domingo, 25 de febrero de 2007

Diez años más abriendo muñecas rusas

Hace unos días ya os hablé de la gran Rosetta Forner (gracias Montse) y hoy os voy a comentar otro punto de ese grandísimo libro La reina que dio calabazas al caballero de la armadura oxidada, a ver qué os parece.

Todas las edades con cero impresionan porque representan simbólicamente principios y finales de etapas que nosotros mismos nos imponemos. Los treinta son especialmente significativos y críticos porque cuando uno es joven cree que esa es la edad en la que uno debería ya haber conseguido todas esas cosas que la sociedad te dice que idealmente deberías tener. Y como hemos comprobado en nuestras propias carnes, nada más lejos de la realidad en la mayoría de los casos.

La cuestión es que hasta los treinta simplemente no hemos tenido tiempo de vivir y de aprender lo suficiente, hemos ido vagado un poco al tuntún por la vida y no es hasta ese momento cuando nos empezamos a plantear seriamente las cosas y nos empezamos a preguntar quienes somos, quienes queremos ser y qué es lo que realmente esperamos de la vida, y es en ese momento cuando empezamos a ser realmente aprendices de nuestra vida, cuando empieza el verdadero rodaje, y parece ser que es a partir de los cuarenta (sí, sí, los cuarenta) cuando el proceso empieza a dar su fruto y empezamos a tener las cosas claras.

Pero ojo, que no es que al cumplir cuarenta automáticamente uno se vuelva lúcido y seguro y ya sepa tomar las decisiones en su vida que realmente le benefician, de eso nada, si no se han hecho los deberes antes, no se aprueba porque esto es evaluación contínua, y saberse la teoría está bien, pero si no se pone en práctica no sirve de nada: hay que vivir, tomar decisiones, arriesgarse, equivocase, probar, volver a probar, retirarse, reflexionar, reconocer los errores, aprender de lo vivido...

De hecho, hay que decir que mucha gente no se plantea nada de esto, y si alguna vez les surge la duda de si están haciendo con sus vidas lo que realmente desean, enseguida la acallan (claro, que esto también tiene sus consecuencias, en forma de infelicidad, depresiones, ansiedad, enfermedades psicosomáticas... y no es en absoluto exagerado). Cada cual tiene que decidir si sigue en el río que lo lleva o si sale y se pone a andar con sus propios piececitos por tierra firme.

Llevando esto al terreno sentimental, que es lo que realmente nos interesa, mientras uno no se encuentra a gusto consigo mismo y no tiene una buena autoestima, no puede tener una relación de pareja satisfactoria. Además, tenemos como una especie de radar que hace que nos atraigan personas que se encuentran en nuestra misma situación (o incluso mucho peor, si padecemos el síndrome de Madre Teresa de Calcuta), así que, mientras nosotros no tengamos las ideas claras, ni atraeremos ni nos atraerá alguien que sí las tenga.

Así que, yo, después de haber leído y asimilado todo esto que os cuento, me gusta la idea de verme a mí misma como una pequeña exploradora y aprendiza de la vida, aprendiz en el sentido exacto de la palabra, como quien empieza a conocer un oficio con el fin llegar a dominarlo y acabar siendo un maestro.

Ahora me estoy acordando de esa estupenda película, Las muñecas rusas, que compara la búsqueda del amor con ir abriendo muñecas rusas: cada vez que abres una, no sabes si la otra va a ser la última. Pues nada, que me quedan al menos diez años abriendo muñecas rusas...

lunes, 19 de febrero de 2007

Por bocazas

Esto os va a hacer mucha gracia a algunos. Ya sé que a principios de este curso dije con la boca bien grande que BAJO NINGÚN CONCEPTO Y POR ENCIMA DE MI CADÁVER organizaría este año un viaje a Francia con los alumnos (ya me conocéis, con esa convicción tan estupenda que exhibo a veces). Pues me voy a tener que comer mis palabras con patatas, porque estoy recibiendo muchas presiones, y finalmente habrá que hacer algo aunque sea un par días. Total, que estoy pensando que no me apetece ir otra vez a Carcasona y se me ha ocurrido ir tres días a visitar la Cité de l’Espace y de paso Toulouse y alrededores, pero como no he estado nunca y sé que algunos de vosotros sí, os pregunto qué hay que ver en la ciudad con niños y qué hay por los alrededores que sea interesante… Por cierto… se me está ocurriendo que esta es una magnífica excusa para hacer una escapada de fin de semana… Todo sea por los alumnos, claro…

viernes, 16 de febrero de 2007

El punto débil

Y hablando de amor, o de todo lo contrario, os propongo algunos extractos de este artículo de Fernando Trías de Bes del domingo 28 de enero, si lo queréis entero, pedídmelo.

(...) Débil significa que “por flojedad de ánimo cede fácilmente ante la insistencia o el afecto”. El afecto nos convierte en débiles, y la tenacidad del otro, también. Es cierto, los grandes manipuladores cotidianos que juegan con nuestra debilidad saben hurgar y apelan a nuestros afectos para supeditarnos y conseguir de nosotros lo que quieran. No hay peor decisión que la que se toma en un momento de debilidad. Actúa en nosotros una especie de droga que distorsiona la realidad. (...)

Existen dos tipos de manipuladores. Uno, los avispados. Personas que prometen resultados rápidos y fáciles. (...)

Y dos, uno invisible más peligroso: nosotros mismos. Tenemos la singular destreza de tendernos trampas. Nos engañamos para provocar situaciones que confirmen nuestra visión (positiva o negativa) del mundo. Una mujer que ha sufrido muchos desengaños amorosos huele al próximo truhán que va a romperle el corazón, pero ella misma apelará a su capacidad de no prejuzgar al que sabe (pero se niega a sí misma) mujeriego. ¿Quién no tiene el típico amigo o amiga que enlaza un desengaño tras otro con la extraña habilidad de atraer a los más caraduras? (...)

No es difícil evitarlo. Es imposible hacerlo en todos los dominios de la vida (¡dejaríamos de ser Aquiles, dejaríamos de ser personas!) pero podemos evitar algunos. Se detecta que vamos a decidir basándonos en la debilidad cuando negamos la evidencia y minimizamos los argumentos de la razón. No nos engañemos tan a menudo. Uno sabe cuándo decide con su parte débil. En estos casos hay que pedir tiempo. Los orientales son muy buenos negociando porque renuncian a, como diría Zweig, la impaciencia del corazón. Dele tiempo a su voluntad para que se rehaga y recupere la objetividad perdida que el uso de la razón jamás nos niega.

domingo, 11 de febrero de 2007

Segundo certamen del Concurso Entre Horas


Sí, ya era hora de volver a convocar el concurso. Allá voy con el segundo certamen.

Como algunos ya sabéis, como me estaba costando un tanto ponerme a estudiar para las opos, un día pensé que necesitaba motivarme con algo (sí, ya sé que tener un trabajo fijo de por vida y convertirte en intocable e inmortal debería ser suficiente motivación, pero necesitaba algo más tangible) y decidí autoregalarme algo mu grande, así que me fui a una librería a la sección de viajes, y mirando la estantería me pregunté donde me hacía más ilusión... y mi mirada y mi mano se fueron directas para una guía de China que me he comprado y que desde entonces tengo perenne encima de la mesa para darme ánimos para estudiar con la recompensa de un pedazo de viaje por ese país en cuanto apruebe (y por ahora funciona).
Así que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que esta semana se celebra el día del amor, he mezclado ambos temas en las dos preguntas que os pueden hacer ganar un estupendo regalo sorpresa:

1. ¿Cómo se dice “te quiero” en chino?

2. Título de la novela que transcurre durante la Revolución cultural china que narra la historia de amor y amistad entre tres jóvenes que viven en una montaña con nombre de ave que siempre renace de sus cenizas.

miércoles, 7 de febrero de 2007

Noemí me ha enviado este precioso poema sobre el amor de J.L Borges (se nota que se acerca San Valentín, que nos ponemos amorosas ;)

Y UNO APRENDE...

Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre

Sostener una mano

Y encadenar un alma

Y uno aprende

Que el amor no significa acostarse y una compañía no significa

Seguridad

Y uno empieza a aprender....

Que los besos no son contratos

Y los regalos no son promesas

Y uno empieza a aceptar sus derrotas

Con la cabeza alta y los ojos abiertos

Y uno aprende a construir

Todos sus caminos en el hoy,

Porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes...

Y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado,

hasta el calorcito del sol quema.

Así que uno planta su propio jardín, decora su propia alma,

en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente

es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende...

y con cada día uno aprende.

J.L Borges

martes, 6 de febrero de 2007

Pájaro en mano o ciento volando

Hace ya más de un mes que os dije que había ido a ver Siddhartha y que me esperaría a comentar las reflexiones a las que me había llevado sobre ese tema que a mí me gusta tanto que es la búsqueda de la felicidad o del sentido de la vida (que para mí es lo mismo). La conclusión a la que llega el protagonista al final de su vida es que, en vez de perseguir sueños, hay que vivir el presente, apreciarlo y disfrutarlo. Personalmente, con la segunda parte de la frase hay que vivir el presente, apreciarlo y disfrutarlo estoy de acuerdo, y es verdad que a veces no sabemos ver lo bueno que tenemos a nuestro alrededor, pero sinceramente, creo que sin sueños uno no puede apreciar tampoco lo que tiene, porque de lo contrario en realidad lo que hace es aceptar sin más lo que hay con los ojos vendados, negándose sus deseos profundos y a sí mismo. Y cuando hablo de sueños, no me refiero a vivir en los mundos de yupi y tener ideas infantiles, aunque buena es la pegunta de dónde está la línea que separa lo infantil de lo realista. Pues la vida ya se encargará de decírselo a cada cual con calabazas, ¿no?
En cualquier caso, la búsqueda de la felicidad está directamente relacionada con el sufrimiento, porque soñar equivale a involucrarse y exponerse, y cuando los sueños se cumplen bien, pero cuando no, toca sufrir, pero como dice esa gran Rosetta Forner (a la que toda teintañera debería leer), con las calabazas que te dé la vida hay que aprender a hacer un rico cabello de ángel y comértelo en un pastel, o lo que es lo mismo, cada vez que la vida te dé un revés, lo utilizas como aprendizaje para seguir la búsqueda siendo más sabia.
No sé, quizá dependa del carácter de cada cual, yo tengo comprobado en mí misma que no puedo vivir sin soñar, que en un momento de mi vida en el que traicioné mis sueños y me dije que el mundo real era otra cosa, mi vida fue plácidamente infeliz, y desde que me empeño en perseguir mis sueños, me siento viva y feliz, aunque eso no signifique que esté siempre contenta, sino que con las calabazas que me da la vida estoy aprendiendo a hacerme, en vez de cabello de ángel, tiramisú, que me gusta más.