domingo, 21 de septiembre de 2008

A polis y ladrones – El mirón (VIII)

Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Pues la mujer, también.

Al día siguiente, volví a mi piso con la intención de llevarme lo necesario para irme a pasar una temporadita a casa de mis padres, siguiendo la juiciosa recomendación del agente Santiago. Ordené el piso y cogí la ropa que necesitaba. Al cerrar la puerta del armario, sentí que había visto algo que no me cuadraba, aunque no sabía qué era. Así que, lo volví a abrir y lo examiné bien, pero no veía qué era lo que me había llamado la atención. Conque lo dejé estar y me puse a meter la ropa en la maleta. Entonces me di cuenta. Fui de nuevo el armario y, repasando el cajón de la ropa interior, comprobé que quien entró en mi casa SI se había llevado algo. Unas braguitas. Eran de esas que guardaba para una ocasión especial, y que, cada vez que abría el cajón, estaban ahí para recordarme, por si algún día se me olvidaba, el tiempo que llevaba sin comerme un rosco. Y eso sí que no estaba dispuesta a pasarlo. En mi casa no entra ningún asesino de tres al cuarto, que casi necesita un cursillo para degollar al de Cardona, y se lleva una de mis braguitas que llevo tanto tiempo guardando con todo el cariño esperando que lleguen días mejores a mi cama.

Bajé al bar a comunicarle a la Paqui mi descubrimiento y mi consiguiente decisión.

-¿Y estaban limpias? – me preguntó
-Pues claro, si estaban en el armario.
-Será un fetichista...
-Pues igual sí... Pero te digo una cosa. Yo ahora sí que no me voy de mi casa, y no sólo eso, sino que pienso descubrir quién ha sido.
-Cuidadín, cuidadín... a ver si por culpa de las dichosas bragas te va a pasar algo...
-He pensado apuntarme a clases de defensa personal, algo me dijo Paco ayer...
-Oye, por cierto, ¿te acuerdas de uno de los policías que vino ayer? El que te habló cuando vinieron a buscarte no, el otro.
-Sí...
-¿Sabes con quién está casado?
-Vaya, qué raro... – murmurando irónicamente
-¿Qué raro el qué?
-No, nada, no me hagas caso... ¿Con quién está casado?

-Con una de tu edad, la hija de los de los pollos asados de la calle Mauritania....
-¡¿Mireia?!
-Sí...
-No...

Al día siguiente, acudí al centro en el que trabajaba Paco como profesor de taichí, donde yo misma asistía a sus clases y anteriormente ya había realizado cursillos varios, como salsaterapia, danza del vientre o pilates, y le pregunté sobre lo que me había hablado de defensa personal el día del allanamiento de mi morada. Me contestó que él mismo podría enseñarme, y a mis dudas sobre si alguien de mi estatura y complexión podría defenderse del ataque de un tiarrón, me respondió con un simulacro de agresión de él a Sara, la nueva profesora de pilates, angelical, delgada y no mucho más alta que yo, y comprobé que no sólo podía zafarse de su agresor, sino incluso llegar a darle una buena tunda.

De todas formas, me resultaba difícil imaginarme a mí misma volteando a un tío tres veces más grande que yo, pero me dije que de algo me serviría.

Durante aquella semana hicimos un entrenamiento intensivo. Uno de esos días, mientras estaba practicando con Paco como deshacerme de alguien que me está intentando estrangular con su brazo por detrás, se me vino a la cabeza la repentina desaparición de Esther, su novia, hacía unos meses, y no se me ocurrió otra cosa que preguntárselo en aquel preciso momento:

-Oye, Paco, ¿y no has sabido nada más de Esther? ¿Es raro que nadie sepa nada de ella, no?

Como estábamos practicando delante del espejo, pude ver su cara, y como al apacible Paco le cambió el semblante y se le nubló la vista, y, sin contestarme, serio e inmóvil, como ido, me apretó aún más el cuello, y yo, que me estaba quedando sin respiración, pronuncié un par de veces su nombre casi sin voz, sin poderlo sacar de su trance. Justo en ese momento, entró providencial la profesora de salsaterapia para avisar que ya se nos había pasado la hora. Entonces, Paco volvió en sí y yo pude respirar.

-No, no tengo ni idea de donde está- me respondió - Como dice Confucio, no pretendas apagar con fuego un incendio, ni remediar con agua una inundación.

Mientras me cambiaba en el vestuario, me pregunté si la desaparición de Esther y el asesinato del mirón no podrían estar relacionados. No me podía creer que mi estimadísimo Paco fuera un asesino, pero sabía que, antes de encontrar su camino junto a Confucio, había tenido un pasado bastante violento. Y bueno, conmigo se le fue la pinza por un momento y había estado a punto de estrangularme...

Durante toda aquella semana no había visto al agente Santiago. Bueno, a decir verdad, no lo había visto con los ojos abiertos, pero sí había soñado con él una noche. Pensé que quizá podría pasarme por la comisaria para comentar la desaparición de Esther y también abordar otro tema que me rondaba la cabeza, el “piso maldito” de nuestra finca...

domingo, 14 de septiembre de 2008

A polis y ladrones – El mirón (VII)

Pocos días antes, había leído en un libro del Punset que, en contra de lo que te dice el raciocinio y la sabiduría popular, más que con el roce y el cariño, a tu media naranja la encuentras por flechazo, porque tus sentidos y tu intuición captan inmediatamente con quien eres compatible. En cuanto uno se pone a pensar, lo estropea todo.

Pero yo, haciendo caso omiso de mi corazón, ordené desde mi cerebro que se fueran a freír espárragos las dichosas mariposillas que revoloteaban en mi estómago, cuando, desde el bar de la Paqui en el que estaba esperando, vi salir del coche patrulla al agente Santiago, por mentirosas, inducirme a infundadas esperanzas y una vez más arrastrarme más que previsiblemente a la debacle sentimental total.

Salí a su encuentro y ellos al reconocerme se acercaron a mí, pero quien me habló fue el otro policía.

- ¿Nos ha llamado usted...?- me preguntó
- Sí, es que alguien ha entrado en mi casa.
- ¿Ha visto quien era?
- No... bueno, sí... una sombra... es que lo he visto desde otra casa...
- ¿Desde qué casa...?
- Eh...desde la casa del chico al que mataron...
- ¿Qué...?
- Bueno... es que... había una fiesta... y me invitaron...– ambos me miraron de arriba abajo - Bueno vale, voy a decir la verdad... Vi que había una fiesta y me colé porque quería comprobar qué se veía exactamente desde la habitación desde donde nos grababa.
-Puf... - bufó mirando a Santiago- otra con el síndrome CSI.- Anda, vamos a subir al piso- me dijo en tono condescendiente.

Cuando entramos, era evidente que alguien había estado rebuscando en armarios y cajones.

- ¿Cerró con llave al salir?- me preguntó el mismo
- No, salí con prisas y sólo le di un tirón.
- No parece que hayan forzado la cerradura, pero esto lo abre un niño con una radiografía. Mire a ver si encuentra a faltar algo.

El agente Santiago, que no me había dirigido la palabra en todo el rato, y al que yo tampoco había mirado a la cara aún, le dijo a su compañero que iba a preguntar a los vecinos del rellano si habían visto u oído algo. Después de echar un vistazo general, me pareció que no se habían llevado nada y el policía me recomendó que sería mejor que me fuera a pasar aquella noche a otro sitio, y yo le respondí que me iría a casa de mis padres.

Al salir, vi a Santiago interrogando a la violinista, que le contestaba con la puerta entreabierta que no, que ella no había oído nada de nada, quizá porque llevaba toda la tarde escuchando la Marcha eslava de Chaikovski con los cascos.

Cuando llegamos al portal, me di cuenta de que lo que había pasado ya era de dominio público. Casi todos los vecinos habían bajado, algunos en pijama y otros en ropa de andar por casa, y tenían rodeados a dos agentes más que se habían quedado esperando en el portal asediándolos a preguntas y disposiciones.

Un policía desataba las manos al padre de la familia de rumanos inquilinos del piso de alquiler, a quien el señor Mateu había bajado maniatado junto con su mujer y su hija, mientras Doña Urraca le espetaba que se llevaran a toda la familia, que seguro que habían sido ellos.

- Señora, no estamos en el tercer Reich- le contestó el agente mientras deshacía el nudo marinero hecho con una soga gorda.

Nuria y Miquel, los Serrano, que habían bajado con los cuatro niños, pues esa semana les tocaba tenerlos a todos, preguntaban ansiosos al otro agente si estos hechos que estaban ocurriendo en la comunidad podían interferir negativamente en el expediente de adopción que habían iniciado de una niña china.

El presidente de la comunidad, con batín y zapatillas negras, departía con la madre Riba, con bata y zapatillas azul celeste, rulos y rejilla en la cabeza. Ella, con los brazos cruzados y una mano sobre la boca no hacía más que repetir que, adónde íbamos a parar, que ya no estaba segura una ni en su casa. Él, haciendo gala de ser asiduo lector de prensa, le contestó para tranquilizarla que pese a lo que pudiera parecer a la vista y oído de noticias y programas varios de sucesos, éramos uno de los países con el índice de criminalidad más bajo de la UE. Paco, que los había oído, se unió a ellos y sentenció:

- Como decía Confucio, trabaja en impedir delitos para no necesitar castigos.

Ella había bajado también a la abuela con Alzheimer en la silla de ruedas, que miraba a un lado y a otro y que pensaba que aquella congregación se debía a que iba a haber una boda.

El niño de los Riba llevaba el perro, un chucho canijo de esos que en cuanto te ven se te encara y se ponen a ladrar como un loco, por si no había suficiente alboroto ya. Al verme aparecer, el niñato gritó:

- ¡La profe de inglés va vestida de puta!- acto seguido su padre le dio un collejón y el niño le contestó: - A que te denuncio.

- ¡Qué guapa que va la novia! – añadió al abuela Riba- ¿Eres tú, el novio?- le preguntó a Paco.

Entonces, todos se percataron de mi presencia y se preocuparon por mi persona, si había sufrido algún daño, si sabía quién había sido, si me habían robado, si necesitaba algo...

Yo estaba un poco aturdida, oí que Paco me decía algo de unas clases de defensa personal, que el presidente hablaba de instalar una cámara de seguridad, aprecié como el señor Mateu miraba pecaminosamente el trasero de una de sus inquilinas Ecuatorianas... En ese momento apareció Pere y abrazó a Patricia, que lloraba desconsoladamente, y le aseguró que en cuanto hubieran vuelto a cambiar el suelo, puesto el tatami en la habitación, Jazzpel se dignara a instalarles el adsl, y tuvieran el agua osmótica, se irían a su nuevo pisito y abandonarían aquel horrible lugar.

El policía me propuso llevarme a casa de mis padres en el coche patrulla y yo accedí. Para mi sorpresa, cuando llegamos, Santiago, que no me había dicho ni mu hasta aquel momento, se bajó del coche y me acompañó hasta la puerta.

-Oye, no hagas más tonterías, que esto no es una película. Han matado a una persona. Ándate con mucho cuidado, y llámanos si pasa cualquier cosa.

Yo asentí con los ojos sin decir nada, porque si hubiera abierto la boca, se hubieran escapado mil mariposas.

domingo, 7 de septiembre de 2008

La planta más tímida





Para que luego digan que las plantas no sienten, la mimosa púdica se asusta en cuanto la tocan.

domingo, 31 de agosto de 2008

Operación retorno

Cómo no va a tener uno síndrome postvacacional si llevan una semana machacándonos con ello todas las cadenas de televisión...
Qué se le va a hacer, siempre nos quedará recrearnos en los recuerdos de los bonitos momentos vividos este verano, y contemplar embobados una y otra vez las fotos que uno ha hecho (qué gran invento, la cámara digital, que, así como quien no quiere la cosa, hace uno mil fotos en un santiamén...)
Por cierto, ¿cómo os han ido las vacaciones? Jo, para mí ha sido realmente un verano inolvidable, y vuelvo con ideas renovadas para la historia de Laura y su investigación sobre el asesinato del mirón, pero tengo que confesar que no he escrito absolutamente nada de nada en todo este tiempo, así que, voy a tardar unos días en ponerme a tono y poder escribir la continuación. Mientras, iré publicando cosillas varias ;)

¡Ánimos para la vuelta!

jueves, 10 de julio de 2008

Cerrado por vacaciones


jolie chanson d'amour ici...

martes, 1 de julio de 2008

A polis y ladrones - El mirón (VI)

Parte II

-Hola – muak, muak - soy... Belén – así me presenté al empezar la ronda de besos reglamentarios a todo el personal que había en la fiesta del piso del mirón fallecido recientemente, que fue el primer nombre falso que se me ocurrió ya que aquella tarde había estado viendo en un programa de rabiosa actualidad las vicisitudes de Belén Estefan para encontrar vestido de novia, mientas me iba tirando continuamente de la minifalda para abajo.

Una vez acabados los saludos, empecé a dirigirme a la habitación, así como quien no quiere la cosa, entre el circundante ji ji, ja ja, el bailoteo, los porritos, las birras... Y cuando ya estaba delante de la puerta con el tirador en la mano, un tío con una camiseta del Señor de los Anillos con el dibujo del ojo de Sauron me interrumpió. Se presentó, me empezó a hablar, y yo tuve que desistir de mi objetivo. Cuando llevaba un rato soliloquiando sobre la injusticia de no haberle dado el Nobel de literatura a Tolkien, me dijo que tenía la garganta seca y fue a buscar bebida para los dos.

Entonces, aproveché para abrir, pero no esperaba ver lo que me encontré. En la cama del finado, una parejita practicaba con ahínco la postura del misionero, y yo, tras pedir perdón, volví a cerrar, aunque creo que ni se percataron de mi irrupción. En estas que llegó de nuevo mi ya acompañante de aquella velada, y entonces me contó que él había adoptado los principios morales de los elfos y me empezó a hablar en lengua élfica.

Al cabo de un rato, la puerta se abrió y salieron los amantes, que inmediatamente se dispersaron y fueron a buscar uno y otra otros partenaires. Pensé que tenía que entrar antes de que se me adelantaran, y aprovechando que acababa de unírsenos un tío con una camiseta de Stars Wars con quien mi amigo estaba empezando a tener una acalorada discusión, me infiltré en la habitación. Bajo la ventana estaba la cama, desde donde el mirón debía observar con el periscopio-anaconda, en la pared derecha había un armario y en la izquierda una mesa y unas estanterías. Entonces, me acerqué a la ventana y, como era de noche, casi todas las casas tenían las persianas bajadas. Pero lo único que vi me dejó de piedra. En mi ventana, se distinguía la sombra de una persona. Paralizada como estaba por lo que acababa de ver, tardé unos segundos en darme cuenta de que tenía a alguien detrás que me estaba tocando una teta y chupando el cuello, y en cuanto conseguí volver a la realidad, me zafé y salí corriendo. Bajé a la calle hecha un manojo de nervios, y en el portal llamé a la policía con el móvil y les dije que había alguien en mi casa y que yo no le había abierto la puerta.

Al cabo de pocos minutos, que para mí fueron una eternidad, llegó un coche de policía y de su interior emergió Santiago. Al avistarme con mi atuendo de lolita, frunció el ceño y yo pensé : Ya la he vuelto a cagar.

Como ya sabéis algunos, voy a estar ausente casi todo el verano, y no sé aún si voy a poder seguir escribiendo, así que, si en un par de semanas no he publicado nada, habrá que esperar la continuación de la historia hasta septiembre...

domingo, 29 de junio de 2008

A polis y ladrones - El mirón (VI)

Primera parte

El policía que me enseñó la web y me volvió a tomar declaración fue el agente Santiago, al que poco tiempo después habría de llamar Santi, y apodado por mí antes de conocer su nombre, el sonrisas. No sabía por qué, pero, desde el día que él y su compañero estuvieron en mi casa, cuando yo hice aquella declaración tan penosa y a él se le escapó media sonrisa, se me había quedado una espinita clavada y deseaba tener la oportunidad de volverlo a ver sólo para demostrarle que no estaba loca, o al menos, no tanto.

Mientras me enseñaba la página de internet se sentó a mi lado y su olor me recordó al sauvignon blanc, un vino muy controvertido que, o bien uno lo detesta porque le huele a pis de gato, o bien te encanta como a mí, que me huele intensamente a piel. Mi conversación con él fue de lo más normal y del todo profesional por su parte, pero, desde que Santiago me entró por la nariz, ya no lo pude sacar de mi cabeza.

Los días siguientes, excitada por el éxito de mi primera colaboración con la policía y por la perspectiva de volver a ver a Santiago, no dejaba de pensar que tenía que seguir haciendo averiguaciones sobre el caso del mirón aprovechando mi privilegiada situación de vecina. Pero no sabía por dónde empezar. Y un día, mientras fregaba los platos y miraba hacia la ventana desde donde la intimidad de los vecinos había sido robada, se me ocurrió que quizá si conseguía entrar en su habitación podría descubrir algo. Empecé a pensar que, para entrar, podría hacerme pasar por comercial de Timofónica, o revisora del gas, o instaladora de adsl, o fumigadora de cucarachas, aunque no acababa de ver yo clara ninguna de estas opciones.

Una noche, oigo música del Bisbal a todo trapo, e impelida hacia la ventana para ver de dónde viene, veo que en el piso del fallecido tienen las ventanas de par en par y se ve a multitud de jovenzuelos en una fiestaza del copón. Al parecer, el período de duelo por el homicidio de su compañero había pasado, o debían pensar aquello de que el muerto al hoyo y el vivo al bollo. En cualquier caso, me dije que a la ocasión la pintan calva y que no podía desperdiciar aquella oportunidad. En aquel momento me alegré de mi aspecto juvenil y de que siempre me echen diez años menos de los que tengo. Rebusqué en el armario y encontré un top que se había dejado mi sobrina en casa, que decía “Do you wanna be my lover?”, me puse una mini-minifalda tejana que sólo me atrevía a ponerme para ir a la playa, me hice dos coletas, y rematé con unos zapatos rojos de tacón, y cuando me miré al espejo, me pareció que tenía suficiente aspecto de lolita y recé por que en aquella fiesta no hubiera ningún alumno mío. Cogí unas cervezas, las metí en una bolsa y salí de casa. Afortunadamente, cuando llegué al portal, había un grupo de chicos que ya venían entonados y que indudablemente iban a la fiesta, y, entre risas y tonterías, subí con ellos y acabé colándome en el piso.

Lo que pasó en la fiesta, el miércoles...

jueves, 19 de junio de 2008

A polis y ladrones - El mirón (V)

Así que, me llevé el hallazgo prueba de mi cordura a casa, pensé en limpiarlo un poquito, porque tenía churretones malolientes de vete a saber tú qué se le había enganchado en el contenedor, pero en ese momento me asaltó una visión de Grissom y caí en la cuenta de que podría eliminar huellas, fibras, cabellos, sangre, restos biológicos o cualquier microscópica partícula animal, vegetal o mineral que pudiera o pudiese resultar clave para el caso. Conque, me enfundé los guantes rosa de fregar los platos y lo examiné cuidadosamente. Estaba roto, pero se veía que era un periscopio muy sofisticado con cámara y todo. En mi época la mayoría de estudiantes éramos más pobres que una rata, pero hoy en día, cualquier renacuajillo de ocho años tiene una PDA y va de su casa al cole guiándose del GPS. Me reí para mis adentros pensando en la cara que me iba a poner el policía risitas.

Al día siguiente, me llevé a Ana envuelta en una bolsa de basura al trabajo, y la dejé en un rinconcillo de la sala de profesores, sabiendo que una porquería más por allí en medio no iba a llamar la más mínima atención, y al acabar las clases me dirigí a la comisaría. Mientras me acercaba a la puerta, me espanté al ver la cola que se perdía en el infinito y más allá, dándole la vuelta a la manzana. Al llegar a la puerta vi que, de hecho, había tres colas: la interminable, que salía del lado izquierdo de la puerta; otra también larga, aunque no tanto, que salía del lado derecho; y una tercera, la más corta de las tres, enfrente de la puerta. Así que, ni corta ni perezosa, me acerqué al policía que hacía de portero y le pregunté:

- Yo es que vengo a traer la prueba de un crimen, ¿tengo que hacer cola?
-Por supuesto señorita. ¿Usted es extracomunitaria, comunitaria no nacional o nacional?
- ¿...nacional....?- no lo afirmé muy convencida, tuve que pensarme por un instante qué era yo...
- Tenga usted - y me tendió un número como el que te dan en la pescadería.

Afortunadamente, me tocó la cola más corta. Nunca en mi vida me había alegrado tanto de no ser extracomunitaria. Al poco rato entré y me pasaron con un agente que me tomó una breve declaración y me dijo que analizarían el objeto y ya me dirían algo. No vi al sonrisas y mi declaración pasó sin pena ni gloria.

Al cabo de unos días me llamaron de la policía para que acudiera a la comisaría. Y cuando fui, yo ya noté de entrada que se me trataba con un cierto respeto y credibilidad. Hasta me preguntaron si quería un café de la máquina mientras esperaba. Me enseñaron una página web en la que nuestro amigo de Cardona había colgado vídeos de casi todos los vecinos, probablemente grabados con el periscopio-anaconda, donde los visitantes votaban el que más le gustaba: en un video salía yo, fregando los platos mientras cantaba, aunque afortunadamente no se oía la voz; en el piso de nuestro presidente, un hombre desconocido, enmascarado con cuero y asiendo un látigo en la mano, bajaba la persiana del comedor; a Paco se le veía mirando un partido del Barça ataviado con el chándal oficial de la selección española, en la postura meditativa del loto y con un vaso de cola-cao al lado; a los Serrano se les veía en la ducha procreando, o simplemente fornicando, las imágenes no despejan esta duda; a Patricia se le ve en paños menores delante de un espejo de cuerpo entero decidiendo si combina una falda de Prafa con una camiseta Dolze Gapana o viceversa; el señor Mateu sale en el piso de sus inquilinos, subido a una silla, dejando la lámpara de ocho brazos del comedor con una sola bombilla, en gesto ostensiblemente ahorrativo, y seguidamente la cámara recoge a Doña Urraca abriendo la caja fuerte con apertura de cámara acorazada introduciendo un fajo de billetes; en el piso maldito se apreciaba una sombra con perfil humano subiendo la persiana; en casa de los Riba, se ve a la abuela haciendo sus necesidades y después a su hija limpiándole, este era el video más visto y también el más votado, seguido del de los Serrano. Y los menos votados, el de Paco y el mío, aunque, tengo que admitir que hasta Paco haciendo el loto delante de la tele y bebiendo cola-cao había recibido más votos que yo. Y eso me dolió. Es como cuando pasas por delante de una obra, si los obreros te dicen procacidades te parecen unos cerdos, pero si no te dicen ni mu, te baja la autoestima. A mí no me hace gracia que me saquen en internet sin mi consentimiento, pero haber despertado tan poca expectación en el ranking, me hiere el amor propio. Me sorprendió que no hubiera ningún vídeo de la violinista, y pensé que, una vez más, se confirmaba que era la más lista de todos y se resguardaba de miradas indiscretas.

Continuará, el lunes que viene...

domingo, 15 de junio de 2008

Realidad y ficción

Al hilo de la historia que ahora ocupa el blog, no me puedo resistir a ofreceros un impagable documento sociológico-vecinal sobre el caso del que os hablé hace unos días, el de una serpiente y sus crías que se han instalado cómodamente en un edificio de Motril del que no hay manera de echarlas. He colgado el video en el Youtube porque era muy grande para el blog.

Pinchad aquí para verlo.

El lunes del que hablan en el video es mañana, a ver si nos enteramos de cómo acaba la historia.

(Por cierto, yo desde el Mozilla lo veo perfectamente,
pero desde el Explorer se corta.)

El siguiente capítulo de “El mirón”, el miércoles.

domingo, 8 de junio de 2008

A polis y ladrones -El mirón (IV)

Mientras contemplaba a mis convecinos manifestar en público sus más superficiales pensamientos, opiniones más prejuiciosas y valoraciones menos razonables, me pregunté para mis adentros si sería posible que el homicida fuera uno de ellos, así como si un criminal puede ser más tonto que una alpargata o tiene que ser por fuerza un ser inteligentísimo como Aníbal Lecter. Y aún me asaltó un tercer dilema: ¿qué tipo de persona se supone que alberga el alma de un asesino...? Al no ser capaz mi intelecto de responder a ninguna de mis tres dudas existenciales, decidí voluntariamente desconectar mis neuronas para no cansarme mucho y continué contemplando el espectáculo como quien mira la tele para olvidar sus penas.

Al día siguiente, dos agentes de las fuerzas del orden público, debidamente uniformados, se personaron en mi domicilio habitual, inquiriéndome si podía aportar datos a la investigación. Aquel era mi momento de gloria, porque estaba segura de que el asunto de la anaconda tenía que ver con el asesinato del chico de Cardona. Yo ya me había imaginado a mí misma declarando hasta delante del juez, como el testimonio de excepción que había dado la información clave para dilucidar el caso, incluso había soñado que, en agradecimiento a mi inestimable colaboración, le habían puesto mi nombre a una plaza que habían construido encima de un párking, por cierto, la plaza un poco fea, sin un solo arbolillo ni triste parterre con florecillas o césped, nada, de cemento puro y duro, que si van los niños allí a jugar se desuellan vivos las rodillas, pero no me voy a poner quisquillosa, tampoco voy a exigir que le pongan mi nombre a algo así como el Parque Güell . Sin embargo, en vez de mi soñada actuación estelar, me estrellé con todo el equipo.

En cuanto empecé a explicarle a los agentes lo de la anaconda y apercibí su fruncimiento de cejo de incredulidad, me di cuenta de mi craso error, y de que en estos tiempos que corren, ser profesor no es garantía de cordura, sino de todo lo contrario, así que, quise arreglarlo y explicarlo de otra forma más verosímil y entonces dije que yo llamaba Ana a la anaconda y que creía que en realidad era un artefacto que me grababa mientras fregaba los platos para vete tú a saber si colgarlo en alguna página de esas guarrillas. A uno de los agentes se le escapó una sonrisilla. No me dejaron acabar, me dieron las gracias cortésmente e hicieron mutis por el foro. El hecho de que hubiera una botella de vino abierta en la mesa del salón tampoco ayudó mucho a mi credibilidad.

No sólo sentí vergüenza propia, sino también vergüenza ajena desde el superyó freudiano, ridícula al cuadrado. Mira que he leído yo novelas de Agatha Christie, y será que no he visto veces los capítulos de Colombo y Se ha escrito un crimen, en castellano y en catalán, y como producto nacional, El Comisario, para que cuando tengo una oportunidad de participar en un caso real, acabar haciendo una declaración tan sumamente patética. Con lo bien que me salen los discursos cuando los pienso, lo torpe que soy luego cuando los digo.

Los días siguientes, hice pagar mi frustración a mis alumnos poniéndoles ejercicios sobre los phrasal verbs hasta la repugnancia.

Unos días más tarde, fui a bajar la basura, y al apretar con el pie el pedal para que se abriera la tapa del contenedor, vi que, de entre las basuras, emergía algo que se parecía a Ana. Como no era lo que esperaba encontrar en ese momento ni lugar, me asusté y dejé ir el pedal, con lo que la tapa se volvió a cerrar. Y haciendo caso omiso de la sabiduría popular que sentencia que la curiosidad mató al gato, volví a apretar el pedal lentamente, y pude constatar que efectivamente era mi Ana y también que no me iba a morder. Tenía que sacarla de allí, aquello era la prueba de mi cordura. Aunque claro, la operación era bastante complicada dada mi poca estatura, alargando el brazo simplemente no llegaba, así que, coloqué la bolsa de basura sobre la barra que hacía de pedal para que aguantara la tapa abierta y de un brinco me subí apoyando el estómago en el borde del contenedor. Mientras me agarraba con la mano derecha al contenedor, el brazo izquierdo se alargaba para alcanzar a Ana, rogando que no se me cayera la tapa encima. Cuando la hube asido, salté de nuevo a tierra firme. Aunque estaba roto, cuando lo saqué vi perfectamente lo que era, un periscopio, y visto desde lejos podría parecer una serpiente. Ajá, me dije, se va tragar su sonrisilla el madero ese... Cuando volví a entrar en el portal, ufana de mi hallazgo, me di cuenta de que la luz del portal estaba encendida... Qué raro, pensé, si no había visto que entrara ni saliera nadie durante aquel rato...

Continuará, la semana que viene...

domingo, 1 de junio de 2008

A polis y ladrones - El mirón (III)


Yo ya me había dado cuenta, a medida que me acercaba, que había coches en triple fila y un gentío en la entrada del portal de al lado que no era nada normal. Menos mal que la Paqui me avistó a tiempo y me informó de lo que había acontecido. Al parecer, el chico de Cardona había bajado durante la noche, por motivos que se desconocen, al portal, se presume que sólo por un momento, pues lo encontraron en zapatillas y ropa de andar por casa, y allí lo degollaron de manera bastante torpe ya que el asesino, seguramente neófito, hizo una escabechina con su cuello porque no lo conseguía matar con un cuchillo grande pero poco afilado, según palabras oídas por la Paqui entre el forense y el juez cuando después del levantamiento del cadáver se fueron a tomar un carajillo a su bar y ella se puso a barrer distraídamente alrededor de ellos. Quien encontró al finado fue el señor Mateu, cuando a las cinco de la mañana pasó por delante del portal contiguo de camino al tren, que aunque no tiene que estar en el arzobispado hasta las 8, como coge la Renfe, se va 3 horas antes porque no se permitiría a sí mismo por nada del mundo llegar tarde a su trabajo pues, a quien madruga, Dios le ayuda.

Cuando me hubo revelado los pormenores del caso, decidimos acercarnos y hacer lo que hace la gente normal allí donde ha ocurrido una desgracia, que es ir a fisgonear. Entre la muchedumbre, vimos varias cámaras de televisión y periodistas que recogían el testimonio de los vecinos. Mientras Doña Urraca, con su atuendo habitual de los últimos veinte años que emanaba alcanfor en un kilómetro a la redonda, se lamentaba ante las cámaras de “Está ocurriendo que qué vergüenza, que aquello iba a dar mala fama al barrio, que qué iban a decir de ellos en toda España y parte del extranjero, y que Dios tenía que castigar a quien hubiera cometido aquel crimen, que tenía que ser por fuerza ateo o moro, “El látigos” afirmaba categóricamente a “España en vivo” que había que actuar con contundencia, que tendría que caer todo el peso de la ley sobre el culpable, y que en este país era necesario un endurecimiento de las penas, aunque interrogado por la periodista sobre la pena de muerte, él contestó que a tal extremo él no llegaba nunca. El niño de los Riba, que llegaba del cole y venía con la mochila a la espalda, se había puesto detrás de nuestro presidente haciendo muecas y gestos obscenos a la cámara y su hermana, tapándose los hierros de la boca con una mano para que no salieran por la tele, tiraba del brazo de su hermano con la otra. El reportero de TV3 fue a la zaga de la violinista cuando ésta se disponía a entrar en nuestro portal, pero se lo quitó de encima arguyendo que tenía prisa, que la estaba esperando un alumno, y encontró el testimonio de Patricia, que lloraba desconsoladamente asegurando que el dramático suceso le había quitado las ganas de irse a su nuevo piso, bajo la mirada despavorida de su madre. Paco, con pantalón y camisa de lino, totalmente de blanco, desprendiendo calma y espiritualidad, atendió al reportero de “El programa de Mari Pili”, y a la pregunta de si sabía si existía alguna relación sentimental entre la víctima y sus compañeras de piso, y si creía que podría tratarse de un crimen pasional, él respondió: “Como diría Confucio, saber que se sabe lo que se sabe y que no se sabe lo que no se sabe, he aquí el verdadero saber”. Y ajenos a todo, Nuria y Miquel, “los Serrano”, llegaban con su bebé en el carrito, volvían de ir a buscar los papeles para adoptar una niña china y venían hablando animadamente de ello, sin enterarse de nada de lo que pasaba, ni falta que les hacía, tan felices ellos.

Continuará la semana que viene, con el primer encuentro con la policía y Laura metiéndose de lleno en el ajo...

domingo, 25 de mayo de 2008

A polis y ladrones - El mirón (II)


Parte II

En el sexto tercera vive la violinista, que toca en la orquesta sinfónica de la ciudad y da clases particulares en casa, cuya voz melosa y música celestial con la que deleita al vecindario contrastan con su aspecto físico, pues es bajita, regordeta, contrahecha y de ojos saltones, pero llamadla tonta, que durante las clases particulares se oyen también otro tipo de sonidos jadeantes y entrecortados, y no sólo realiza duetos, también tercetos. Lo que no se sabe es si es una manera de sacarse un sobresueldo, que la vida está muy mala, o lo hace por amor al arte y para el simple disfrute de su cuerpo serrano, pues este comentario oído una calurosa tarde de verano de ventanas de par en par, deduzco que pronunciado a un par de novatos, no me saca de dudas: “yo a vuestra edad ya me había tirado a toda la orquesta”.

En el cuarto cuarta vive Paco, un excompañero del colegio, apuntado de pequeño por sus padres a taekwondo para que se desahogara dando patadas en otro sitios y a otras personas fuera de su propio hogar, caso perdido para sus progenitores y para la institución escolar, que tras alguna que otra breve visita a las dependencias policiales antes incuso de su mayoría de edad por meterse en líos de baja intensidad, acabó encontrando su camino en el taichí durante su estancia en un centro de desintoxicación de drogas, y hoy en día es una persona de provecho y profesor de taichí en un centro de terapias alternativas, al que yo misma asisto, y te habla del yin, del yang y de taoísmo con su deje de macarrilla. Allí mismo se imparte pilates y biopilates, danza del vientre, salsaterapia, yoga y yoga extremo, reiki , terapia Gestalt y disponen de consulta astrológica y venta de piedras con propiedades curativas. Vivía con su compañera sentimental, profesora de pilates del mismo centro, a la que se la tragó la tierra unas semanas antes del asesinato sin despedirse ni del trabajo. A decir de él, ella lo había dejado y se había ido a otra ciudad.

Los Riba son una familia de lo más típico y entrañable, formada por padre apocado, madre histérica, niño hiperactivo, niña retraída y con hierros en la boca, abuela con Alzheimer que grita por las noches y a la que atan a la silla de ruedas durante el día para que no se escape, abuelo con demencia senil postrado en la cama, perro, tortuga y dos periquitos, todos ellos en un piso de 70 metros cuadrados, y que por algún misterio en los entresijos inescrutables del estado del bienestar no tienen prioridad en la asignación de plaza en las residencias públicas de ancianos, ya que la diligente asistente social ha hecho constar en el informe que “si el abuelo quisiera se levantaría de la cama y si la abuela quisiera se estaría sentada y no gritaría”

A los del segundo tercera les llaman “los Serrano”, y son una nueva familia típica. Miquel y Nuria están divorciados de sus anteriores parejas y cada uno tiene dos hijos. Según las semanas, como tienen la custodia compartida, son más o menos en el piso, dependiendo de si a los niños les toca estar con ellos o con sus otros padres. Hace poco, han tenido una niña fruto de su mutuo amor. Ahora están pensando adoptar una niña china.

En el sexto cuarta vive una treintañera profesora de inglés de un instituto público de secundaria, que aunque habita bajo los pies de “el látigos” y pared con pared con la violinista casquivana, no deja perturbar su espíritu ni su firme decisión de llevar una vida contemplativa respecto a los hombres, harta de buscarse siempre los que no le convienen, aunque alberga la esperanza de encontrar al hombre de su vida algún día. Adicta a las terapias espirituales y a las bebidas espirituosas, asidua a exposiciones de arte y películas iranís en versión original así como a tiendas de ropa mona y zapaterías, fan de libros de autoayuda y de historias de misterio. Incomprensible para sí misma y que se siente incomprendida por el mundo... Coño, si esta soy yo.

La semana que viene empieza la acción con las pesquisas de Laura en el caso del asesinato del mirón...

domingo, 18 de mayo de 2008

A polis y ladrones - El mirón (II)
Parte I

Antes de proseguir con la historia, creo necesario poner en antecedentes a los lectores sobre los vecinos que habitan la finca. Como los implicados en el caso que nos ocupa son los que dan al patio interior, los de las puertas tercera y cuarta, sólo hablaré de ellos.

El sempiterno presidente de la comunidad, del séptimo cuarta, es un señor muy serio y respetable que vive solo, siempre impecablemente trajeado, justo y competente en sus opiniones y actuaciones como presidente, alias "El látigos", por sus gustos sexuales de los que yo misma soy testigo auditivo, que vivo debajo, de quejidos e improperios siempre de voces masculinas. Sin embargo, en las reuniones vecinales nadie osa en su presencia hacer el mínimo comentario, ni sonrisilla, ni miradita de complicidad entre vecinos cuando por ejemplo, refiriéndose a los obreros que estaban arreglando la fachada, decía “hay que ser inflexibles”, porque es un mandamás de Hacienda, y con el dinero no se hacen bromas.

El señor Mateu, del tercero tercera, está jubilado aunque va todos los días a Barcelona a trabajar al Arzobispado, donde se encarga de la maquetación de la hoja dominical, gracias a los conocimientos adquiridos en un cursillo de Quark express para jubilados que realizó en el centro cívico del barrio, y aunque tiene parálisis del brazo izquierdo de resultas de una embolia, con la mano derecha maneja a la vez el ratón y el teclado con una habilidad pasmosa. Esta tarea la realiza motu proprio y sin remuneración alguna por los servicios prestados, sólo por la fe en la salvación de su alma, porque al parecer, el primer día que fue le dijeron “Dios te lo pagará”, y eso, en el seno de la iglesia católica, va a misa. Su señora esposa es la mismísima Doña Urraca de los tebeos hecha carne y huesos.

Tuvieron un hijo que voló del nido familiar en cuanto tuvo uso de razón y la edad de emanciparse, y se fue a vivir a Gerona, al que no se le ha vuelto a ver el pelo nunca más, y eso que ellos le habían comprado un piso en la misma finca. Dicho piso, el primero tercera, lo tienen alquilado, y en aquella época allí vivían: una familia de rumanos, padre, madre e hija, que ocupaban una habitación; dos mujeres ecuatorianas empleadas del hogar que compartían habitación y cama, y a decir del vulgo, no eran pareja sino que sus exiguos ingresos no les permitían más; y en la tercera habitación, un catalán prejubilado con la pensión de invalidez y recién divorciado a los cincuenta. Cada uno de ellos con un candado en la puerta de su habitación. Los dueños de la casa, que no sólo desean la salvación de sus propias almas sino también la del prójimo, convencidos de que sólo una vida parca, sencilla y alejada de frivolidades abre las puertas al reino de los cielos, mantienen el piso de origen y sin ningún detalle que pueda suponer el menor atisbo de confort, de manera que los inquilinos han de superar diariamente pruebas de austeridad cristiana que fortalezcan su espíritu.

En el octavo tercera vive la familia Vilajosana, catalanes de pura cepa, y en el octavo cuarta los Sánchez, que también lo son. A sus hijos, Pere y Patricia, que viven con sus respectivas familias, se les conoce como “los amantes de Teruel”. Ambos enamorados, de tan sólo 38 añitos, protagonizan una bonita y acaramelada historia de amor que se fraguó en su más tierna infancia, y que ha durado hasta nuestros días, sin perjuicio de algunos breves períodos de paréntesis por infidelidades y disputas varias de jovenzuelos. Hace 8 años que se compraron un piso de protección oficial, que les tocó por sorpresa sin saber ni ellos mismos que optaban a uno porque quienes presentaron la solicitud en su nombre fueron los padres. Pero, esas cosas que pasan, que te pones a cambiar los pomos de las puertas y acabas cambiando el suelo tres veces y los armarios de la cocina dos porque, cuando lo han acabado de poner, ya no se lleva ese estilo y no tienes bemoles de irte a vivir si no está todo como mandan los cánones de la moda. Él es Project manager en HG y ella médico cirujano en la Péknon, y aprovechan los fines de semana para irse de compras a Nueva York, mientras sus mamás les preparan el bocadillo para el lunes. Hace poco, tomando café en mi casa, Patricia me confesó que últimamente estaba un tanto inquieta por la poca prisa que veía en Pere en trasladarse a su nidito de amor. ¿Crees que ya no me quiere, Laura?- me inquirió.

El décimo tercera es el piso maldito. Cuentan los que habitan el edificio desde los inmemorables 70 en los que reinaba la ropa de pana, que aquel piso quedó maldito tras un trágico y sangriento suceso sobre el que se corrió el más tupido de los velos y del que no osan ni hablar. Tras el infame hecho, el piso fue puesto a la venta y comprado por un anónimo que nunca se ha dado a conocer y el susodicho lleva veinte años cerrado. Sin embargo, los vecinos colindantes aseguran que de tanto en tanto se oyen ruidos y movimiento en su interior, y las persianas aparecen ora subidas, ora bajadas. A mí me explicó la Paqui lo acaecido allí, pero juré no contarlo... a no ser claro, que algún día ocurra algún hecho que haga necesario sacarlo a la luz...

Continuará el lunes, con el resto de los vecinos...

lunes, 12 de mayo de 2008

A polis y ladrones - El mirón (I)

El día que firmé la hipoteca de mi piso, además de la certeza de que me unía en la riqueza y en pobreza y en la salud y en la enfermedad al Euríbor, también tuve el presentimiento de que mi vida estaba a punto de cambiar.

Tras varios años trabajando en Francia, Inglaterra e Irlanda como traductora y profesora de español, después de romper con John, sentí que mi tiempo en Londres se había acabado y que necesitaba volver a casa, y eso no significaba sólo con mi familia, sino a mi barrio, mi ciudad, mi país.

Así que, me compré el piso en Sabadell, en mi barrio de toda la vida, que bonito no se puede decir que sea, pero si un día me marché de allí porque se me había hecho pequeño y necesitaba conocer mundo, ahora volvía porque echaba de menos su humanidad. Se construyó casi entero en los años 70, con prisas y a pedazos, y si antes acogió a andaluces, murcianos y extremeños, ahora acoge a rumanos, sudamericanos y árabes. Es significativo que el barrio se llame “La concordia”. Yo creo que los nombres van ligados al destino de las cosas, así que, habría que pensárselo mejor antes de ponerle el nombre a una calle, y lo digo con conocimiento de causa, que en Francia viví en una rue des fusillés, y a los dos meses tuve que salir de allí por patas.

Mi edificio, como el barrio, es muy heterogéneo, y como tiene 11 plantas, necesariamente tiene que haber todo tipo de especímenes humanos. Junto al portal está el ”Bar Los pajaritos”, al que hace poco han puesto el cartel bilingüe añadiéndole “Bar Els ocellets”, inefable bar de maromos, de carajillos por la mañana y fútbol el fin de semana, donde me tomo el café antes de ir a trabajar, y donde también la Paqui, la mujer del Ciscu, me pone al corriente de los cotilleos del barrio. A través de ella también me he enterado de los chismes que corren sobre mi persona. A saber, se rumorea que mi última ruptura sentimental me había dejado destrozada y me había vuelto lesbiana, única explicación posible a que no me hubieran vuelto a ver con ningún otro hombre desde hacía casi un año. Efectivamente, había estado liada con un profesor de gimnasia, casado y a la sazón director de un instituto de Rubí donde había trabajado, que me había roto el corazón, pero, quién le manda a una meterse en camisas de once varas... Y aunque a veces me pregunte a mí misma por qué, lo que me gustan son los hombres. En agradecimiento, yo también le contaba a la Paqui si alguien se quejaba del café o de las bravas. Una vez, a la vecina del tercero tercera, que se quejaba constantemente de que su café le hacía ir al váter, le añadió a la carga del café las cenizas de los cigarrillos de uno de los ceniceros. - A ver si le estriñe- me dijo la Paqui.

Las ventanas de mi piso dan al patio comunitario, cerrado por los cuatro bloques que forman la manzana. Mientras friego los platos, puedo ver a los vecinos de los edificios de los lados y un poco menos a los de enfrente, que están un poco más lejos.

Así que, aquel sábado, después de hacer la compra, ataqué la pila la platos que llevaban toda la semana amontonándose. Mientras le ponía lavavajillas al estropajo, miré por la ventana a ver si había algo con lo que entretenerme, y al no ver nada digno de ser observado, me sequé las manos y pensé que prefería cantar mientras fregaba. Decidí ponerme a Falete y tarareando “Paloma brava” me puse a acometer mi misión. De repente, miro hacia mi derecha y lo que veo en el edificio de al lado me interrumpe. En una de las ventanas abiertas del piso donde viven estudiantes de la UAB, veo una cosa dentro de la habitación, como un palo largo negro, recto, que se mueve levemente, como si fuera una serpiente de pie, hipnotizada por la flauta de un encantador, pero más ancha que un brazo, así que, si era una serpiente tenía que ser como mínimo una anaconda de la selva amazónica. Me quedo inmóvil y estupefacta con el estropajo en la mano y me digo a mí misma que no puede ser una anaconda, pero desde aquella distancia no alcanzaba a distinguir bien lo que era, y además, no podía ver lo que había por debajo de la ventana. Y yo sigo fregando los platos mirando fijamente aquello, convenciéndome a mí misma de que, aunque por supuesto que existen seres humanos que deciden fruto de su propio albedrío compartir su vida y dar su más profundo cariño y cuidados a animales que el común de los mortales ha considerado desde el albor de los tiempos peligrosos para la vida humana, y que salen ufanos en programas como El Diario de Patricia a desmentir tales extremos sobre su peligrosidad con su propio testimonio, porque hay gente para todo en este mundo, pero desde luego el bicharraco en cuestión no se estaría ahí tieso delante de la ventana abierta mirándome a mí... o sí, si acabase de engullir a su dueño y estuviese haciendo la digestión...

Aquello me tenía intrigadísima, y se me ocurrió coger la cámara de fotos con la idea de que a lo mejor con el zoom podría ver lo que era. Fui a por la cámara, abrí la ventana y al salir a hacer la foto, inmediatamente desapareció. Vaya, vaya, a la anaconda no le gusta que le hagan fotos. Me puse a hacer otras cosas en el piso lejos de la ventana y de vez en cuando miraba a ver si veía a Ana, la llamo así para acortar, pero ya no estaba allí. Al cabo de un rato, me puse de nuevo en el fregadero como si hiciera algo, y Ana volvió a aparecer. Cogí la cámara de nuevo, y al salir a la ventana, se volvió a esconder. Por lo visto, a Ana le gusta jugar.

Aquel piso lo compartían dos chicas y un chico, y aquella era la ventana de la habitación del chico. Sin embargo, después del primer avistamiento de la presunta anaconda, no volví a ver nunca más al chico. O Ana se lo comió a él, o él se convirtió en Ana, que aparecía cada vez que yo me ponía a fregar los platos. El tema me empezó a molestar un poco, porque, si él me veía cuando yo sacaba la cámara es que aquello debía tener una cámara camuflada o algo así, y con lo que está de moda ahora grabar a la gente y colgarlo en internet, no me hacía ni pizca de gracia pensar que había vídeos míos por ahí, aunque fuera haciendo algo tan casto y puro como fregar los platos, que hay gente a quien le gusta cosas muy raras..

Un día, volviendo a casa del trabajo, al pasar delante del bar, oigo a la Paqui que me llama:

-Ps, ps... Laura, ven, entra- me dijo en voz baja
-¿Qué pasa? – pregunté
-¿Oye, te has enterado?
-¿De qué?
-Que han matado a un chico en el portal del 56...
-¡Quéee!
-Sí, ese chico de Cardona que vivía con dos chicas... que eran los tres estudiantes de la universidad...

Continuará, la semana que viene...

domingo, 4 de mayo de 2008

Nuevas en el caso del robafelpudos


Ese individuo que ocupa su tiempo libre, que debe ser mucho, en pensar de qué manera atormentar a los vecinos de la comunidad de mis padres, alias el robafelpudos, ha vuelto a actuar, y felicito a todos los que votasteis que nos iba a sorprender con una fechoría inédita, porque así ha sido.

En las últimas semanas han acaecido dos hechos que la rumorología vecinal ha atribuido al malhechor de la escalera. Un par de semanas después de ponerle silicona a la cerradura de los del tercero tercera, que, como ya os comenté, provocó una indignación generalizada y reavivó las suspicacias entre los vecinos que durante los últimos meses se habían apaciguado, apareció la ventana del rellano del primero con el tirador arrancado de cuajo. Me hubiera gustado hacerle una foto para que lo vierais, porque hay que ser un animal para romper así el tirador de una ventana de aluminio, pero, la verdad, tal y como están los ánimos, no me atrevo a ponerme a hacerle fotitos a nada.

El segundo suceso tiene tintes más infames. El vecino del segundo cuarta falleció la semana pasada, era un señor mayor que llevaba toda la vida viviendo allí, hacía años que estaba enfermo y siempre había sido apreciado por todo el mundo. Algunos vecinos decidieron colgar en el portal un cartel a modo de dedicatoria póstuma por parte de la comunidad, de lo que se encargó mi padre, y a su viuda le hizo mucha ilusión. El cartel duró unas horas porque durante la noche alguien lo arrancó, lo despedazó y lo tiró a la papelera que hay bajo los buzones.

Está claro que la estrategia de los vecinos de no hacer nada para ver si se le pasa la tontería al vecino que los atormenta, produce precisamente el efecto contrario. Como me aconsejó sabiamente no hace mucho una participante de este blog sobre otro tema que no viene al caso, las cosas a veces no se arreglan por si solas, hay que darles un empujón...


domingo, 27 de abril de 2008

SOS pan integral

Hasta el miércoles no voy a poder escribir las novedades sobre el robafelpudos, así que, mientras tanto, os pongo al corriente de mis logros y fiascos con la máquina del pan.

Hay un tipo de pan que ya tengo muy perfeccionado, el que se llama “pan para el desayuno” que habéis probado ya algunos de vosotros y que es ligeramente dulce, parecido al pan bimbo, y al que ahora le echo cereales varios y está delicioso.

Este es el que he hecho hoy.

Pero tengo una espina clavada con el pan integral. Lo he intentado tres veces, y las tres me ha salido un mazacote que al día siguiente ya está duro como un pedrusco y que resulta ideal en una estantería para aguantar los libros.

Os pongo aquí la receta de pan integral que he utilizado que es la que da el libro de instrucciones de la máquina, a ver si alguien me puede aconsejar.

Pan integral

460 gr de harina de trigo integral
1 sobre de levadura de panadería
60 gr de azúcar moreno
1 cucharilla y media de sal
3 cucharadas de leche descremada en polvo
40 gr de mantequilla
1 cucharilla de zumo de limón
260 ml de agua

Cualquier sugerencia, idea, contribución o consejo será bien recibido :)

domingo, 20 de abril de 2008

Del dicho al hecho

Iba poner otra cosa esta semana, pero como estamos todas tan entusiasmadas con el reto lingüístico, he pensado que mejor aprovechar este ímpetu.

Así que, como ya anuncié hace unos días, lo que ahora vamos a tener desempolvar de nuestro baúl de los recuerdos son frases hechas.

Y son las siguientes:

Lunes: Ir en el coche de san Fernando, un ratito a pie y otro andando.

Significado: Ir andando a un sitio.

Martes: Salga el sol por Antequera

Significado: Equivale a decir que te da igual las consecuencias o el resultado de una acción tuya.

Ya puestos, os cuento lo que he encontrado por ahí sobre el origen de la expresión. Parece ser que tiene su origen durante la reconquista de Granada por los Reyes Católicos.
Se cuenta que una noche a Fernando de Aragón se le apareció una joven resplandeciente rodeada de leones y le dijo que no dudase y que «Salga el Sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera». Como Antequera está al oeste de Granada, el sol nunca puede salir por Antequera. De ahí el sentido irónico de la frase.

Miércoles: Esto parece el corral de la Pacheca

Significado: Se utiliza para describir un lugar donde reina el barullo y la confusión.

Jueves: Marisarmiento, que fue a cagar y se la llevó el viento

Significado: Se utiliza para referirse a una mujer muy flaca.

Viernes: Estar a la cuarta pregunta

Significado: No tener dinero.


Por cierto, la recompensa se acumula con el reto de esta semana, así que, será doble... (sí, estoy de un generoso...)

domingo, 13 de abril de 2008

Palabras olvidadas


Para esta semana he pensado que nos entretengamos con un jueguecillo lingüístico en el que
recuperemos palabras que conocemos pero que no utilizamos. Así que, cada día os propondré una palabra que tenemos que intentar infiltrar en alguna conversación del día y así la haremos revivir también para nuestros conocidos. Estoy pensando que incluso haya recompensa para quien participe en esta misión...


Las palabras que tenemos que resucitar son las siguientes:


Lunes
: MEQUETREFE

Definición:
Hombre entremetido, bullicioso y de poco provecho (RAE)

Martes:INICUO/INICUA
Definición: Malvado, injusto (RAE)

Miércoles: LISONJA (n. f)
Definición:
Alabanza exagerada y generalmente interesada que se hace a una persona para conseguir un favor o ganar su voluntad: "con sus lisonjas consiguió un ascenso" .

Jueves: ZOZOBRA (n.f)
Definición: Inquietud, aflicción y congoja del ánimo, que no deja sosegar, o por el riesgo que amenaza, o por el mal que ya se padece. (RAE)

Viernes: JOLGORIO (n. m)
Definición:
Regocijo, fiesta, diversión bulliciosa. (RAE)

miércoles, 9 de abril de 2008

Pannacotta

Os animo a que os hagáis este postre, que es tan rico y tan simple que es un delito no probarlo.

Ingredientes para ocho raciones como la de la foto

800 ml de nata líquida

200 ml de leche entera

100 gr de azúcar

un sobre de gelatina neutra

Elaboración

Por un lado, se llena un bol con agua fría y se echan las láminas de gelatina, que se dejan unos minutos, hasta que se ablanden bien.

Por otro lado, se pone en una olla a calentar la nata con la leche y el azúcar. Si se desea, se le puede echar vainilla, sino, estará buena igualmente. Cuando empieza a hervir, se retira la olla del fuego, hay que esperar un par de minutos antes de añadir las láminas de gelatina, que se han sacado del agua. Se remueve un poco y se vierte en los moldes. Cuando se ha enfriado, se mete en la nevera, y al cabo de unas horas ya ha adquirido consistencia.

El flan en sí sabe a nata, la gracia está en el acompañamiento, yo hasta ahora le he puesto fresa o kiwi, y está buenísimo, si alguien lo prueba con otra cosa, chocolate por ejemplo, que nos diga qué tal :)

domingo, 6 de abril de 2008

Ha vuelto


Como ya os anticipé hace unos días en un escueto comentario a modo de primicia, el malvado malhechor (valga la redundancia) que sembraba la desconfianza y ponía a prueba la paciencia y los nervios de los vecinos de la comunidad de mis padres, con actividades que iban desde la fechoría de robar los felpudos de los vecinos hasta la barbaridad de propiciar un incendio en el ascensor, y que llevaba meses sin actuar, dándole así una tregua a los vecinos, ha reanudado sus hostilidades.
Para poner en antecedentes a quien se haya incorporado recientemente y para refrescaros la memoria a los que ya seguíais esta historia, expongo un breve resumen.
Hace aproximadamente dos años, en la comunidad donde viven mis padres empezaron a ocurrir hechos paranormales coincidiendo con la puesta en marcha del nuevo ascensor, cuya instalación había sido objeto de eternas y lamentables discusiones vecinales que rompieron el clima de paz que había reinado hasta entonces en el vecindario. Yo ya no vivo allí, así que, no conozco el caso de primera mano sino que me informa de todo lo que acontece mi familia.
De repente, empezaron a desaparecer por arte de magia los felpudos de los vecinos, que en un principio no dejaba de ser anecdótico y hasta gracioso, pero rápidamente el robafelpudos amplió su repertorio de actividades traviesas y empezó a estrellar huevos en las puertas o en el ascensor, poner silicona en las cerraduras, rayar las puertas y en un caso escribir “puta”, esparcir trozos de tocino de jamón por toda la escalera, robar la mesita con el jarrón y las flores a la vecina del tercero cuarta, poner típex a los botones del interfono, y un largo etcétera de ingeniosas jugarretas. Ningún vecino ha salido indemne. Al principio la estrategia vecinal consistió en no darle mucha importancia y esperar a que el graciosillo se cansara y dejara de atormentarlos, pero la mente enferma que se escondía detrás de lo que al principio parecían sólo trastadas, decidió subir el nivel de peligrosidad. En una ocasión que el ascensor se había estropeado, los técnicos que vinieron informaron al presidente de que el techo estaba completamente cubierto de papeles y de colillas, que sólo podían llegar allí si alguien los metía a propósito por una rendija en la puerta del rellano, y que era peligrosísimo porque podía provocar un incendio. Esa fue la gota que colmó el vaso para que el presidente, camionero jubilado, interpusiera una denuncia en la policía, que pareció que tuvo su efecto disuasorio en el malhechor porque ha estado seis meses sin actuar. Pero aquí sabíamos que la tregua no podía durar mucho y que el robafelpudos no podría contener largo tiempo su instinto perverso, como así ha sido.
Como ya os conté, en su regreso ha vuelto a dejar su tarjeta de visita inconfundible robando los felpudos de los confiados vecinos que ya habían vuelto a colocarlos, y además, ha hecho desaparecer el cartoncillo de limpiar la escalera y ha cambiado de rellano el macetero con un ficus que han puesto delante de su puerta “los peruanos” del piso patera. Pero, lo que ha exasperado los nervios de algunos, ha sido que haya tapado con silicona la cerradura de los del tercero tercera, un matrimonio mayor que no está para que les den sustos, y cuya su hija perdió los estribos con el sufrido presidente de la comunidad exigiéndole una solución.
Después de este paréntesis de calma que los vecinos creían que ya era definitiva, el retorno de las hostilidades ha provocado un torbellino de reacciones. Y los vecinos vuelven a mirarse de reojo...