


Ohhhh, he quitado los vídeos!!

Hace unos días hablé de pelos y hoy voy a volver a hablar de ellos, aunque la verdad es que ésta que habla frecuenta poco la peluquería. No obstante, no pongo mi cabeza en manos de cualquiera, no señores, porque con el pelo no se juega, así que, desde que vivo en la City acudo a una peluquería súper mega fashion del centro, una donde el dueño o encargadillo, no sé muy bien su rango, es un tío grandullón y muy machote, rapado y con perilla de chivo, con look de roquero demodé, acompañado siempre de un perraco como un caballo, que a pesar de su tamaño parece bastante manso, el perro, el amo no lo sé. Ambos personajes confieren a este lugar, que por otro lado es de total confianza para la integridad de tu pelo, una idiosincrasia digna de esta ciudad de los prodigios, como la llamó aquél, donde lo impensable se hace carne y deviene normal.
A mí siempre me toca el mismo peluquero, y eso que hay más personas allí, pero siempre me peina él, y yo estoy contentísima, es un genio con las tijeras, siempre me corta exactamente como yo quiero, y tiene un estilazo haciendo saltar el pelo al cortártelo sin igual, el tío tiene más plumas que mi edredón. Es el mejor, pero es un estúpido, parece mentira que te toque el pelo tan delicadamente y luego para moverte a ti sea tan brusco, te pega unos meneos a la cabeza sin previo aviso que te dejan medio lela, te lava sin miramientos, dejando que te resbale el agua por la cara, con lo que eso molesta, se hace unos líos él sólo con el cable del secador y te hace sentir que eres la culpable, cuando tú no puedes evitar estar allí en medio, y por supuesto, no te dirige la palabra más que para el estrictamente necesario “siéntate aquí” y “ella te pondrá el tinte y luego sigo contigo”. Por como he visto que trata a las chicas que hay allí, me parece que es un poco déspota con las mujeres, porque con sus amiguitos que son de su misma acera tiene un trato más agradable, y aún así tiene un punto borde, estirado y esnob que no se lo quita nadie. Pero claro, yo quería caerle bien, con lo feliz que soy yo poniendo mi pelo en sus manos, qué bonito que sería, pensaba yo, que me tratara bien, con lo necesitada que estoy de cariño.
De cómo una puede hacer el gilipollas además de con los tíos que le gustan, con su peluquero maricón, en la siguiente entrega.
Mondié, c’est un Monsieur poulet!
Os transcribo los diálogos que han escrito dos alumnos tal cual los han puesto en el examen, sin ninguna corrección. Siento que sólo los entendáis los que sabéis francés, porque son realmente divertidos.
- Bonjour Ms Annanás! Je voulez un peaux du jambon, des oeufs, des paquet du lait, et un paquet du sucre.
-Ooh! Je sui trois desolée, je ne tener pas du jambon.
- Bien. C’est ne pas à problème. Vous tenez aux bacon?
-Oui, Madame! Aquí vous le tenez.
- Mondié! Quel prix!
- C’est care, mais is tre tre bon.
- Dacort Ms Annanás.
- Au revoire!
- Au revoire, Ms Annanás!
El segundo diálogo es de Andrea, una alumna también muy simpática pero que tiene el pavo justo encima de la cabeza, se pasa la clase tocándose el pelo y a la mínima que cree que no la veo, se saca el espejito para ver cómo tiene la raya y el maquillaje.
-Bonjour.
-Qu’est-ce que vous voudrais?
- Je voudrai cinq yogurts si vous plaît.
- D’accord, mais de quels sabors vous voldrais?
- Naturals si vous plaît.
-C’est ici. Ce tout?
-No, aussi je vouldrez un poulet.
-D’accord.
-Qu’il pese?
- Le poulet pese 3kg.
-Oh, c’est très grande!!
- Jeje, c’est un Monsieur poulet!
-Très bien, je voudrez le Monsieur poulet si vous plaît.
-D’accord. Ce tout?
-Oui.
Sí, ambos han suspendido el examen, porque si el diálogo está así, imaginaos las preguntas de gramática. (Pero os digo un secreto, los dos aprobarán a final de curso)Si últimamente no os he hablado del robafelpudos es porque, para desgracia de todos nosotros, y para descanso de los vecinos, no ha vuelto a actuar desde que le rayara la puerta a la del primero primera. Sin embargo, esta semana ha ocurrido un suceso que la rumorología vecinal no sabe a quien atribuírselo. Se ha roto la cerradura de la puerta de la calle, nada especial si no fuera porque es la segunda vez que la tienen que cambiar este año, y la primera vez el presidente la cambió sin darle mayor importancia, pero esta vez la ha observado bien y le parece que la han roto expresamente metiendo algo. Podría ser obra perfectamente de nuestro psicópata preferido, si recordáis el principio de este caso, el primer suceso paranormal que aconteció en la comunidad fue que pusieron silicona en la cerradura de la puerta de mis padres, pero en la comidilla vecinal se ha abierto otra posibilidad.
A mitad de este año vendieron el piso del primero tercera. Llevaban años intentando venderlo, pero llevaba mucho tiempo vacío y estaba en tan mal estado que ni siquiera durante el súper boom inmobiliario en el que se han vendido los pisos como churros, lo conseguían vender. Pero al fin alguien lo compró y sin arreglarlo siquiera, lo alquiló. Mis padres me dijeron entonces que habían visto entrar a unos “peruanos” (para mis padres el término “peruano” engloba a todos los sudamericanos, así que, igual son paraguayos, yo vi una vez a alguien que podría ser argentino por el acento, de hecho, no importa lo más mínimo). El caso es que, el presidente, camionero jubilado que se dedica a pasear al perro y a sus labores para con la comunidad, se empezó a dar cuenta de que allí entraba y salía más gente de la que se supone que puede vivir normalmente, de hecho, el piso tiene dos habitaciones, un comedor, una cocina y un baño, y a él le parecía que vivían la menos ocho personas. Así que, con pena y estupor los vecinos constataron que el drama de los pisos patera se había instalado en el primero tercera. En cualquier caso, no se les oye en absoluto, son educados, entran y salen con mucho sigilo, parece claro que desean pasar lo más desapercibidos posible, y como las fechorías del robafelpudos datan de mucho antes de que llegaran, nunca nadie ha dudado de ellos. Pero a la mujer del presidente (la que tenía la mesita con el jarrón de flores de plástico en el rellano delante de su puerta), se le ha ocurrido que quizá no haya sido el robafelpudos sino que últimamente se esté rompiendo la cerradura más de lo normal porque hay mucha gente que entra y sale. El presidente y su señora esposa discrepan a este respecto, mi madre no sabe hacia donde decantarse, la del segundo cuarta sigue pensando que son los hijos de
Mientras continúo la lectura del libro del Punset del que os hablé hace unos días, he decidido elaborar este test sin eficiencia probada y totalmente exento de rigor científico para evaluar si uno es un kamikaze sentimental.
Puntúate cada afirmación si estás de acuerdo de
Cuando estoy enamorado/a de alguien...
2. me voy a vivir con él/ella a la semana de conocernos porque ha sido un súper flechazo
3. me hago el/la encontradizo/a por sitios donde sé que va a estar
4. le excuso que me hubiera dicho cuando nos conocimos que no tenía pareja
5. anulo otros planes que tenía con otras personas porque un día se digna a quedar conmigo
6. le creo cuando me dice que lo/la va a dejar por mí
7. vuelvo con él/ella aunque me ha puesto los cuernos 3 veces, pero me ha prometido que no lo volverá a hacer y le creo
8. aunque parece que me está rehuyendo, no, es que es tímido/a
9. le haces ese favor que te pide, aunque siempre que acuda a ti sea para pedirte algo
10. me corto el pelo porque me ha dicho que le gusta el pelo corto
11. me dice que se quiere casar conmigo a la semana de conocernos y creo que es muy romántico
12. me vuelvo vegetariana/o porque él/ella lo es
13. dejo de ver a mis amigos porque a él/ella no le gustan
14. me parece la mar de normal aunque sea un friki y todo el mundo me lo diga
15. si eres chica: me compro una play y aprendo a jugar porque sé que le pirra aunque a mí no me ha interesado nunca / si eres chico.... ahora que lo pienso, si eres chico nunca te gastarías tanto dinero sólo para acercarte a la tía que te gusta.
16. le digo que a mí también me encanta esa música que odio
17. le hago regalos para su cumpleaños aunque él/ella nunca me los hace a mí
18. si eres chica: iría a ver una película de esas de sangre e higadillos que nunca vería de motu propio aunque luego tenga que ir a vomitar y tenga pesadillas por la noche / si eres chico: .... ahora que lo pienso, si eres chico, nunca irías a ver una película iraní en versión original subtitulada si no te gustan.
19. acepto que siempre se haga lo que a él/ella le gusta
De
Enhorabuena, eres un/una perfecto/a kamikaze sentimental. Serías capaz de ir hasta el infierno por alguien que pasa olímpicamente de ti o que juega contigo o que no te conviene, y luego dices que es que tienes mala suerte en el amor, pero bonito/a, si es que te lo buscas tú solito/a. Eso sí, te pasan un montón de cosas, entretienes mucho a tus amigos en las cenas explicando tus historias, unas veces te ríes y otras veces lloras. A ver si empieza a servir de algo la experiencia, no vas a estar toa tu vida así.
De
Enhorabuena, eres un perfecto/a aprendiz sentimental. De vez en cuando haces alguna locurilla, pero aprendes de tus errores y la siguiente vez que topas con un espécimen con el que ya te habías encontrado antes, lo reconoces a la legua y huyes. Claro que, el abanico de especímenes es tan amplio, que parece que no se acaba nunca, y tú siempre les das una oportunidad a todos/as. Vas por el buen camino, seguro que algún día encuentras lo que estás buscando.
De
Enhorabuena, eres un/una perfecto/a soseras sentimental. No tienes desengaños amorosos porque simplemente no tienes vida sentimental, no te equivocas nunca porque no intentas nunca nada, ni te ocurre nunca nada, ni vas a encontrar nada. No pasa nada por hacer el gilipollas de vez en cuando, todos lo hacemos algún día y no nos ponen carteles por la calle con nuestra foto como escarnio. Ya lo dice la sabiduría popular, quien no se moja no saca peces.
Los chimpancés también hablan de Paquirrín
Ahora ya puedes gritar a los cuatro vientos con la cabeza bien alta en cualquier cena con comensales intelectuales que eres fan del Jorge Javier del Tomate y que María Patiño es tu guía espiritual, porque el cotilleo se va a poner al nivel de la reflexión filosófica. Y es que me estoy leyendo el último del Punset, El viaje al amor, del que seguro que os hablo cuando lo acabe porque me está encantando, y hay un punto muy interesante que trata de la aparición del lenguaje en los humanos. Parece ser que efectivamente poseemos un gen que nos predispone a hablar, pero que tuvo que haber un detonante que provocara su aparición en nuestros antecesores. Según unas investigaciones antropológicas, el lenguaje tiene su origen en las sesiones en las que nuestros antepasados los chimpancés se quitaban las pulgas los unos a los otros y durante las que se dedicaban a chismorrear, que constituía nada más y nada menos que un 30% de su tiempo.
Así que, ya podemos desterrar esos remordimientos por “comentar” la vida de nuestros amigos cuando quedamos con otros amigos, ya se sabe, no se puede faltar nunca a las cenas de grupos porque se aprovecha para hablar del que no está, fijo. Y también podemos platicar abiertamente en la pausa del café con los compañeros de trabajo sobre la orientación sexual de Marichalar, o sobre la última churri de Paquirrín, porque, ¿de qué creéis que cotilleaban los chimpancés? Pues de qué va a ser, de quien se lo hacía con quien, no hemos evolucionado tanto. Y digo yo, que si la actividad del chismorreo ha sido tan capital para la historia de la humanidad, no vamos a renunciar a ella, ¿no?
Ah, os adelanto otra pasmosa revelación del libro, que el topillo de las praderas es la especie más monógama de los mamíferos.
Tengo que daros una noticia que, siendo a priori buena, resulta de facto un poco decepcionante. Parece ser que el robafelpudos ha cesado sus hostilidades contra la comunidad de mis padres... Como ya os comenté, parecía que se había tomado unas vacaciones porque en todo el verano no había cometido ninguna de sus habituales fechorías: estrellar huevos en el ascensor, rallar las puertas con alguna inscripción malsonante, poner típex en los timbres del interfono... Pero la prueba más contundente es que algunos vecinos ya hace semanas que se han atrevido a colocar sus felpudos ante sus puertas y no les han sido sustraídos. Es muy posible que la denuncia que puso el presidente de la comunidad en la policía haya tenido un efecto disuasorio, lo cual es un descanso para los vecinos, pero claro, es que nos vamos a quedar con las ganas de saber quién ha sido.
Os tengo que confesar que albergo la íntima esperanza de que algún día el robafelpudos no pueda contenerse y vuelva a actuar, y de hecho, si es quien yo creo que es, me apuesto lo que sea a que no podrá retener su malignidad por mucho tiempo y volverá a atentar contra la vecindad, pero esperando que entonces cometa un error fatal que permita descubrirlo.
Aunque claro, igual no es quien yo creo que es, igual la pobre Antonia sólo tiene pinta de maruja psicópata (que, por cierto, acaba de estrenar un nuevo teñido de pelo amarillo pollo) pero en realidad no lo es. De hecho, si
Siguiendo con el monográfico sobre Italia, os descubro un pequeño placer
para amantes del café que me ha enseñado Cenza:
hacerle una deliciosa crema al café.
Aquí os enseño como se hace con una cafetera de las de toda la vida,
aunque se puede hacer también en máquina.
Se pone la cafetera en el fuego con la tapa levantada
(esto último es importante).
En la misma taza en la que vamos a tomarnos el café, se ponen un par de cucharaditas de azúcar (la cantidad de azúcar depende del gusto del consumidor, puede ser más o menos, se le va
cogiendo el puntillo con la práctica).
Hay que estar al quite, y por eso hay que dejar la tapa levantada, porque, en cuanto sale el primer café, se vierten dos o tres gotas en el azúcar que tenemos en la taza.
y se remueve enérgicamente hasta que la mezcla se convierte en una pasta. Sobre todo, no tiene que quedar líquido, por eso sólo se echan un par de gotas. Cuidadín porque si no se coge el primer café, no sale, yo misma lo he probado varias veces y efectivamente sólo sale bien si se coge el primer café.

Et voilà, este es el resultado, podéis comparar un café con crema y sin crema.
Estos días en Italia me he estado repitiendo a mí misma cómo es que no había ido antes, así que, a partir de ahora tengo claro que voy a ir más a menudo. Tras un inicio un tanto tormentoso, los últimos días en casa de Cenza y Marco han sido lo mejor.
En guisa de retahíla, ahí van los mejores recuerdos del viaje: sentarse en una plaza de Roma a ver qué hace la gente, dejarse llevar por el caos de Roma, la cremina del café que hacía Cenza por las mañanas, la visita en barco de le Cinque Terre, sentarse entre las estatuas de
e tante altre cose...
¡Nos vemos a la vuelta!Ahora me estoy leyendo Las nueve revelaciones, que para quien no se lo haya leído, es ideal para llevárselo a la playa, es un cóctel de aventuras, misticismo y filosofía muy entretenido. Además, es la mar de ameno porque hace una serie de afirmaciones que al menos yo no puedo evitar experimentar. Verbigracia, un día que precisamente me lo estaba leyendo en la playa, el protagonista aprende a ver la energía que emanan las personas: le hacen tumbarse boca arriba en mitad del campo y, con el cielo como fondo, junta las yemas de los dedos índice, luego separa los dedos un par de centímetros, y se los aleja y acerca hasta que ve unos hilillos de energía entre los dedos. Y yo, que en ese mismo momento estaba en esa misma postura, me dije a mí misma que había que probarlo, así que, junté las yemas de los dedos índice, luego los separé, los alejé, luego los acerqué a mí, luego los volví a alejar un poco, desenfoqué la vista... después volví a repetir el experimento pero sin las gafas... Desde luego, sólo me faltaba ponerme a soplar para parecerme a aquel mítico Carlos Jesús, pero nada, no vi los hilillos de energía, está claro que no he alcanzado el nivel de conciencia necesario del que habla el libro. Así que, si alguien lo prueba y consigue ver los hilillos, por favor, que nos lo comunique, y entonces contaré el segundo experimento, el de la energía de las plantas, pero ese requiere aún más nivel de conciencia, y los que aún no vemos los hilillos entre los dedos, no estamos preparados para ver el aura de las plantas.
El dedo acusador
Se estrecha el cerco en torno al autor de los atentados contra la propiedad en la comunidad de mis padres, finalmente los vecinos han pasado a la acción, han ido a la policía a denunciar los hechos e incluso están pensando en instalar una cámara en la escalera si esto no amedrenta al malhechor.
Como os podéis imaginar, mi concentración en el estudio no ha podido con mi curiosidad ni con mi afán por emular a la gran Jessica Fletcher, porque, como me dijo una vecina del tercero que había pegado el felpudo al suelo con silicona, pero que aún así se lo habían arrancado, y a la que interrogué como quien no quiere la cosa sobre el tema subiendo en el ascensor, “aquí se va a liar la de Dios es Cristo”.
Por si se os han olvidado los antecedentes del caso, hago un breve resumen. En la comunidad de mis padres hay alguien que se dedica desde hace ya un año a cometer fechorías tales como robar los felpudos de todos los vecinos, rallar las puertas, tirar trozos del tocino del jamón por la escalera, dejar unos bonitos huevos estrellados en el ascensor y robar la mesita y el jarrón de flores que una vecina del tercero colocaba delante de su puerta.
Pues el robafelpudos ha dado un paso más allá, más retorcido y sobre todo muy peligroso. Un día que se estropeó el ascensor y tuvieron que venir a arreglarlo, se descubrió que el techo estaba totalmente cubierto de papeles de propaganda y de colillas, y el propio operario que vino afirmó que no había visto nunca algo así, que era peligrosísimo porque podía provocar un incendio, y que la única manera de que aquello llegara allí es que alguien los metiera conscientemente por una rendija en la puerta del rellano del ascensor cuando éste estuviera en una planta inferior. Acto seguido, el presidente de la comunidad se personó en la comisaría para denunciar todo lo que estaba sucediendo en el edificio.
Y a quien desde hace semanas estoy deseando encontrarme en el ascensor en mi visita semanal a casa de mis padres, es a
Próximamente os haré un retrato de ella y su familia, y os expondré por qué algunos empezamos a sospechar de ellos.
El retonno
No, aún no sé si he aprobado o no, hace una semana hice la última prueba y a partir del 14 estarán los resultados, y ahora me estoy recuperando del infierno en que se han convertido estos últimos meses en los que casi pierdo la salud física y mental.
Una grandísima amiga que tiene premoniciones (no, no me he vuelto loca de tanto estudiar, ni mi amiga es una friki, es una tía estupenda, muy seria y muy cabal, pero qué queréis que os diga, tiene algo así como visiones de cosas que van a pasar, yo siempre he sido muy escéptica en cuanto a estas cosas paranormales, pero cada vez lo soy menos), me dijo, cuando empecé a estudiar en serio, que no sabía decirme si iba a aprobar o no, pero que pensaba a menudo en mí y que siempre me veía feliz. Esto, además de emocionarme sobremanera en aquel momento, llamadle autoengañarse o agarrarse a un clavo ardiendo, pero ha sido la idea que me he repetido a mí misma durante estos meses para animarme. Así que, me pongo en manos del destino, sabiendo que sea cual sea el resultado voy a ser feliz.
Bueno, pues, hay que poner esto al día, que hay un montón de temas pendientes: las nuevas fechorías del robafelpudos de la comunidad de mis padres, las novedades sobre el profesor de economía de mi instituto, nuestras disquisiciones habituales sobre el amor y la vida, la visita de Cenza y Cerine, más recetas ricas ricas, recomendaciones literarias y algún tema sorpresa que no voy a desvelar aún. Así que, a ver si os reengancháis poco a poco y nos volvemos a echar unas risas juntos.
Cierre temporal
Entre horas voy escribiendo estas historias para que también vosotros entre horas las leáis. Espero que os resulte entretenido. ¡Besos!