rato, le pido a la primera pareja que represente su diálogo en voz alta, y me repiten exactamente el mismo diálogo del pollo que yo les había leído. Les digo que no tiene ningún sentido repetir el mismo diálogo, que tenían que elaborar uno propio con los elementos que habían aprendido. Se lo pido a la siguiente pareja, y me recitan otra vez el diálogo del pollo. Me estoy empezando a cabrear. Señalo a una tercera pareja, y cuando escucho las dos primeras frases, les digo que se callen. Ahora sí que estoy enfadada. Los miro y les pegunto qué les pasa, que ese tipo de actividad ya la hemos hecho un millón de veces y ya saben que lo que tienen que hacer es inventarse ellos su propio diálogo. Ellos bajan la cabeza sin rechistar. Yo estoy que trino, no entiendo nada, no me puedo creer que estén callados, que no me contesten, que no reaccionen. Entonces, les empiezo a decir indignadísima que son uno borregos, que no tienen ninguna personalidad, que adónde van por la vida sin imaginación... pero ellos siguen con su cabeza gacha. Finalmente, enfurecida les acabo chillando “¡Pero queréis hacer el favor de reaccionar. Es que no tenéis sangre en las venas. Comportaos como niños de una puta vez, corred, chillad, reíd, jugad, pegaos, insultaos!” Entonces, se volvieron locos, todos los palotitos se pusieron a ejecutar mis órdenes exactamente en el mismo orden en el que yo las había pronunciado, correr, chillar, reír, jugar... empezándose a chocar entre ellos, estrellándose contra las paredes, y de los porrazos tan tremendos que se daban, se les caía la cabeza del cuerpo, y los palotes corrían sin cabezas y las cabezas rodaban por el suelo chillando, riendo, insultando, como yo les había pedido, en una escena dantesca... Y ahí me desperté.
Uf, espero que cuando el lunes llegue a clase sigan como siempre, sin hacerme ni puto caso ...










