lunes, 28 de enero de 2008
miércoles, 23 de enero de 2008
Como últimamente me estáis ayudando mucho en mis quehaceres domésticos, os quería comentar otro tema que me quita el sueño.
A mí lo que me gustaría saber es si todo el mundo tiene en su casa tanta parafernalia con las basuras como yo o si tenéis alguna manera mejor de organizaros. Yo estoy muy concienciada con el medio ambiente y con el cambio climático, pero claro, es que en mi casa tengo una central de reciclaje que me apabulla, porque, además de la separación sagrada de papel, vidrio y envases, luego están todas esas cositas con las que no sé qué hacer como: papel plastificado (quién se inventaría esta combinación demoníaca), los kleenex sucios, las compresas, los cartuchos de tinta, los aparatos electrónicos, los espráis... Hay cosas, como los cartuchos de tinta y los espráis, que los guardo durante un tiempo en una quinta o sexta bolsa que pongo en la cocina con la idea de llevarlas (algún día) al camión ese de reciclaje que pasa una vez a la semana por mi barrio, pero me acabo cansando de verlos amontonarse y finalmente los tiro a la basura normal. (Perdón, perdón, perdón...). Además, alguien me dijo una vez que los envases a los que se les quedan restos de comida enganchados hay que enjuagarlos un poquillo, por ejemplo, el plástico del paté o la terrina de la mantequilla. Y yo, tengo que admitir que pese a mi conciencia ecológica, me da muchísima pereza hacer esto... vamos... que no lo hago... Aunque, eh, sí que le quito las grapas al papel, en eso sí que me entretengo...Y se me olvidaban las pilas y los medicamentos, que hay muchos sitios donde llevarlos, pero también hay que tener una basura para ellos en casa, o sea, ya nos vamos a la séptima u octava bolsa.
Yo es que, entre las basuras, la garrafa de agua y la garrafa de aceite del pueblo, ya no quepo en la cocina.
Pero, aún hay más...
Espero que no me miréis mal (o peor) después de esto... A ver, yo pongo religiosamente el aceite de cocinar usado en un botecito de cristal, pero, cuando ya tengo dos llenos y voy a empezar un tercero, me admito a mí misma que no lo voy a ir a llevar al punto verde, y lo acabo tirando por el desagüe. Sí, ya sé que esto es lo peor y que arderé en el infierno por ello...
Y vosotros, ¿qué demonios hacéis con las basuras...? ¿Vosotros lleváis el aceite? ¿Enjuagáis los envases? ¿Quitáis las grapas al papel?
domingo, 20 de enero de 2008
Como veo que el tema de las pinzas ha desatado tantas pasiones, y no sólo en mi persona, he decidido probarlas hoy empíricamente según las respuestas que vosotros me habéis dado.
Tras buscar en balde el lugar de mi alma donde se halla mi desazón para poder arrancarla, probé la aptitud del artilugio en otro menester más mundano e intenté depilarme, empresa igualmente infructuosa comparable a querer arrancarse un pelo con los dedos llevando guantes.
Seguidamente, intenté utilizarlas con el pescado, nuestra hipótesis principal, y ya os podéis imaginar la alegría y el alboroto que sentí al comprobar que efectivamente eran idóneas para sacar las tan fastidiosas espinas.

De igual manera, comprobé que eran aptas para llevarse la comida a la boca, conque, a ver si a lo tonto a lo tonto hemos hecho un descubrimiento y vamos a tener que patentar la idea y vendérsela a los japoneses para comer sushi.
Sintiéndolo mucho, no he tenido el valor suficiente para experimentar su eficacia como arranca-espinas-clavadas-en-la-garganta. Sí, soy una cobarde.
Para lo que también sirven es para taparse la nariz en caso de malos olores, y para pinzarse la oreja, por ejemplo, cuando uno está aburrido en casa mirando la tele...
miércoles, 16 de enero de 2008
Mon dié, mon dié... qué dura es la rentrée...
Bueno, pues, siguiendo con el tema de los regalos de Reyes (sí, ya veis que en este momento tengo poca cosa interesante que contar...), además de la fabulosa máquina de pan, h
e recibido otros estupendos regalos, y en especial uno que me tiene intrigada, para el que pido vuestra inestimable e impagable colaboración. Y es que, en la pescadería a la que voy normalmente me regalaron esto que veis en la foto, que ignoro lo que es y para lo que sirve, me lo dieron envuelto, así que, no pude preguntar, aunque la verdad es que yo soy la típica a la que le regalan algo que no tiene ni la más remota idea de lo que es y dice :"Ah, qué guay... precisamente quería comprarme uno de estos...". Así que, seguramente tampoco lo habría preguntado...Son una especie de pinzas de madera, si me las han regalado en la pescadería, ¿digo yo que serán para comer pescado o marisco...? ¿O no tiene nada que ver? Qué ignorante que soy...
Vivo sin vivir en mí, espero que alguien me arranque esta desazón.
domingo, 13 de enero de 2008
jueves, 10 de enero de 2008
-Ya estamos...¿Qué es lo que no tienes claro?
- Me vas a matar... No sé qué me pasa... es muy buen tío, pero... no sé... no sé si es que soy imbécil y no soy capaz de ver lo que tengo delante y sólo me vuelvo loca por los tíos que no debo....
- Pero a ver, ¿qué problema hay?
- Pues mira, al principio yo me sentía muy relajada con él, pero ahora me frustra un poco que sea tan tranquilo y tan poco hablador... Y luego, él tiene una filosofía de la vida que su lema podría ser “como no se puede cambiar nada, para qué preocuparse por las cosas”. Y claro, es que le cuentas cualquier problema, del trabajo por ejemplo, y su respuesta es siempre que pase y no me agobie. Y bueno, no sé, tampoco creo que me agobie, simplemente le cuento lo que me ocurre. O a lo mejor sí me agobio, no sé, ya dudo de todo, quizá debería aprender a pasar de todo como él... Total, que últimamente cuando estoy con él, ya no me siento relajada, sino apagada...
- Pero, ¿tú qué sientes por él...?
- Pues eso, que es muy buen tío, que está por mí...
- Eso de que es muy buen tío, ya me lo has dicho unas cuantas veces, ¿pero tú estás enamorada o no?
-.... no lo sé...
- ¿No te gusta cómo es..?
- A ver, no es que no me guste como es...Lo que te decía antes, que no sé si es que no soy capaz de ver lo que tengo delante o....que quizá él no es para mí...no lo sé... eso de que los polos opuestos se atraen, pues sí, pero no sé si es lo mejor... no lo sé...
- Bueno, os estáis conociendo... os estáis adaptando el uno al otro... ¿no?
- Sí....Creo que me como demasiado la olla, quizá debería pensar menos y todo sería más sencillo...A lo mejor es lo que tú dices, que tengo que encontrar mi lugar... Si el problema lo tengo yo, no él...
-Tráetelo un día que lo conozca.
-Sí, eso haré, a ver qué te parece a ti...
- Qué bien te queda el caoba a la cara, nena... El de la lijadora se va a quedar flipao cuando te vea...
- Sí, porque además, es de los que se dan cuenta cuando te pones guapa...
- Jo tía, pues si para ti no te gusta, preséntamelo a mí...
martes, 8 de enero de 2008
- ¿Y qué fue lo primero para lo que quedasteis?
- La primera vez que quedamos fue para hacer fotos por el centro, y estuvimos más de dos horas. Yo me había dado cuenta, por supuesto, pero me hice la longui y él también... Al cabo de unos días, quedamos en mi casa para restaurar los muebles de mi abuela, y ahí ya había una tensión que no veas, ese día estábamos súper nerviosos los dos. Él se trajo la lijadora, y para lijar nos tuvimos que poner hasta gafas protectoras y mascarilla, no te lo pierdas. Aunque esto nos fue bien para rebajar un poco la tensión, estábamos tan ridículos que nos entraba la risa tonta....Porque claro, es que en casa no es como por la calle, hay una intimidad que corta mucho, y además, había roces... Que el tío no es pulpo ni nada eh, no no... pero claro había más proximidad, y por ejemplo, me tuvo que coger la mano una cuantas veces para que yo agarrara bien la lijadora, porque como estaba nerviosa, estaba un poco torpe y no la controlaba...
- Claro, claro...
- La semana siguiente volvimos a quedar, y seguimos en la misma tónica, por la calle más tranquilos, y en mi casa un poco nerviosos y cortados, pero bien. Y luego, estuvimos dos semanas sin vernos en navidad, y yo ya esos días me di cuenta que pensaba más de la cuenta en él...
- ¿Y cómo no me contaste nada cuando viniste en navidad...?
- No sé... mira, tontería... un poco por superstición supongo...Bueno, pues, la primera vez que nos vimos tras las vacaciones, fue para hacer fotos por Barcelona, y se notaba que los dos teníamos muchas ganas de vernos. De hecho, nos fuimos por la mañana y acabamos cenando juntos y estuvimos tonteando todo el día. Pero lo fuerte fue el día que tocó en mi casa... Teníamos que barnizar la mesa. Tú imagínate la escena: él detrás de mí, prácticamente encima, cogiéndome la mano, enseñándome como tenía que extender bien el barniz con la brocha sobre el tablero de la mesa. Yo estaba cardiaca perdida y no sabía ni lo que me estaba diciendo, a él le temblaba la voz y la mano mientras me hablaba, y claro, nos acabamos enrollando...
- ¿Con la mascarilla y las gafas puestas...?
- No mujer, para barnizar no hacía falta, eso sólo fue el día que lijamos...
- Tía, no había pensado nunca que la restauración podía ser tan sensual...
- Sí, sí, las manualidades dan mucho juego, sino, acuérdate de Ghost...Y bueno, desde entonces, llevamos un mes y medio viéndonos...
- ¿Y qué tal os va?
- El tío es muy majo, muy buena persona, muy inteligente, muy tranquilo...Con él todo es como muy sencillo... está mucho por mí...
-Tía, pues me alegro un montón, porque esto tiene buena pinta, ¿no?
-Pues....
-¿Pues qué...?
-Tía... que no sé qué me pasa... pero no lo tengo claro....
Lo que no tiene claro Claudia, el viernes...
domingo, 6 de enero de 2008
Como teníais tantas ganas de que Claudia tuviera tema, aquí lo tenéis.
- Claudia, qué sorpresa, no te esperaba yo hoy.
-Hola guapa
Muak muak
-Pues mira, que me he dicho hoy, voy a ponerme el tinte que me veo ya muchas canas...
- A ver... mujer, no se te ve nada... ¿desde que te has operado de la vista tienes visiones, o qué...?
-Qué poco miras por el negocio tú... Que me he echado un novio y tengo que estar guapa. Ponme un caoba.
-¡Mujeeeer, eso se dice antes, y no andarse con tantos rodeos! Anda, pasa al lavacabezas.
- ¿Y quién es él?
- En qué lugaaar se enamoró de ti... je je Pues mira, lo conocí a través de Loquo...
- Pensaba que habías dicho que no ibas a volver a quedar con ningún tío que hubieses conocido en internet después de la experiencia del Meetic...
-Pero es que yo no iba buscando a ningún tío... o sí... bueno, no sé, no me líes... Pues que un día una compañera del trabajo me dijo que había puesto un anuncio en Loquo para encontrar algún estudiante extranjero que le diera clases de inglés y ella a cambio le daría clases de castellano o catalán. Así que, un día que estaba aburrida en casa, entré en Loquo a chafardear el anuncio que había puesto mi compañera y de paso miré qué más había por allí. Me llamó la atención una sección que se llamaba “trueque de habilidades” y entré a ver qué. Leyendo, encontré un anuncio de un chico que quería aprender fotografía y a cambio enseñaba a restaurar muebles, y entonces yo me acordé de una mesa y unas sillas antiguas de mi abuela que mis padres guardaban y que siempre me habían gustado e incluso yo había pensado alguna vez en restaurarlas, pero de aquellas cosas que dices y luego nunca haces...
- ...y como tú sabes un montón de fotografía...
- Pues eso, que me dije que porqué no, que podría ser una buena idea. Así que, contesté al anuncio por mail y al día siguiente el tío me respondió explicándome un poco lo que él esperaba y lo que podía ofrecer y me puso su teléfono para que lo llamase si yo estaba interesada. Y lo llamé aquella misma noche.
- No te lo pensaste mucho...
- No, no me lo pensé mucho porque tenía como una intuición... Así que lo llamé, y hablamos nada, cinco minutos, y quedamos dos días más tarde para hablar en persona en una cafetería.
- ¿Y qué tal el primer encuentro?
- Yo inicialmente me había planteado que si el tío me daba buen rollo, decirle que podíamos quedar dos días una hora cada día, un día para la restauración y otro para la fotografía, pero cuando vi que era guapo me dije que quizá mejor dos horas cada día.
- ¿Y si hubiera sido feo?
- Si hubiera sido feo no pasa nada, pero si no hubiera habido buen rollo o no me hubiera dado buena espina ya el primer día, me habría escaqueado de alguna manera...
-¿Y entonces qué?
- Por cierto, no te he dicho como se llama, Rubén. Pues eso, que hubo buen rollito desde el principio. El tío ya me pareció desde el primer momento muy normal, sincero, muy majo, tranquilo, un poco tímido.... Me explicó que era informático y que le gustaba mucho el bricolaje, y yo también le conté un poco mi vida... Luego hablamos del trueque, yo le propuse lo de las dos horas y a él le pareció bien. Estuvimos hablando a ver cómo lo podíamos hacer, lo que los dos esperábamos del trueque y nos pusimos de acuerdo en seguida. Quedamos que lo de la restauración lo haríamos en mi casa y me escribió lo que tenía que comprar y me dijo que él traería algunas herramientas que no hacía falta que yo comprara que eran muy caras. Para la fotografía, me dijo que tenía una cámara digital normal, que había pensado comprarse una buena, pero que no sabía muy bien, y le dije que por ahora le dejaría una de las mías y que ya le asesoraría yo para comprarse una. Al final me contó que había quedado la semana anterior con una chica que se había interesado por el anuncio, pero que le pareció muy rara y él escurrió el bulto como pudo...
- Oye, pues sí que conectasteis rápido...
- Sí, sí, ya te digo, desde el primer día todo fue como muy sencillo, muy natural...
-Me gusta, eso de sencillo...
domingo, 23 de diciembre de 2007
miércoles, 19 de diciembre de 2007
Body and Soul- La estalactita de Napoleón
- ¿Qué te pusiste?
- Pues mira, un pantalón tejano ajustado con las botas de montar y el top ese negro súper escotado con perlitas, el de las mangas de campana, y no vine a peinarme porque no pude, pero me estiré yo misma el pelo con la plancha.
- Monísima...
- Para lo que me sirvió... Bueno, pues él también se había arreglado, iba con una camisa blanca y estaba muy guapo, aunque él no es que sea guapo guapo, sino que tiene algo especial. Así que, fuimos a ver la peli francesa de la que me había hablado “Las aventuras amorosas del joven Molière”, que por cierto, me pareció un auténtico coñazo, aunque no se lo dije así, claro. Cuando al acabar la película me preguntó si me había gustado le contesté, “está bien...”. Y entonces, él inició un monólogo sobre el que al principio me mostré interesada, pero luego la verdad es que me pareció bastante rollo patatero intelectualoide y me empezó a molestar porque nos empezó a criticar.
-¿A quién?
- Pues a nosotros. Empezó diciendo que, como no habíamos visto la película en versión original, perdíamos muchas cosas, porque claro, en Sabadell somos unos provincianos y no hay cartelera de calidad ni películas en versión original, y que la gente aquí es bastante simple.
-¿Eso te dijo? ¿Y tú que le dijiste?
- Pues me molestó un poco, pero como era el principio de la noche, intenté explicarle que es verdad que aquí no tenemos mucha oferta cultural porque Barcelona está muy cerca y está casi todo allí, pero vamos, que me parece que no me escuchaba mucho mientras le hablaba. Y, por cierto, que al día siguiente llamé a Laura para preguntarle cómo demonios es el Clermont-Ferrand ese de donde es él, y me dijo que no se ponga tan estupendo porque eso está en el centro de Francia entre montañas, donde cristo perdió la zapatilla, y allí van con boina aún.
- O sea, que el palurdo es él...
-Vamos... Así que, llegamos al restaurante, miramos la carta, y él enseguida me dice que hay una ensalada muy buena que podemos compartir, y a mí me pareció buena idea. Y entonces él me explica que de segundo se va a pedir una esqueixada y que no va a beber nada, porque ya había bebido agua antes de salir de casa, y que no bebía durante la comida porque le sentaba mal.
- ¿Cómoooo?
- Como lo oyes... Yo me quedé a cuadros. En un primer momento incluso pensé que era algo típico francés, pero luego me di cuenta de que no. Y entonces, me empezó a soltar un rollazo sobre como la gente abusa de la comida y que en realidad no hace falta comer tanto, y que hay que comer cosas que no estén muy cocinadas, porque los alimentos pierden sus propiedades... Ahí yo ya me empecé a temer lo peor... Así que, pensé que me tenía que animar, miré la carta, y me pedí un entrecot al roquefort y le dije que yo iba a pedir vino, y él me contestó que, por supuesto, que pidiera lo que quisiera, y pedí el vino más caro de la carta, por si las moscas eso era lo único bueno que me iba a llevar aquella noche.
- Pero... ¿qué es, vegetariano...?
- Qué va... es raro con ganas simplemente. Y luego, volvimos al tema de la película, y de ahí pasó, no sé cómo, a hablar del Guiñol, me dijo que el auténtico era el francés, que el que hacen aquí no tiene ni punto de comparación, porque el de allí sí que tiene un sentido del humor fino y sí que son críticos, porque nosotros no somos suficientemente críticos, sobre todo con la monarquía, (sobre el rey me pegó un rollazo que no veas), y que también somos unos conformistas, y que lo que pasa aquí con los medios de transporte es una vergüenza, que la gente no se manifieste, que en Francia ya habrían hecho una revolución...
- Qué pesao el tío...
- Yo estaba que echaba chispas, ya era consciente de que la noche era un completo fiasco e iba dándole que te pego al vino, para ahogar mis penas y para contenerme y no soltarle un par de frescas, que total, no iban a servir de nada. A ver, si yo no digo que no tenga razón en algunas cosas, pero es que el tío es un egocéntrico prepotente. Y digo yo que en Francia tampoco harán las cosas tan bien cuando están en crisis desde hace no sé cuantos años y no salen ni a la de tres.
- Tía, qué mala suerte tuviste...
- Pero espera, que ahora viene lo mejor. A mí ya me había dado el bajón, pero él estaba en su salsa, en realidad, yo creo que le daba igual si yo hablaba o no, a él sólo le importaba soltarme su rollo, y entonces, me preguntó si me había enterado que hacía poco habían encontrado en Siberia a todo un regimiento del ejército Napoleón congelado, y que ahora, con el deshielo del cambio climático, había salido a la luz. Y yo, que ya llevaba más de la mitad de la botella, lo oía a él y a su perorata como a lo lejos, y se me vino a la cabeza el cuadro aquel de Napoleón con la mano en el pecho, pero congelado y con un moquillo de estalactitas que le caían de la nariz, y me entró la risa tonta, y no podía parar. Él, creo que se pensó que me hacía gracia él, y le vi que estaba encantadísimo de conocerse a sí mismo y de que yo me riera con él, aunque yo de lo que me estaba riendo era de mi puñetera desgraciada noche...
- Qué tío...
- Espera, espera... Cuando llegó la hora de los postres, yo pedí tarta de chocolate y él un té de canela, y cuando le dijeron que se les había acabado el té de canela, pero que tenían de todos los otros tés, él me dijo que nos fuéramos a otro sitio porque él sólo tomaba té de canela.
-¡Quéeee...!
-Yo no sabía qué cara ponerle, y él me insistió que lo único que bebía era té de canela, ni alcohol, ni zumos, ni bebidas con gas, sólo agua y té, y sólo de canela, y como allí no había, teníamos que ir a otro sitio.
- Qué fuerte... ¿Y tú qué le dijiste?
-Yo me había trincado ya la botella entera y no estaba para reaccionar, y me daba igual ocho que ochenta y le dije que vale.
- ¿Y os fuisteis a otro sitio?
-Entonces, tuve la prueba de que Dios existe y que me deber querer, o que le di pena, porque al salir del restaurante vi que se acercaba un taxi, y me tiré a lo kamikaze delante de él, que de puro milagro no me atropella, y mientras abría la puerta y me metía le grité que me había sentado mal el vino y mejor me iba, y mientras yo cerraba la puerta le oí decir: ”Te llevo a casa”.
- ¿Y has sabido algo más de él?
- Sí, al día siguiente me envió un mensaje para preguntarme si me encontraba bien, y yo le contesté escuetamente que sí, y como esta semana no he ido al cursillo, y era el último día, me envió otro sms preguntándome si estaba enferma, y no le he contestado.
-Qué historia... me duele la barriga de tanto reír...
-Calla, calla, que esta semana he soñado dos veces que llegaba a casa y me encontraba esperándome a Napoleón congelado cayéndole una estalactita de la nariz.
domingo, 16 de diciembre de 2007
-Hola Claudia.
-Hola Marina, guapa.
Muak, muak
-¿Qué tal todo? Oye, que me han dicho que te han ascendido en el trabajo, enhorabuena.
-Ay sí, gracias, aunque no veas la de problemas que me está dando...
-¿Ah sí? ¿Por qué?
-Nada, que desde que me han ascendido tengo serios problemas con una que hasta ahora yo creía que era no sólo una buena compañera sino también amiga. Pero bueno, esto ya te lo cuento otro día, que hoy no tengo ganas de hablar de malos rollos, tengo otra cosa más interesante y divertida.
-Cuenta mientras te lavo...
-Tía, es que, lo que no me pase a mí, no le pasa a nadie...
-Qué has hecho ahora...
-Es que no sé cómo me lo monto para ir a conocer a los tíos más frikis del planeta...
-Uy... qué miedo me das...
-Bueno, ¿te acuerdas que me apunté a un cursillo de risoterapia en el centro cívico de mi barrio? Pues conocí allí a un tío con el que quedé el sábado pasado, que al principio me pareció que era muy simpático y tenía mucha personalidad, pero ha resultado ser más raro que un perro verde...
-¿Ah, sí? ¿Raro en qué sentido?
-Bueno, mejor te lo explico todo desde el principio para que se entienda bien.
-Eso, que lo entienda bien...
-En el cursillo este había un chico francés, no especialmente guapo, pero de esas personas con mucha personalidad y mucha labia que en seguida empezó a destacar por sus comentarios y su simpatía, además, tiene un acento graciosísimo, él nació en Francia, pero su madre es de Cádiz y su padre francés, y cuando habla castellano tiene una acento gaditano-francés muy chistoso. Aunque a veces se hacía un poco cansino en clase, pero bueno, tampoco exagerado.
-Que le gusta ser el centro de atención, ¿no?
-Sí...Bueno, pues, la última media hora de la clase la dedicábamos a hacernos masajes por parejas...
-¿Masajes o cosquillas...?
-No, no, masajes normales por la espalda, no para reírse, sino para relajarse, como parte de la terapia de bienestar personal. Y el masaje te lo hacías con la persona que estuviera a tu lado en clase. Claro, el primer día, como esto no se sabía, me senté casualmente junto a un señor de unos cincuenta, tímido, gordito y con cara de buena persona, pero no sé si era la ropa, que no se había duchado o que tiene otro tipo de problemas, pero el pobre olía fatal, y lo malo no fue hacerle yo el masaje, sino mientras él me lo hacía a mí, ahí, aireando él sus axilas. Así que, el segundo día, ya iba preparada y me dije que había que llegar con tiempo para elegir compañero, y me situé estratégicamente al lado de una chica joven que me había parecido simpática el primer día, y todo fue bien. El tercer día de clase, mientras esperábamos en la puerta que llegara la profesora, el francesito, que por cierto se llama Julien, me empezó a hablar y, al entrar juntos en clase, ya nos sentamos juntos y a partir de aquel día, como nos caímos muy bien de entrada, siempre nos sentábamos juntos.
-¿Y qué tal el francesito haciendo masajes?
-Jo, muy bien, y además, como el tío me estaba empezando a hacer tilín, pues más aún... Así que, un día al final de la clase, como siempre nos quedábamos hablando un rato a la salida, porque al tío parece que le den cuerda hablando, me dijo de ir a tomar algo, y yo le dije que vale.
-Entonces a ti te gustaba...
-Bueno, a mí por una parte me gustaba, me parecía simpático e incluso interesante, y por otro lado lo encontraba un poco apabullante... Pero, como lo acababa de conocer, no sabía muy bien... Así que, fuimos a una cafetería y él se pidió un té de canela y yo también me pedí otro té. Empezamos a hablar de cine, me dijo que acababa de salir una película francesa, y me propuso ir a verla el sábado y después ir a cenar, y yo le dije que sí.
-¿Y a qué se dedica?
-Pues es arquitecto y trabaja en el ayuntamiento, es la persona que decide de qué color se pintan las fachadas de los edificios.
-¿Ah, pero para eso hay una persona en exclusiva?
-Pues al parecer sí, él sólo se dedica a eso, y no veas cómo se puso cuando pasamos por delante de un edificio y le dije que ahora se llevaba el amarillo, me corrigió indignadísimo que eso era ocre... Bueno, y tengo que confesarte una cosa muy fea... Que el día que fuimos a tomar el té, le mentí en la edad...
-¡Quéeee!
-Sí... no lo hice queriendo, te lo juro que se me escapó, fue sin querer... Cuando me dijo que tenía veintiocho años, me entró el pánico y me pareció que no le podía decir que yo ya estaba en los treinta, y le dije que tenía veintinueve, total, sólo me quité tres años...
-Pues cuando aquel tío del Meetic te lo hizo a ti, anda que no te sentó mal...
-Eh, que aquel tío me dijo quince años menos, no compares... Bueno, total, que me dijo que me llevaría un restaurante que él conocía y me dejó caer que era un poco especial con la comida, que no le gustaba la carne ni el pescado, entonces yo le propuse ir a un vegetariano y él me contestó que no le gustaban los vegetarianos...
Lo que pasó en la velada, próximamente...
domingo, 9 de diciembre de 2007
Hoy va la cosa de sueños.
Hace unos días estuve en un espectáculo de danza de una amiga de Edu que actuaba en un centro cívico de Barcelona. Cristina expresaba de forma conceptual su calvario personal hasta que definitivamente decidió tirarse de cabeza a intentar dedicarse de forma profesional a la danza dejando de lado una profesión muy bien pagada. Mercedes ha tomado el mismo duro camino e intenta que le publiquen su novela “Memorias de un gurú”. Cenza se plantó un día y se dijo que estaba harta de hacer trabajos en los que no se sentía realizada y enfrentándose a todo y a todos hoy ya es profesora, que era lo que quería.
"...preferirán estar muertos a vivir recordando que no se atrevieron a intentarlo" nos dice Cristina.
De mi parte, para todos los que luchan por conseguir sus sueños, esta mano-paloma encontrada en una calle de Málaga.
Los que nos seguís habitualmente, recordaréis que hace unos meses salió un día a bote pronto la idea de ir al carnaval de Venecia, y lo poco que nos costó a algunas decidirnos. Como no habíamos hablado más de ello aquí, pudiera parecer que la idea había caído en saco roto. Nada más lejos de la realidad, todo se estaba tramando fuera del ciberespacio y ya tenemos billetes de avión y hotel desde hace semanas.A dos meses escasos para el carnaval, ¡Venecia no es un sueño y nos está esperando!
domingo, 2 de diciembre de 2007
Muak, muak
- Ay hija, si que hace tiempo que no vengo... Es que está la cosa mu mala, ya sabes que con la paguilla que tengo no me da para casi nada... Pero es que, mira qué pelos que tengo, que ya me da vergüenza salir a la calle así...
-Pues no se preocupe que la vamos a dejar aún más guapa de lo que es por muy baratito.
-Ay, qué salerosa que eres, niña.. que Santa Lucía te conserve la vista... a mí ya no me arregla ni el santo de las causas imposibles... Péiname sólo, no me pongas el tinte, que no me da para tanto..
-Que sí, mujer, no se preocupe que hoy hacemos oferta.
-¿Niña, te ha dao ya tu madre la planta del dinero que le di para ti?

- Ay, sí, se me había olvidado. Muchas gracias, es lo primero que he llevado al piso, le da alegría, por ahora está casi vacío.
-A ver si a ti te da suerte, porque yo tengo unas cuantas, que las he ido trasplantando yo misma, pero la paguilla no se estira. Por cierto, el piso es de alquiler, ¿no niña? A mí siempre me ha parecido que el alquiler es tirar el dinero, pero la juventud de hoy lo tenéis muy difícil...
-Sí, yo no puedo hacer otra cosa, ya tenía ganas de irme de casa de mis padres, que ya sabe usted que yo estoy muy bien allí, pero ya tengo una edad y ganas de hacer mi vida.. Así que, me he llevado el colchón y duermo sobre el suelo, me he ido con cuatro cosas que me han dejado, ya ve usted... No tengo ni tele ni nada, pero, para lo que dan, mejor leo.
-Di que sí, niña, hay que ver lo guapa y lo apañá que eres, a ver si te sale un novio pronto..
-Sí, bueno... ¿Y como está el señor Felipe?
-Pues mira, está allí en la residencia, que no conoce a nadie, ni a mí siquiera. Hay que ver, adonde tenemos que llegar las personas... A mí últimamente me confunde de su madre y cada vez que voy me dice que irá a darle de comer a las gallinas en cuanto se peine, fíjate tú lo que le ha dado por decir...qué ocurrencias...
-¿Y que va a verlo, cada día?
-Ay no, yo lo voy a ver el fin de semana, que me lleva mi hijo, el Juan, porque mira como tengo las piernas de la circulación, mira, mira las varices... Yo no estoy para ir andando al centro y tampoco puedo coger el autobús, así que, si no me llevan, no voy.
-Uy, pues sí que tiene usted mal las piernas...
- Niña, acércate, que esto no lo quiero decir muy fuerte, que la gente es mu mal pensá. Que digo yo que mi Felipe, que ya ni conoce a nadie, que Dios se podría acordar de él, porque yo con mi paguilla de 300 euros ya no puedo tirar palante.. Porque claro, su paga se la queda la residencia, como es natural.. Y cuando él falte, que yo ya sabes tú, por lo más sagrao, que yo quiero mucho a mi Felipe y no quiero que Dios se lo lleve, pero a mí me darán otra paguilla de viuda y así yo podré ir un poco más desahogá.
-¿Pero su hijo la ayuda, no?
-¡Uy, mi hijo! Ahora se ha cambiado de coche y dice que no tiene dinero. Porque es que la juventud de hoy en día lo tiene que tener tó. Se ha comprado un ordenador, y hace poco se compró una televisión de esas finas... o planas.... bueno, tú sabes lo que es... y también paga el intenes ese. Pero, que digo yo, que si uno no tiene dinero, que se puede vivir sin todas esas cosas, antes no teníamos nada de eso y vivíamos mu bien...Y claro, yo voy a buscar a mi nieto, al Samuel, al colegio, y luego le doy de comer, y yo le compro carne de la buena, porque el niño está creciendo y se tiene que alimentar bien, y se me va un pico en la carne cada mes, y eso que sólo compro para él, que yo ya no como carne. Así que, le tuve que decir al Juan que me diera dinero para la comida del crío, y me dijo que si no podía comprar carne, que le diera otra cosa... ¿Te puedes creer? Es que ellos sólo comen macarrones o papas fritas. Pero bueno, al final por pesá he conseguido que me dé algo...
-¿Y como le va a Samuel en el colegio?
-Pues el colegio no le va muy bien... Hace unos días llamó el profesor para que fueran sus padres, y tuve que ir yo, y como yo ya estoy mayor, no me entero bien de lo que me dicen. En resumidas cuentas, me dijo el profesor que el niño aún no sabe leer con 8 años, y que en casa nos teníamos que poner con él y ayudarle. Pero yo no puedo porque no veo las letras esas chiquitillas, yo ya no veo ni con las gafas...
- Es que son sus padres los que se tendrían que poner con él...
- Si, yo ya se lo he dicho al Juan, pero él dice que no tiene paciencia con el niño, y
- Mire qué guapa que está.
- ¡Virgen santa, si parezco otra! Ahora viene la dolorosa, a ver, cóbrame
- Son... cinco euros.
- ¿Cinco euros...? ¿No te habrás equivocao, niña?
-Ya se lo dije antes, que hoy hacemos oferta...
-Niña, pues no vayáis regalando las cosas, que la vida está muy cara, para ti también.
-No se preocupe, es sólo hoy. Déle recuerdos al Juan y a
-Que Dios te lo pague, hermosa... Ay, qué malica que estoy de las piernas... me voy a echar un rato antes de que venga el Samuel.
..................................
-Qué tonta que eres, Susana... No te preocupes que ya lo pondré yo...
-Menos mal que ahora les ha dado a tus amigas pijas por venir cada semana, así compensan tus obras de caridad...
-Anda, no exageres, que no es para tanto... La mujer es vecina de mis padres de toda la vida, siempre se portó muy bien con nosotros, y es que cada vez que viene me dice que a ver si Dios se acuerda de su marido para que le deje la "paguilla", y la verdad es que la veo cada vez más apurada...
-Sí, pues la "paguilla" sí que le da para empinar el codo, porque llegaba el tufillo hasta aquí...
-Pobrecilla...
-La próxima vez que venga, dile que le dé un empujoncito a su Felipe en la silla de ruedas...
-Qué bruta que eres...
-Era broma...
domingo, 25 de noviembre de 2007

Esta noche he tenido una pesadilla de la que me he despertado empapada en sudor y desencajada.
Era un día normal de clase, aunque yo no era del todo normal, yo era mi Mii de
Me los quedo mirando y pienso por un instante si pedirles que se coloquen por el color de la camiseta, por orden cromático, por el efecto óptico tan agradable que conferiría a la clase, pero abandono la idea. Así que, abro el maletín con mi mano-bolita, cojo los libros y les pido que saquen los suyos. Y ellos me responden al unísono flotando sobre la silla: “Profe, no podemos”. Entonces yo caigo en la cuenta de que no tienen manos, y les contesto: “Ah, es verdad... Bueno, pues hoy haremos oral. Primero escucharemos un diálogo y luego vosotros prepararéis otro parecido”. Así que, pongo el cd para escuchar un diálogo en el que una señora va a comprar un pollo a una carnicería, busco la pista correspondiente y le doy al play. Pero sólo se oye una melodía, “tiriti tiriti, tiritití, tiriti tiriti, tiritití”, la que te sale cuando te estás creando tu Mii, que, por muy simpática que sea, no es precisamente lo que quiero en aquel momento. Miro en la carátula del cd a ver si me he equivocado de pista, pero no, pruebo con las otras pistas, y resulta que en todas me sale la misma musiquilla. Casualmente dispongo de otro ejemplar del mismo cd, busco la pista, y vuelve a salir la misma melodía. Y yo, sin enfadarme ni nada, aceptando la vida tal y como viene, les digo que tenemos un problema técnico y que ya leeré yo el diálogo. Y ellos, que llevan todo el rato sonrientes, asienten flotando sobre sus sillas. Conque lo leo yo. Al acabar, les hago varias preguntas y ellos me lo responden todo impecablemente al unísono. Qué perfección, qué felicidad para un profesor, qué realizada me siento... Luego, les pido que con su compañero se imaginen un diálogo entre un vendedor y un cliente en una tienda de alimentación, semejante al que hemos escuchado. Y ellos van y ejecutan rápidamente mis deseos. Al cabo de un rato, le pido a la primera pareja que represente su diálogo en voz alta, y me repiten exactamente el mismo diálogo del pollo que yo les había leído. Les digo que no tiene ningún sentido repetir el mismo diálogo, que tenían que elaborar uno propio con los elementos que habían aprendido. Se lo pido a la siguiente pareja, y me recitan otra vez el diálogo del pollo. Me estoy empezando a cabrear. Señalo a una tercera pareja, y cuando escucho las dos primeras frases, les digo que se callen. Ahora sí que estoy enfadada. Los miro y les pegunto qué les pasa, que ese tipo de actividad ya la hemos hecho un millón de veces y ya saben que lo que tienen que hacer es inventarse ellos su propio diálogo. Ellos bajan la cabeza sin rechistar. Yo estoy que trino, no entiendo nada, no me puedo creer que estén callados, que no me contesten, que no reaccionen. Entonces, les empiezo a decir indignadísima que son uno borregos, que no tienen ninguna personalidad, que adónde van por la vida sin imaginación... pero ellos siguen con su cabeza gacha. Finalmente, enfurecida les acabo chillando “¡Pero queréis hacer el favor de reaccionar. Es que no tenéis sangre en las venas. Comportaos como niños de una puta vez, corred, chillad, reíd, jugad, pegaos, insultaos!” Entonces, se volvieron locos, todos los palotitos se pusieron a ejecutar mis órdenes exactamente en el mismo orden en el que yo las había pronunciado, correr, chillar, reír, jugar... empezándose a chocar entre ellos, estrellándose contra las paredes, y de los porrazos tan tremendos que se daban, se les caía la cabeza del cuerpo, y los palotes corrían sin cabezas y las cabezas rodaban por el suelo chillando, riendo, insultando, como yo les había pedido, en una escena dantesca... Y ahí me desperté.
Uf, espero que cuando el lunes llegue a clase sigan como siempre, sin hacerme ni puto caso ...
lunes, 19 de noviembre de 2007
Tengo 31 años, me llamo Marina, soy peluquera y vivo en Sabadell. Hace cuatro años con una amiga decidimos quedarnos con una peluquería de nuestro barrio que traspasaban. Yo aún vivo en casa de mis padres y ahora que el negocio empieza a darnos dinerillos, estoy buscando un piso de alquiler. La que no sé cómo se lo monta es mi amiga y socia, Susana, su marido es mecánico y tienen una niña, y además de la peluquería, está pagando letra del coche e hipoteca del piso, aunque cuando ella se lo compró, no estaban al precio de ahora. Bueno, yo también me compré un piso en aquella época, pero ya no vivo allí...Ahora las cosas nos empiezan a ir bien, pero hemos currado como burras. Los tres primeros años abríamos de lunes a sábado y algunos domingos por la mañana si nos lo pedían para alguna boda. Ahora ya podemos cerrar los lunes. Lo que me da miedo es la crisis económica de la que hablan, que es verdad porque todas las clientas se quejan de lo caro que está todo, y que si con el euro nos timaron, y que si las hipotecas no paran de subir, y que si ahora el pan, y que si hay que ir al Mercadona porque todo está muy caro... Y claro, si la gente no tiene para comer, no van a venir a ponerse el tinte, aunque nosotras tenemos unos precios muy muy ajustados, porque esto es una peluquería de barrio.
Estos últimos años lo único que he hecho en mi vida ha sido trabajar, pero ya me ha ido bien, era lo que necesitaba.
A mí no me gustaba estudiar, mis padres se enfadaban cuando suspendía, pero tanto mi madre como mi padre trabajaban todo el día, así que, no me controlaban si estudiaba o no. Mi hermana mayor sí que sacaba buenas notas, ella nunca necesitó que le dijeran que se pusiera a estudiar, al contrario, mis padres le tenían que decir a veces que saliera. Cuando empecé el Bachillerato iba a clases de repaso, pero la verdad es que iba por ir. Mi hermana intentó darme clases alguna vez, pero se ponía negra conmigo. Yo no me portaba mal en clase, simplemente tenía mi mente lejos de allí, yo siempre decía que es que no entendía nada, pero los profesores me decían que era muy inteligente pero que no estaba en lo que tenía que estar, y tenían razón. A mí en aquella época lo que me interesaban eran los chicos, y me eché novio muy pronto, luego me di cuenta que demasiado. Cuando repetí segundo de Bachillerato me propuse ponerme a estudiar en serio. Por aquella época mis abuelos se habían venido a vivir a casa porque ya no podían valerse por si solos, mi abuela tenía Parkinson y mi abuelo empezaba a tener demencia senil, y vivíamos los 6 en un piso de ochenta metros cuadrados. Estuvieron diez años en casa de mis padres y mi madre tuvo que dejar de trabajar para ocuparse de mi abuelos, porque al final ya no se levantaban de la cama y mi madre estaba desbordada pero no quería que ni mi hermana ni yo nos ocupáramos de ellos. Yo me agobiaba mucho en casa y hacía todo lo posible por estar fuera. Mi hermana también se agobiaba y siempre estaba de mal humor, pero ella se encerraba en su habitación a estudiar.
Entonces me eché novio, Pablo, yo tenía dieciséis y él diecinueve y ya trabajaba en una fábrica, él siempre decía que habría querido estudiar pero que su padre los había abandonado y él se tuvo que poner a trabajar. Nos conocimos en la discoteca, yo cuando me arreglaba aparentaba más edad, así que, salía por las noches y nunca me pidieron el carnet. Pero yo nunca probé cosas raras, yo bebía para coger el puntillo y ya está, aunque alguna vez sí pillé una buena curda... Y si antes de tener novio no me concentraba mucho en los estudios, cuando me lo eché, perdí el mundo de vista. Yo decía que a mí lo que me gustaba era peinar y maquillar, aunque para mis adentros pensaba que si fuera a la universidad me gustaría hacer psicología, pero nunca lo dije en voz alta porque sabía que no iba a estudiar.
Así que, acabé dejando el Bachillerato e hice un módulo de peluquería y un montón de cursillos que me pagaron mis padres de maquillaje, estética, depilación y hasta de reflexología.
En los primeros sitios en los que trabajé, como estaba de aprendiz, o no cobraba o cobraba muy poco. Entonces me di cuenta de lo duro que era aquel trabajo y de que había otra gente que cobraba más por trabajos menos cansados. Pensé en volver a estudiar, pero Pablo me dijo que para qué, que total hay gente con carrera que no trabaja de lo que ha estudiado o está en paro, y mis padres estaban desbordados con mis abuelos y mi idea de vovler al Bachillerato les parecía un capricho, y no les culpo. Mi hermana ya estaba en la universidad estudiando empresariales, entonces le habían dado una beca y estaba en Inglaterra.
Así que, lo olvidé y empecé a trabajar en dos sitios a la vez. Con Pablo decidimos comprarnos un piso de segunda mano y lo reformamos nosotros. Nos fuimos a vivir juntos cuando yo tenía veinte años. Pablo no es mala persona, pero me acabó haciendo la vida imposible. Yo le excusaba su comportamiento por sus traumas porque su padre los había abandonado, su madre los trató a él y a su hermano como a un estorbo y los únicos que le habían dado cariño habían sido sus abuelos, que fueron quienes lo criaron. Yo siempre tenía que estar pendiente de él, y aún así, nunca le parecía bastante. Delante de la gente necesitaba hacerse el importante, por sus complejos, y mentía mucho, a mí a menudo me dejaba mal en público, y con los años se fue poniendo peor, hasta que los amigos nos empezaron a dar la espalda porque, aunque él siempre había sido muy gracioso, sus mentiras y su chulería acabaron siendo insoportables. Viví con él seis años, él no hacía nada en casa y yo tenía que estar por él a todas horas, era muy celoso y todo un experto en chantaje emocional. Muchas veces pensé en dejarlo pero no me atrevía, y por otro lado, me daba pena. Al final me levantó la mano un par de veces y empecé a sentir miedo, y mi familia, sobre todo mi hermana, y una amiga, me convencieron para que lo dejara, y volví a casa de mis padres.
Pocos meses después, cuando aún estaba muy tocada, me apunté al Meetic y conocí a Tony. Me fui a vivir con él a la semana de conocernos porque fue un súper flechazo y a los quince días me pidió que me casara con él. Así que, empezamos a mover papeles, ya que él ya había estado casado anteriormente. Él era comercial, y al principio de conocerlo me pareció tan alegre, tan activo, y aunque era diez años mayor que yo, tenía un carácter tan jovial...Nuestra historia fue al principio tan intensa, tan romántica... A los seis meses me puso de patitas en la calle porque ya no sentía lo mismo que al principio, me dijo.
Volví otra vez a casa de mis padres. Entonces sí que me sentí tocar fondo, rota en mil pedazos, sin saber hacia donde dirigir mi vida. Además, trabajaba en una peluquería demasiado guay de Barcelona donde me pagaban mal y aguantaba los malos humos de un encargadillo que se creía no sé quien. Así que, cuando Susana me propuso tener nuestra peluquería, en seguida me di cuenta de que la vida me ponía delante una tabla de salvación, y me agarré a ella con todas mis fuerzas. Conque, llevo cuatro años dedicada en cuerpo y alma a mi peluquería. Desde Tony no he vuelto a estar con nadie, también es verdad que no he podido pensar en otra cosa que no fuera trabajo durante este tiempo, y eso que aquí en la peluquería hay muchas oportunidades, entre clientes, hijos de clientas, comerciales y, no nos engañemos, maridos de clientas que te tiran la caña también, pero yo estoy un poco reacia aún. Yo ya sé que no todos los hombres son como con los que he estado, quien me da miedo no son ellos, sino yo misma, que me voy a buscar siempre los que me hacen daño.
Desde que tengo mi propia peluquería sí que trabajo a gusto, porque lo hago como yo creo que hay que hacerlo, con cariño. Yo no soy extrovertida de entrada, luego cuando cojo confianza sí soy muy charlatana y cariñosa, pero lo que siempre se me ha dado bien es escuchar, soy de esas personas a las que la gente en seguida les cuenta su vida, y no sé, tengo como una intuición para entender a la gente. Cuando empecé a dedicarme a esto, sólo escuchaba lo que me contaban, nunca daba mi opinión, aunque también es verdad que hay gente que sólo quiere que la escuches. Si supierais las cosas que he oído mientras lavaba cabezas o alisaba el pelo... Pero desde que tengo mi peluquería, lo de escuchar a la gente me lo tomo como un servicio más incluido en el precio, y a veces también doy mi opinión, sin dar lecciones a nadie, porque yo no soy nadie para dar lecciones de nada, pero sí veo que muchas veces ayudo a la gente. Claro, que las cosas también hay que saber decirlas con mucho tacto. Cuando dejé a Pablo una amiga me regaló el libro La reina que dio calabazas al caballero de la armadura oxidada, y desde entonces, devoro los libros de autoayuda y últimamente también leo libros de psicología. De tanto en tanto intercalo con otro tipo de libros, porque también cansa siempre con el mismo tema. A veces pienso que me gustaría estudiar psicología, pero claro, ahora no tengo tiempo, pero bueno, nunca se sabe...
A la peluquería, además de la clientela del barrio, vienen mis amigas, que se lo comentaron a otras y se llegaron a enterar compañeras del instituto que hacía años que no veía, y luego se fue corriendo la voz entre ellas e incluso hay una que es profesora y ahora vive en Barcelona que hacía mucho que no veía y que viene expresamente aquí. Madre mía, cuánto hemos cambiado, qué vidas tan diferentes llevamos ahora... Pero bueno, habremos cambiado mucho, pero estamos hechos todos un lío. Vamos, tanto, que ya hay algunas y algunos que están empezando a venir a teñirse o cortarse cuando no les hace falta, sólo para hablar. Yo os iré contando las historias que pasan por aquí, que son muy interesantes y reales como la vida misma. Y a mi me gusta pensar que cuando la gente sale de aquí se siente bien en cuerpo y alma. Porque así se llama nuestra peluquería, Body and Soul, idea de mi hermana, que es la internacional.
miércoles, 14 de noviembre de 2007
Entre horas

Los galardonados y sus respectivos premios son los siguientes
(trrrrrr..... redoble de tambores....):
Isa, 1er premio: Un paquete de exquisito té chino mezcla de ginseng, hoja de Ginkgo, té negro, crisantemo, uva pasa, lichi seco, frutos secos, dátil, sésamo y azúcar cristal.
Noemí, 2º premio: Para la que tiene antojos de fresa últimamente, un paquete de deliciosos caramelitos blanditos chinos rellenos de caramelo de fresa.
Mary, 3er premio: Unas galletitas japonesas rellenas de crema de castaña de temporada.
Mercedes, 4º premio: Un conejito empujando un carrito de zanahorias para colgar del árbol de navidad.
Edu, 5º premio: Un pollito dentro de una tacita para colgar del árbol de navidad.
lunes, 12 de noviembre de 2007
Ya sabéis que aquí los más raudos y avispados ganan suculentos regalos.
Como veis, sigo con mi temática china para los concursos.

1. Título de la premiada película china actualmente en cartelera en la City cuya protagonista, con nombre posesivo, quiere tanto a su marido, que se divorcia de él y busca a otro que los mantenga a todos.
2. Cómo se dicen en mongol "matrimonio" y "divorcio" (escrito en su alfabeto y con transliteración fonética)
¡Suerte a todos!
domingo, 4 de noviembre de 2007
Como ya os conté en la primera entrega sobre mi relación tormentosa con mi peluquero, aquel tan delicado con mi pelo pero tan abrupto con mi persona, además de déspota con las mujeres, yo sólo quería caerle bien, o más que caerle bien, que me tratara bien, con un poco de cariño, que no me pegara esos meneos a la cabeza y que me lavara sin que me chorreara el agua por las sienes, con lo feliz que soy yo poniendo mi cabello entre sus manos, porque eso sí lo tiene, que es un genio con las tijeras.
Conque, cada vez que iba, por alguno de esos motivos inextricables del destino, me tocaba él, y eso que allí hay más gente que peina. Para caerle en gracia, intentaba ser simpatiquilla con algún comentario gracioso o le hacía alguna pregunta retórica sobre el pelo (qué hago para tenerlo sano o más brillante, si me dejo flequillo, si las mechas estropean el pelo...) Pero él seguía siendo parco en palabras e inmune a mi sentido del humor. Por el contrario, le molestaba sobremanera que dejara mis gafas y mi libro sobre el tocador, y yo lo sabía, pero siempre se me olvidaba y me daba cuenta a posteriori, cuando lo veía echando humo porque no tenía suficiente espacio para dejar las tijeras y el secador. Y luego, se hacía un lío él solito con el cable del secador, le daba unos tirones de malas maneras dando bufidos como si yo tuviera la culpa de estar entre él y el enchufe del secador. Y yo, que soy muy sufrida, aguantando allí estoicamente los malos modos del genio.
Total, que la última vez que fui, yo ya me había dado por vencida, consideraba que lo había intentado suficientemente y que estaba claro que no había empatía, así que, cuando vino a por mí, como no, él otra vez, y me preguntó qué quería hacerme, le dije sinceramente: "Me lo escalas como siempre, que me gusta muchísimo como me lo cortas". Y entonces, por el resplandor en su mirada, me di cuenta que había dicho las palabras mágicas. Me había equivocado de estrategia, no había que ir de graciosa sino hacerle la pelota. Tampoco voy a decir que a partir de entonces se deshiciera en miramientos hacia mí, pero sí que por primera vez fue amable conmigo, me lavó la cabeza sin acabar yo con el cuello de la camiseta empapado y al cortarme me trató bien, tampoco me dio conversación, pero lo poco que me habló fue con sonrisa incorporada. Como yo no quería romper la magia del momento, puse todo lo que pude de mi parte, me acordé a tiempo de esas cositas que sabía que tanto le molestaban, sostuve mis gafas y mi libro sobre las piernas y esquivé todo lo que pude el cable del secador.
Pero la prueba definitiva fue al levantarme e ir a pagar, que con toda su pluma y gesto de complicidad, me dijo “Venga, guapa, hasta la próxima”. Qué feliz me sentí.













